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Al margen de la semana

Sin pistas para la economía que viene

Economía

Después del kilométrico mensaje presidencial ante la Asamblea Legislativa, nadie en el ambiente económico sabe ahora más de lo poco que ya conocía sobre el rumbo de la política económica para este año electoral. Casi no hubo anuncios específicos en este terreno. Y los que hubo acerca de la nueva gesta oficialista de "democratizar la Justicia", difícilmente contribuyan -por los politizados antecedentes del tema- a reforzar la perspectiva de seguridad jurídica para las empresas. O sea, ese concepto que el viceministro Axel Kicillof calificó hace tiempo de "horrible" junto con el de clima de inversión, que en 2012 demostró cuánto podía empeorar y enfriar la actividad económica.

Con este marco, el disperso capítulo económico del discurso de Cristina Kirchner puede analizarse por lo que dijo y lo que no dijo.

En el primer caso, reiteró el discutible diagnóstico según el cual factores ajenos a su Gobierno explican la fuerte desaceleración de la economía en 2012, después de casi diez años de crecimiento a "tasas chinas". No mencionó explícitamente esta vez que la suba del PBI oficial perdió 7 puntos porcentuales (desde el 8,9% de 2011) e incluso se congratuló implícitamente del alza de 1,9% registrada el año pasado "pese a una crisis (externa) que parece no tener fin". Y hasta atribuyó la caída de 1,2% en la producción industrial a la salida de servicio de un alto horno de Siderar. Para la Presidenta, entonces, nada tuvieron que ver con el pobre comportamiento económico del año pasado los controles cambiarios, la restricción de importaciones, la pesificación forzosa de créditos hipotecarios, la prohibición de girar utilidades al exterior, las exigencias a empresas de exportar un monto equivalente al que importan (1x1) y a los exportadores de anticipar liquidaciones de divisas. Ni tampoco algunas consecuencias, como el retroceso de la inversión privada, la parálisis del mercado inmobiliario y la caída de la construcción privada y pública, que no pueden atribuirse a la crisis de Grecia o España. En conclusión, todas aquellas medidas seguirán vigentes, con mayor o menor rigor según como evolucionen las reservas del Banco Central.

Más llamativo resultó, en cambio, que CFK anunciara una reorientación del Plan ProCreAr (créditos subsidiados y a largo plazo para la construcción de la primera vivienda en lotes propios) a menos de un año de su lanzamiento. Ahora los créditos se destinarán a la mejora y refacción de viviendas. Aunque el objetivo era construir 100.000 unidades por año hasta 2015, hasta el mes pasado se habían adjudicado por sorteo algo más de 68.000 créditos. Según la Presidenta hay menor demanda, si bien en los seis sorteos hubo más presentaciones que adjudicaciones. Otra explicación posible es que, como las refacciones demoran mucho menos tiempo que levantar nuevas viviendas, se busque dinamizar la actividad hasta las elecciones, para compensar la retracción de la construcción y la pérdida de puestos de trabajo.

En materia de gasto público, Cristina Kirchner corroboró que privilegia la cantidad a la calidad. En su discurso incluyó como logros una catarata de fenomenales cifras de gastos e inversiones públicas acumuladas en el período 2003/2012. Pero siempre en términos nominales, como si la inflación no existiera y el poder adquisitivo del peso hubiera sido el mismo a valores constantes. Tampoco se preocupó por detallar sus resultados, más allá del efecto expansivo sobre la demanda interna. Por caso, reveló que el presupuesto nacional en seguridad aumentó 681% en ese lapso (pasó de 290 a 2300 millones de pesos anuales), pero no aportó datos sobre reducción de delitos o avances en la lucha contra el narcotráfico. O que la inversión en infraestructura económica llega a 295.000 millones de pesos, sin precisar qué grado de avance o atraso existe en los principales proyectos, entre los cuales incluyó obras energéticas que ni tienen estudios de factibilidad. Más afortunadas fueron las referencias a avances en materia de salud pública o entrega de netbooks a alumnos primarios y secundarios, aunque en este último caso reconoció que hay un abandono prematuro de estudiantes para buscar trabajo, un dato poco compatible con la reducción de la pobreza al 6,5%, según el Indec. Así y todo, no deja de llamar la atención que CFK incluyera cifras con decimales y todavía su gobierno no haya informado cuánto creció el gasto público en el cierre de 2012. Nadie cree que en este año electoral subirá sólo 16% como prevé el presupuesto de 2013 (aún reorientando el gasto hacia gobernadores o intendentes aliados), aunque sí se descuenta que cuanto más se incremente habrá más emisión del BCRA para financiarlo y, por consiguiente, mayores presiones cambiarias y /o inflacionarias. Esta limitación tampoco formó parte del discurso presidencial. Lo mismo que los subsidios a las tarifas de energía y transporte que, aún con topes, equivalen a 4,5% del PBI y explican buena parte del déficit fiscal, en un año en el que probablemente aumenten las importaciones de gas y combustibles.

La inflación también fue ignorada, ya que la Presidenta ni siquiera la mencionó a lo largo de su mensaje de más de tres horas y media. Por lo tanto, podría deducirse que contenerla a través de un programa de medidas coordinadas no está en las prioridades presidenciales en 2013. Más llamativo resultó que CFK no hiciera referencia al "parche" aplicado por Guillermo Moreno para enfriar transitoriamente la aceleración de precios de consumo masivo y electrodomésticos a través del congelamiento que ya cumplió un mes y difícilmente concluya el 1º de abril. Aunque se suponía que iba a ser un instrumento para intentar un freno a los reclamos salariales en paritarias, el laudo aplicado en Luz y Fuerza (31% en 18 meses) sugiere que el Gobierno puede cambiar la estrategia y aceptar mayores porcentajes a cambio de mayores plazos. Aún así, se desconoce si las deficitarias empresas eléctricas habrán de pagar esa mejora con más tarifas o más subsidios estatales.

A todos estos factores de incertidumbre se suma ahora la anunciada reforma judicial que, en un Congreso con mayoría oficialista, puede recibir el mismo tratamiento express que tuvieron leyes clave como la nueva carta orgánica del BCRA, la confiscación de acciones de YPF o el acuerdo con Irán. La limitación de medidas cautelares no es una buena noticia para las empresas que han venido sufriendo sorpresivos avances del Estado en su actividad. Y la creación de cámaras de Casación en los fueros comercial, contencioso-administrativo, o laboral agrega por ahora más incógnitas que certezas institucionales, a partir de los cambios en el proceso de selección o remoción de jueces.

¿Una Justicia legítima y "democratizada" se atrevería, por ejemplo, a cuestionar la ley de emergencia económica, en vigor desde hace once años a pesar de las cifras récord de crecimiento y gasto público resaltadas por el gobierno de CFK. No es un aliciente para ser un país normal. Lo mismo que la voluntarista promesa presidencial de no descender los peldaños que permitieron salir del infierno económico, luego de reivindicar que la Argentina viene circulando a contramano del mundo..

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