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El escenario

Un canciller excéntrico que desata tormentas

Política

Fiel a un estilo provocativo y excéntrico, el canciller Héctor Timerman no sólo se ganó todo el protagonismo del debate legislativo por el acuerdo con Irán . También cosechó enemigos en la comunidad judía, la oposición y empezó a ser visto hacia dentro del Gobierno con cierto recelo o con dudas en el ámbito diplomático.

En una muestra de clara sobreactuación, el jefe del Palacio San Martín redundó en su condición de judío para defender el polémico memorándum sellado con Teherán . Pero lejos de lograr elogios de sus pares quedó en el ojo de la tormenta, al punto de que anoche las autoridades de la AMIA evaluaban expulsar al canciller como socio de esa mutual judía.

"Una persona que reivindica a Irán y se sienta a negociar con asesinos no merece formar parte de la AMIA", reflexionó un destacado miembro de la mutual que en 1994 sufrió el atentado terrorista que les costó la vida a 85 personas. Durante las 14 horas que pasó por el Senado y por Diputados para defender el acuerdo con Irán, Timerman recibió duros cuestionamientos de las autoridades de la AMIA, la DAIA y de buena parte de los familiares de las víctimas.

Sofía Guterman, madre de Andrea, que murió en el atentado, dijo a LA NACION que "más allá de que Timerman sea judío, no cayó nada bien en la comunidad que defienda un acuerdo con Irán, que niega el Holocausto y quiere borrar a Israel". Sólo unos pocos referentes de familiares de las víctimas del atentado representados por las agrupaciones 18-J y Memoria Activa salieron en defensa del canciller. Claro que muchos referentes de la oposición vieron en este apoyo una velada jugada del propio canciller. Es que tanto Sergio Burstein como Gerardo Beer son hombres muy cercanos a la Casa Rosada. De hecho, la Comisión Nacional contra la Inseguridad, que integra Beer, tiene fuertes vínculos con el Ministerio de Seguridad.

Timerman no frena su adicción por protagonismo. Si bien hace rato dejó de usar su cuenta Twitter que tantas polémicas desató, la verborragia de los últimos días en el Congreso le sumó varios enemigos en el propio Gobierno. "En su afán por figurar el canciller sobreactuó mucho, al punto de que en varias oportunidades pareció salir en defensa del régimen iraní", comentó con malestar un ministro.

No son pocos los funcionarios que desde hace tiempo esperan ver el final de Timerman. Pero también admiten que mientras no haya un rotundo fracaso de la gestión con Irán la Presidenta estará casi obligada a mantenerlo en su cargo.

Durante su embate legislativo el canciller cumplió a rajatabla con el manual kirchnerista: atacó con dureza al macrismo, a la UCR y a la diputada Carrió, su antigua aliada política cuando, en 2003, la Coalición Cívica llevó a la diputada como candidata presidencial.

En el ámbito diplomático hay una gran incógnita. "Con este acuerdo Timerman trasladó a la Argentina de la lista de países intrascendentes a peligrosos", dijo un ex diplomático. Una lectura similar se esgrimió anteayer en una reunión reservada de embajadores de la Unión Europea donde trataban de descifrar los argumentos en favor del acuerdo. Ni siquiera el episodio de Timerman con su alicate ante el avión norteamericano desató tantas dudas en la diplomacia.

Timerman se convirtió de golpe en un fundamentalista de una coyuntura con final incierto..

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