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Viaje por la biblioteca de un viejo hotel

Silvia Hopenhayn

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PARA LA NACION
Miércoles 27 de febrero de 2013
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De vuelta de las vacaciones, sopeso algunas de las recomendaciones recibidas. "Llevate la Kindle o la tableta en vez de cargar con tantos libros..." No pude dejar de cumplir desobedeciendo, o al menos, teniendo en cuenta mis particularidades táctiles: la necesidad de cargar con libros que, más que un peso, son una solvencia (sin, por supuesto, dejar de deslizar la Kindle entre mis atuendos).

En todo caso, el balance de mi experiencia, por lo menos en tiempos de ocio y deriva, es que el azar sigue siendo una de las mejores formas de hallar el libro que estamos buscando o que nos busca. Ejemplo de esto es la biblioteca del Viejo Hotel Ostende, original y surtida, que plantea un recorrido de más de 700 libros para los huéspedes que prefieren la hojeada al pantallazo.

Mi alivio fue casi corporal. El recorrido de los lomos, a diferencia de la interminable oferta de Amazon, es palpable. Uno se encuentra con El pesanervios , de Artaud, abre en cualquier página y recibe un golpe inesperado: "Las palabras, a mitad de camino de la inteligencia". No me importó. Seguí revisando la biblioteca con esperanzas.

En este verano de literatura "hot" se me apareció un libro de la colección interrumpida (como buen destino erótico), La Sonrisa Vertical: el inhallable Venus de papel , de Leopold von Sacher Masoch. Para los más nómades, encontré varios autores de la llamada generación beat norteamericana; apretado y difícil de sacar, escogí al más poético y disruptivo de todos, William Burroughs, con una increíble historia futurista, Nova Express . Para más ciencia ficción, un extraño libro de Ray Bradbury, La feria de las tinieblas , y otro de Arthur C. Clarke (autor de 2001, odisea del espacio ), El fin de la infancia , título que se combina, por azar de disposición en la biblioteca, con la novela, magnífica, La naranja mecánica , de Anthony Burgess, que sobresale entre dos otros títulos de la mítica editorial Minotauro.

Hay también para recalar en el pasado con la colección Robin Hood y una de las mejores novelas de mañas de mujercitas, Una niña anticuada , de Louisa May Alcott. O clásicos más rotundos, como Los hermanos Karamazov , de Dostoievski.

Resaltan desde el margen Pier Paolo Passolini, con la novela de época Una vida violenta, y el argentino Néstor Perlongher con su minuciosa investigación sobre La prostitución masculina . Los argentinos infaltables en un hotel que revive la historia al tiempo que la renueva (este año se cumplen cien años de su apertura, en 1913) son Borges, Aira, Castillo, Saer, Laiseca, Jeanmaire. Pero ante todo, la obra de uno de sus huéspedes más célebres y asiduos, Silvina Ocampo, quien escribió con Bioy Casares, en este mismo hotel, una novela tan exquisita como inquietante: Los que aman, odian , biblia de esta biblioteca, quizás el libro más ajado.

En estas costas la lectura no está exenta de magia. Con suerte uno puede alojarse en la misma habitación donde durmió Saint-Exupéry para descansar de sus vuelos. La más alta del hotel, un verdadero altillo de estrellas. Quién sabe los sueños que deparan estos lares.

En cuestión de lecturas, entonces, la novedad tiene que ver con un encuentro inesperado más que con un catálogo de ofertas. Para los codiciosos: no vale llevarse ningún libro. Igualmente, lo que se lee no se quita.

© LA NACION

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