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Miradas

Los enamorados del trabajo, esa rara especie

Economía

Por   | LA NACION

El festejo del Día de San Valentín, más conocido por el "Día de los Enamorados", motivó un título interesante en el portal CBS MoneyWatch: "Cómo volver a enamorarse de su trabajo". Si cambiáramos solamente la palabra "trabajo" por "pareja", parecería que estamos frente a uno de los tópicos más frecuentados por las revistas del corazón. La analogía no termina en el título. Continúa en los primeros tramos del desarrollo, ya que señala que es bastante fácil pasar por una primera fase de enamoramiento y luego, después de tres o cuatro años -con suerte- viene el desencanto, el tedio y la rutina. Cualquier semejanza con lo que sucede en los matrimonios o parejas constituidas no parece coincidencia. Entonces, vienen los consejos. Renovar, sorprender, buscar alternativas a la rutina y, en el curioso lenguaje empresario, podríamos sugerir "reinventarse", un neologismo bastante difícil de definir. En general, uno nace o simplemente cambia, en vez de convertirse en un nuevo artefacto, como si fuera una iPad.

En una entrevista radiofónica de hace pocos días, fue invitado el prestigioso arquitecto Rodolfo Livingston. El tema versaba sobre las obras que tenían gran impacto sobre las ciudades, y una de las prioridades que empezó a esbozar es tener en cuenta la poesía que cada tejido urbano contiene, más allá de cualquier fundamento técnico. Para poner un ejemplo grosero -que no es de su autoría-, es difícil imaginar que la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo de París fueran derribados o cambiados de lugar para agilizar la circulación de los automóviles. ¿Puede la poesía dar fundamento a prácticas humanas, se trate de urbanismo o de cualquier trabajo? Sí, sin ninguna duda, pero se la ignora casi por completo, arrinconándola hasta ubicarla en un grupito "que se dedica a esas cosas".

Es particularmente interesante comprobar la desproporción que existe entre los poemas referidos a la relación amorosa entre hombres y mujeres al compararlo con aquellos que mencionen sentimientos similares con el trabajo. No se da el caso de lo que podríamos llamar un romántico "Bécquer laboral", por lo que el título de CBS MoneyWatch parecería un despropósito. Sin embargo, no son pocos los que aman su trabajo, pero no lo traducen en poemas porque no está demasiado bien visto. Amor y trabajo contrastan. Se entiende: los que no lo aman son una amplia y abrumadora mayoría. Tal vez sea por este motivo que los pocos ejemplos que se pueden encontrar en la literatura se ubiquen en terrenos específicos. Uno de ellos es de tipo bucólico, alabando las bondades de trabajo en el campo, como es la "Oda a los Ganados y a las Mieses", de Leopoldo Lugones. Otro es renegando del trabajo, como los "Poemas de Oficina" de Mario Benedetti, que destilan una amargura profunda. Baste mencionar unos pocos versos: "Hay una mesa grande para todos los brazos/ y una silla que gira cuando quiero escaparme/Otro día se acaba y el destino era esto".

Podríamos bucear en otros cantos que animan a trabajar con esfuerzo, detrás de un ideal social, pero amor expresado en términos tiernos, emocionados o melancólicos sobre la tarea cotidiana no aparece con claridad en el horizonte poético de los seres humanos.

Esto es, a pesar que ocupa la mayor parte del tiempo de vida..

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