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De milagro económico a símbolo de la crisis

El Mundo

El norte italiano, donde creció la pequeña y mediana industria, está cada vez más golpeado

LUMEZZANE, Brescia (De nuestra corresponsal).- Es una jornada gris, hay neblina y el frío húmedo cala en los huesos en Lumezzane. Este pueblo de 24.000 almas de la provincia de Brescia, en el norte de Italia, era el símbolo del milagro económico, del florecer de la pequeña y mediana empresa, con un promedio de una empresa cada diez habitantes.

Hoy, Lumezzane, que solía llamarse "el valle del oro", se ha vuelto el símbolo de la crisis económica que desangra a Italia y del fracaso total de la clase política para detener la debacle.

"Aquí hubo un boom industrial a partir de los años 50, pero en los últimos años muchos comenzaron a cerrar y el que pudo se fue afuera, a Europa del Este o a China, donde la mano de obra es barata... Ahora se dice que está cerrando una empresa por día", asegura a LA NACION Fausto, dueño del bar Mezzaluna, vacío al mediodía. "Nadie lo duda, ahora hay crisis. Muchísima gente perdió su trabajo, el que hacía ocho horas, hace cuatro y esto se nota", agrega.

La depresión y el escepticismo se palpan en Lumezzane, donde saltan a la vista, una detrás de otra, decenas de fábricas con las persianas bajas y galpones con carteles que dicen "Se vende" o "Se alquila". Sobre una pared, un grafiti que dice "Monti vaffanculo " ("Monti andate a la mierda") resume el sentimiento de rabia contra el gobierno técnico del premier saliente, Mario Monti; muchos están desencantados con el que, pensaron, sería el salvador de esta Italia a la deriva.

Vestida de mameluco azul y gorro de lana, Tiziana Pintossi, 50 años, estaciona su auto frente a la fábrica donde trabaja, que produce electroválvulas para electrodomésticos y emplea a 60 personas.

Tiziana es una empleada en negro, trabaja ocho horas por día y vive junto a sus padres jubilados, a quienes ayuda con su sueldo de 1200 euros, porque a ellos no les alcanza con su magra pensión. "Ahora no nos dejan hacer horas extras y es todo tan incierto que ni siquiera sé si el mes que viene sigo trabajando", cuenta. "Los demás obreros nos odian a nosotros, los trabajadores en negro, porque dicen que por culpa nuestra están perdiendo sus derechos adquiridos. Pero la verdad es que a nosotros cuando quieren nos echan con una patada en el trasero", agrega.

¿Irá a votar? "Sí, pero estoy indecisa. Siempre fui de izquierda, pero Pier Luigi Bersani no me convence. Todos piensan en robar... Es la primera vez que no sé a quién votar... Me dan asco todos", responde.

Alan Noventa, un colega de 33 años, que también vive con sus padres porque con su sueldo jamás podría soñar con alquilar algo, tampoco sabe por quién votar. "Nadie merece ser votado, todos se pasan la pelota, todos prometen, pero nadie hace nada", se lamenta.

A Gabriella Luzzi, que trabaja desde hace 38 años en Pintinox, la única empresa grande que queda en pie en esta zona, caracterizada por fabricar artículos de cocina, ollas, cubiertos y grifería, dice lo mismo. "En el pasado voté a la Liga Norte, pero ahora tampoco la Liga es confiable. Los políticos son todos unos delincuentes que no piensan en la pobre gente que no llega a fin de mes", acusa.

"Sí, está cerrando una empresa por día", admite Pierliugi Paterlini, gerente de exportaciones de Pintinox, empresa familiar que existe desde hace 80 años y pudo resistir la crisis porque invirtió para renovarse. "Cuando China entró a la Organización Mundial de Comercio, en 2001, fue un golpe muy fuerte. Pero nuestra empresa se mecanizó, se hizo competitiva y empezó a exportar, algo que nos mantiene vivos porque en Italia el mercado está parado", explica Paterlini. Si Pintinox solía tener 300 obreros ahora tiene menos de la mitad, 120.

"El trabajo está muriendo. Éste era el valle del oro, pero los chinos empezaron a copiar todo y ahora varias empresas importan de China los productos, más baratos y de menor calidad, poniéndoles simplemente el sello Made in Italy ", acusa Oscar Bufalini, artesano..

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