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Los culpables de la inflación

Opinión

En el año 2005 impulsamos desde el Ministerio de Producción de la Provincia de Buenos Aires un convenio entre diversas partes (dicha institución más el Ministerio del Interior, Prefectura y el Consorcio Portuario) para extraer y desguazar 27 buques que se encontraban semi hundidos y abandonados desde hacía décadas en la escollera sur del Puerto de Mar del Plata.

Las tareas de remoción -que finalizaron recién el año pasado- comenzaron aquel noviembre y el acto de puesta en marcha coincidió con el Coloquio anual de IDEA, que era presidido por el supermercadista Alfredo Coto.

El oficialismo se había impuesto en las elecciones legislativas, y la relación entre Néstor Kichner y el entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, se había tensado a punto tal que terminaría semanas después con su reemplazo por Felisa Miceli. La inflación mostraba niveles de dos dígitos, y duplicaba a la del año anteriior.

Fue en ese contexto que una expresión de Coto revelando preocupación por la dinámica de los precios se encontró con una dura respuesta del presidente Kirchner: "Señor Coto: yo lo conozco muy bien a usted y sé cómo trabaja sobre los bolsillos de los argentinos... se ve que ya está trabajando para tener el 12% de inflación y para tener más rentabilidad".

Si aceptamos que los empresarios suben los precios porque se les antoja sin efecto alguno de políticas públicas, entonces habría que admitir también la irrelevancia del Gobierno en otras cuestiones

Dicha declaración fue acompañada por una instrucción política de no asistir al coloquio. Fue así que una enorme cantidad de funcionarios que ya se encontraban en la ciudad por ambos motivos decidieron emprender el regreso. Recuerdo aún una discusión con uno -muy conocido y amigo- que, quizás para autoconvencerse o autojustificarse, sostenía: "Néstor tiene razón. Después de todo ¿qué es la inflación? Gente subiendo los precios. Y esa gente son los empresarios".

Esa falaz -por incompleta- explicación no sólo es demostrativa del influjo que Kirchner ejercía sobre el resto del arco político sino también del poder que los relatos sencillos y conspirativos tienen a la hora de persuadir. Si aceptamos que los empresarios suben los precios porque se les antoja sin efecto alguno de políticas públicas, entonces habría que admitir también la irrelevancia del Gobierno en otras cuestiones. Es decir, si los precios suben porque lo determinan los empresarios entonces también la economía produce más porque, junto con los trabajadores, los empresarios así lo deciden, con prescindencia de las acciones llevadas a cabo desde la administración pública. Es contradictorio que un gobierno se arrogue el mérito de crecer a tasas altas pero que deslinde su culpa por la inflación.

Para evitar cargar las tintas sobre las autoridades hay quienes sostienen que el problema es la falta de competencia y el poder de mercado de las grandes empresas, que tienen la capacidad de establecer el precio que quieran para sus productos. Lamentablemente eso sólo sirve para explicar por qué los precios de ciertos bienes o servicios pueden ser más altos que los preponderantes en otros países, pero no para explicar por qué suben a un ritmo más acelerado.

Es fácil entender esto. Si en un determinado mercado hay 1001 productores que elaboran 1000 unidades de un mismo bien cada uno, y al último de ellos se le ocurre poner un precio más elevado que el resto, es fácil reemplazar lo que produce y desplazarlo. Sólo hace falta que cada uno de los restantes fabricantes produzca una unidad adicional, que equivale a apenas el uno por mil de su capacidad productiva. Distinta es la situación si un sólo productor elabora el 80% del total. Reemplazarlo cuando sube los precios es imposible en lo inmediato porque cada uno de los restantes debería cuadruplicar lo que fabrica, y la capacidad instalada no alcanzaría.

Más allá de cortinas de humo, las causas de la inflación que padece nuestro país están claras: el continuo y agravado desatino en las políticas fiscal y monetaria que el Gobierno se resiste a corregir

En ese caso, el productor grande puede usar esa ventaja para establecer un precio más alto (entre otras cosas). Pero ello no tiene nada que ver con la inflación porque aún no basta para explicar por qué los precios suben todos los meses. Para peor, si el único causante de la inflación es el poder de mercado y hoy la inflación es mucho más alta que hace diez años, habría que reconocer que las administraciones kirchneristas aumentaron mucho la concentración en la economía.

Más allá de cortinas de humo, las causas de la inflación que padece nuestro país están claras: el continuo y agravado desatino en las políticas fiscal y monetaria que el Gobierno se resiste a corregir. Ello no quiere decir que en nuestra cultura empresarial no exista mayor propensión que en otras a subir los precios. Sin embargo, los motivos son muy distintos a los esbozados y tienen que ver con la gran volatilidad de nuestra economía. Así, cuando las cosas van bien, en lugar de focalizarse en ampliar mercado o en el futuro, los empresarios argentinos quieren asegurar sus ganancias antes de que tenga lugar la próxima crisis, y suben los precios. Para corregir ese comportamiento las recetas no son congelamientos sino políticas responsables que hagan que la economía transite por un sendero de progreso sostenible. Y eso requiere abandonar el populismo de subordinar siempre el largo plazo al corto plazo..

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