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Verborragia presidencial

LA NACION
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Graciela Guadalupe
Domingo 24 de febrero de 2013
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"Buenos días a todos y a todas..."(Fueron las primeras palabras del discurso de tres horas y cuarto de Cristina en el Congreso en 2012. Expectativa ante un nuevo récord.)

En apenas cinco días, Cristina podría batir su propio récord y acercarse más a sus amigos Hugo Chávez y Fidel Castro. Será el viernes, cuando vuelva a habilitar en el Congreso un nuevo período de sesiones. Allí, hace un año, hizo gala de oradora -y nosotros de mártires- con un mensaje de tres horas 17 minutos, en el que pronunció 23.277 palabras. Estuvo lejos de las nueve horas y media que Chávez habló ante legisladores venezolanos también en 2012, y más remota aún de las 12 que duró una alocución de Fidel, en 1968. Pero no hay que quitar méritos a Cristina ahora que suma picantes mensajes tuiteros a las cadenas oficiales.

En aquel acto, fue aplaudida 100 veces mientras desde las galerías de Diputados volaban globos con la leyenda "Clarín miente" y billetes de 100 pesos con la cara de Boudou. Es probable que los volvamos a ver, pues la prensa independiente sigue sin entender al Gobierno y el vicepresidente renueva cada día su pasión por el dinero.

En cuanto al contenido de aquel discurso, las palabras más pronunciadas fueron "dólares", "acuerdo" y "Estado", las que esta vez bien podrían recrearse para hablar de turistas que se quejan, pero que igual tienen dinero para viajar; del vapuleado convenio con Irán, y de la estatización de vaya a saber qué cosa. Algo aparecerá.

Por aquel entonces, Cristina pidió la "unidad nacional" (capaz que insiste porque estamos peleados como nunca), reafirmó el rumbo económico y apenas nombró una vez a la inflación que, como sigue baja, probablemente ni la mencione. En tanto, dijo 70 veces "yo" y 12 "esta presidenta".

Del total, usó 25 minutos para criticar a Mauricio Macri por el subte; un poco menos para fustigar las quejas salariales docentes (parece que esas referencias podría repetirlas tal cual), y dijo sentirse Napoleón, por la reforma del Código Civil (seguro que reta a los legisladores por no haberla sancionado). Además, en uno de los momentos más emotivos, lanzó un "me pregunto si vale la pena seguir", cosa que hoy ya no le creería nadie.

¿Qué más podría depararnos este viernes? ¿Un respetuoso silencio de las barras juveniles? ¿A los ex presidentes sentados en el recinto, como en otros países democráticos? ¿Una referencia a los funcionarios kirchneristas que van a juicio por la tragedia de Once? No hay nada seguro, por cierto, salvo que, si vuelve a hablar tanto, Cristina pronunciará en tres horas las palabras que los científicos dicen que una persona común desembucha en todo un mes.

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