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Negociaciones paritarias: mucho ruido en el ambiente

Economía

Las expectativas de una inflación más elevada, el congelamiento de precios, la fragmentación sindical y el año electoral, junto con la falta de adecuación de los esquemas de Ganancias y salario familiar, alientan las demandas y enrarecen el clima

Por   | LA NACION

 
 

Hay muchos ruidos en el ambiente. Ruidos que, se prevé, interferirán en las negociaciones entre sindicatos y empresas por mejoras salariales.

Las primeras interferencias provienen de la raíz misma desde la cual surgió y creció en los últimos años el proceso de negociación paritaria: la expectativa de inflación es más alta que en los años previos (un relevamiento muestra que la mayoría de la población cree que será de 30%), mientras que el remedio aplicado por el Gobierno para aliviarla -el congelamiento de precios- resulta una medida que, por aislada y temporaria, trae más incertidumbre que calma, con las consecuencias que de ello se derivan en las demandas de los gremios. Ése es el principal indicio de que, una vez más, no se podría salir del círculo de altos aumentos de precios y en consecuencia de salarios, que va afectando a varios sectores y que lleva a muchos a preguntarse cuánto tiempo más podrá sostenerse, por sus efectos en cuestiones a largo plazo, como la inversión.

De un lado de la mesa de las paritarias, la segmentación del movimiento obrero se presenta como otro factor que tendrá su influencia. Es un elemento de la realidad que se conjugará con luchas internas sindicales, con el alejamiento del kirchnerismo de gremios antes aliados y con el hecho de que éste es un año electoral.

En este escenario, el Gobierno trata de fijar su pauta para las alzas por convenio. Es un intento que repite cada vez que se inicia un período de paritarias, aunque la evolución de los salarios ha demostrado que esa referencia queda superada en muchos sectores.

 

Entre 2003 y 2012, los salarios tuvieron un crecimiento nominal que, por lo general, fue más allá de la inflación aun cuando se consideren, para el período posterior a 2007, los índices de precios de consultoras privadas. Esa ventaja, que fue clara en períodos previos, se desdibujó el año pasado, cuando la variación, de 24,7% para los asalariados formales del sector privado según el relevamiento del Indec, estuvo cerca del empate con la de precios -de 23,9% de acuerdo con mediciones privadas-, y hubo sectores que terminaron perdedores.

Es cierto que la comparación siempre se hace contra la suba del valor de una canasta de bienes y servicios (definida tiempo atrás por el Indec) que podría no ser representativa para muchos hogares, como ocurre con los datos promedio.

Existen otros "peros" a la hora de mirar la suba de los salarios reales, que se derivan de un factor más que hoy suma ruido: tras los acuerdos de partes, el Estado tiene un rol por el cual, en forma pasiva y silenciosa, suele reducir la mejora efectiva. Eso ocurre por la insuficiencia de la actualización tanto de los salarios tope para cobrar asignaciones familiares como del sueldo piso para tributar Ganancias. La falta de adecuación provoca que se pierda o se reduzca el salario familiar (una suba convencional de 20% puede quedar disminuida a 14 o 16%, según muestran los gráficos que acompañan la nota, ya sea porque se deja de cobrar la prestación o porque se percibe un monto más bajo correspondiente a otra franja salarial), o bien que se comience a pagar Ganancias o se salte de una alícuota a otra en el esquema del impuesto.

"Cuando se habla de Ganancias no se trata de defender al 20% de los asalariados que ya paga; se trata de defender a todos, para que el resto no entre", señaló el abogado Pedro Etcheberry, asesor de la Cámara Argentina de Comercio, que recordó que una suba nominal de 25% puede disminuir en la práctica entre dos y cuatro puntos cuando el ingreso se ve impactado por una mayor carga impositiva.

Los gremios afectados por este tema ya tienen sus cálculos que indican que para que llegue al bolsillo un 25% más que el año pasado, las demandas deberían ubicarse unos cinco puntos porcentuales por arriba de esa cifra.

Son las tareas vinculadas al trabajo en minas, pozos petroleros y refinación de combustibles -que conllevan sus riesgos-, como también las de transporte aéreo o fluvial, las que encabezan el ranking de sueldos más altos. En las minas de petróleo, gas, carbón y uranio, al tercer trimestre de 2102 la remuneración bruta promedio declarada al sistema de jubilaciones fue de $ 26.475, casi nueve veces el salario de los que trabajan en el cultivo de hortalizas y legumbres, que -junto con otras actividades primarias- están en la parte más baja del listado.

 

Las diferencias entre sectores no variaron significativamente en los últimos años, con lo cual se mantuvieron ciertas distorsiones, en perjuicio de segmentos como los de enseñanza y salud, con sueldos bastante por debajo del promedio, de $ 6714 de salario bruto, al tercer trimestre de 2012.

La inflación estimada fue, al fin y al cabo, el dato que más influyó para determinar incrementos. Y las diferenciaciones que hubo tuvieron que ver en gran medida con factores más políticos, como la fortaleza de los dirigentes de uno u otro sindicato. Para este año, ambos elementos harán su juego alentando las demandas, al tiempo que del otro lado, varios sectores empresariales advierten sobre temas como la competitividad: "La expectativa de inflación es de 30%, según el índice de la Universidad Di Tella, son cinco puntos más que el año pasado, y un factor más importante que influirá es la división en el sindicalismo", consideró Belén Olaiz, economista de la consultora Abeceb.com.

A diferencia de otras épocas, como las que permitieron mostrar al líder de los camioneros y en ese entonces de una CGT unificada, Hugo Moyano, anunciando su acuerdo sectorial desde la sala de conferencias de la Casa Rosada -en señal de aval oficial a lo firmado-, el Gobierno parece ahora no encontrar quién actúe como referente para otros gremios, en su búsqueda por moderar demandas.

A eso se suma que, por segundo año, no hubo acuerdo en las paritarias docentes, y el Gobierno decidió en forma unilateral un aumento de 22%, lo cual le quita valor de referencia a un sector que -más allá del rol que cada año se les busca imponer a los gremios con acuerdos más tempranos- es poco comparable con la actividad privada. En este segmento de la economía, el primer acuerdo conocido, el de los aceiteros, fija un aumento de entre el 22 y el 25% según la categoría, otorgado de una sola vez, más un monto fijo.

Tampoco encontró el Poder Ejecutivo una contraparte para un pacto social que se propusiera frenar precios y demandas salariales. La salida impulsada por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, fue ordenar a los comercios congelar precios por 60 días, que coinciden con el período en que muchos de los grandes gremios -metalúrgicos, bancarios, comercio- expresan sus reclamos.

"La medida va a tener un efecto paradójico si se busca que no haya acuerdos fraccionados en el tiempo -considera Etcheberry-. No se puede congelar salarios por un año si los precios están congelados por dos meses."

Para Daniel Funes de Rioja, presidente de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal), el congelamiento debería, sin embargo, ayudar a moderar expectativas, en medio de un escenario complicado por el contexto político. "El año electoral tiene su ciclo fuerte entre mayo y junio, cuando se arman las listas", apuntó. Serán tiempos, prevé, en que varios dirigentes buscarán estar en las listas políticas, además de intentar afianzar a su central obrera frente a la segmentación.

Las estadísticas parecen mostrar un vínculo entre años electorales y el nivel de subas, según recordó el economista Ernesto Kritz. "En 2011 hubo un aumento enorme [entre los asalariados del sector privado fue de 35,6% según un índice oficial], algo que no ocurrió en 2009 [fue de 17,2%], pero ese año hubo recesión", analizó.

En la actividad industrial, señaló Funes de Rioja, los gremios están en su mayoría enrolados en un mismo movimiento -la CGT oficialmente reconocida y dirigida por el metalúrgico Antonio Caló-, algo que atenúa las posibilidades de conflictividad en alza.

"Hay dos etapas diferenciadas desde 2002, porque primero se recompusieron sueldos y después hubo subas del salario real", dice el vicepresidente de la Unión Industrial Argentina, que indica que entre 2002 y 2012 los ingresos de convenio del sector fabril crecieron en promedio 1289% (aunque eso incluye, en los primeros años un sinceramiento de cifras, ya que las consignadas estaban en muchos casos lejos de la realidad). El resultado, del otro lado de la ganancia de poder adquisitivo, según el directivo, es la pérdida de competitividad en la región.

Para el economista Ricardo Delgado, de la consultora Analytica, es el Gobierno el que tomó nota de que la inflación afecta la competitividad, sobre todo en las pymes. Por eso, además de tratar de poner paños fríos a las demandas, quiere que los principales acuerdos cierren en el segundo trimestre: en 2012 varios se retrasaron y eso incidió en el consumo. Los resultados de ese intento dependerán, en buena medida, de lo que pase con el sindicalismo cercano al poder. "Pero es difícil decirle que sí en todo al Gobierno", agregó Delgado, que recordó que en 2012 se buscó una pauta de 18%, "y los salarios crecieron 24 o 25 por ciento".

El asesor sindical Lucio Garzón Maceda cree que el piso de las subas no bajará de 23 o 25%, "con mayores aumentos en las categorías inferiores, sin calificación". Garzón Maceda considera que si se produce un desmadre con los precios "podría haber un intento, poco exitoso, de armonizar un acuerdito social parcial". Además, en ese supuesto imagina una mayor acción estatal para inyectar recursos en la población.

Actualmente quieto -a diferencia de los precios-, el nivel de empleo y su comportamiento tienen su influencia a la hora de negociar. Y para este año, varios economistas coinciden en que seguirá el estancamiento en la creación de puestos privados.

En los años con buen crecimiento económico, destacó Kritz, el aumento del empleo derivó en una mayor cantidad de representados por los sindicatos. Eso abonó la fortaleza gremial. Pero derivó muchas veces en que las empresas ajustaran por el lado de subir en menor medida los salarios de los profesionales y jerárquicos. Según la consultora Mercer, la brecha entre aumentos dados a los dentro de convenio y a los fuera de convenio llegó a 42% en julio pasado. Es un tema que produce ruido puertas adentro de las empresas..

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