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La realidad viene sin frenos y de frente

LA NACION
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Pablo Sirvén
Domingo 24 de febrero de 2013
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Una formación flamante de la línea Sarmiento ilustra el aviso de Toshiba que cubre toda la página 21 de la revista Life del 23 de enero de 1961, un hallazgo que nos hace llegar el publicista Jorge Irazu. "El viajero suburbano -dice su texto- ya proceda de Villa Luro, Bombay o São Paulo, siempre desea un medio de transporte cómodo, rápido y seguro como el que brindan los coches eléctricos Toshiba."

El anuncio consignaba, además, que en la Argentina había 66 coches eléctricos de esa marca y que el gobierno de Arturo Frondizi había solicitado 150 más "por su funcionamiento superior y por el servicio de conservación de equipo que ofrece Toshiba".

En Once / Viajar y morir como animales (Planeta, Buenos Aires, 2012), la periodista Graciela Mochkofsky cuenta que, 50 años más tarde, "después de recorrer 6.600.000 kilómetros, el equivalente a 165 vueltas alrededor de la Tierra, esos mismos coches aún seguían andando en Buenos Aires, repletos de pasajeros". Y lo siguen haciendo, un año más tarde de que el "Chapa 16" se incrustara en el andén 2 de la estación Once, con un saldo de 51 muertos y más de 700 heridos.

El aviso de los vagones del Sarmiento cuando eran nuevos hace 52 años, que salió en la revista Life el 23 de enero de 1961
El aviso de los vagones del Sarmiento cuando eran nuevos hace 52 años, que salió en la revista Life el 23 de enero de 1961.

"Acababa de salir del taller -consigna en su libro Mochkofsky-, donde había atravesado un nuevo, siempre provisorio, emparchamiento". Estaba fuera de servicio desde dos semanas antes por fallas en el sistema de frenos y había coches en tan mal estado que hubo que rearmarlo tomando "algunos prestados de otras formaciones".

Las políticas regresivas en materia de inversión ferroviaria desde la década del 90 en adelante, la entrega de 4600 millones de pesos en subsidios sin mayores controles, las irregularidades en la compra de material obsoleto y las advertencias desoídas de la Auditoría General de la Nación crearon el terreno fértil para la catástrofe.

Los ninguneos presidenciales, con mínimas menciones retóricas (en Tecnópolis, le dedicó más tiempo a la infantil pelea botánica con Mauricio Macri que al aniversario de la tragedia ferroviaria), se trasladaron al sistema oficial y paraoficial de medios. Anteayer, mientras todos los canales (incluso el 7) transmitían desde la estación Once el acto matutino, Telefé, Canal 9 y Crónica miraban para otro lado o casi. Por la tarde, cuando la Plaza de Mayo se fue llenando por la convocatoria central, algunas de estas ondas volvieron a mantenerse al margen de ese foco informativo. La excusa fue más que perversa: tanto Telefé, como C5N y Canal 9 prefirieron inclinarse por el trágico accidente provocado por el hijo de Eduardo Aliverti. En este caso, el "fuego amigo" terminó siendo peor que el de "la Corpo" y sirvió para tapar en parte la conmemoración del 22-F. La AFA y el Congreso también mostraron sus mezquindades.

La soledad de los artistas Javier Lombardo, Manuel Callau y Rubén Stella, que participaron de manera activa a la mañana, contrastó tristemente con la cantidad de figuras aplaudidoras que se prestan tan seguido a ser mero decorado presidencial.

Así como el consumo y el movimiento de turistas en los fines de semana largos es la piedra filosofal de la comunicación de este Gobierno, con la que se machaca de manera continua, también mediante las tandas de Fútbol para Todos se maneja la cuestión ferroviaria desde una irrelevancia frívola que repugna no sólo por lo que sucedió hace un año sino por las condiciones en que se sigue viajando en el Sarmiento (mal, apretados y, además, con menos frecuencias).

"Seguimos trabajando para recuperar nuestro ferrocarril", se leía en pantalla en los entretiempos de los partidos del domingo. Y a continuación se solazaban en la modernidad de las pantallas LED instaladas en algunas estaciones de la línea Sarmiento y que ya se pueden consultar los horarios por Internet y hasta por celular.

"El tren es tuyo. Cuidalo", dice el eslogan que parece una cruel broma de mal gusto por ser proferida desde un Estado que dejó caer hasta lo indecible el sistema ferroviario.

El ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, sonríe a cámara con un celular en mano desde la página web de su repartición. Allí cuentan las restauraciones de vías, coches y estaciones, y que en trece meses llegarán los 409 vagones chinos que reemplazarán a las actuales dotaciones del Sarmiento y del San Martín. Veremos.

El peronismo ha marcado tres momentos tan cruciales como lamentables en la vida de nuestros trenes: 1) el verso de la nacionalización, en 1947, durante el primer gobierno de Juan Perón, que primero dijo que no iba a comprar "hierro viejo" y al final terminó haciéndolo al triple por un material ya obsoleto; 2) "ramal que para, ramal que cierra", infausto eslogan menemista que orientó el desguace nacional de la red ferroviaria, en la década de los 90, y 3) el delirio del tren bala en tanto se cocinaba la connivencia kirchnerismo-Grupo Cirigliano, que entre 2003 y 2012, en aras de una tarifa baja, no hicieron las inversiones más elementales.

Anteanoche, TN transmitió ininterrumpidamente el acto de Plaza de Mayo mientras otras señales lo hacían de manera intermitente. Canal 7 dio un flash en el entretiempo de Argentinos Jr. vs. Arsenal. No suspendió, en cambio, su habitual tanda propagandística. Dolía más que nunca el eslogan "Argentina, un país con buena gente".

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