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Rodaje en Mendoza

Hendler y Bertuccelli, en una de acción

Espectáculos

Los actores filman Vino para robar, de Ariel Winogrand

Por   | Para LA NACION

MENDOZA.- Son las 11 de una mañana calurosa. En la esquina de Gutiérrez y España, la actividad bancaria marca el ritmo de la zona. Frente al edificio colonial de un banco, en un coqueto bar con mesas en la vereda, un hombre y una mujer toman café. "Me necesitás", dice resuelta la morocha. "Robar este banco es muy difícil, prácticamente imposible. En el caso hipotético de que lo hiciera, lo haría solo", corta en seco él, trajeado de impecable azul. "Me necesitás -vuelve a la carga ella-. Hay información del banco que no podés encontrar, y yo la conseguí."

La situación, de elegante tirantez, corresponde a la escena 58 de Vino para robar , cuando dos rivales declarados se ven forzados a ir juntos tras un botín. Ella es Natalia, "básicamente una impostora", como define a su personaje Valeria Bertuccelli. Él es Sebastián, un experto en atracos de alta gama, interpretado por Daniel Hendler. "¡Corten!... ¡Me encantó chicos!", dice Ariel Winograd (ver recuadro), director del film escrito por Adrián Garelik, que cuenta las idas y venidas de dos ladrones de guante blanco, embarcados en el robo de una valiosa y única botella de Malbec de Burdeos de mediados del siglo XIX, catalogada como uno de los mejores vinos del mundo, y celosamente guardada en la bóveda de un banco, en Mendoza.

"Sebastián es discreto. No se dan demasiadas explicaciones sobre su origen. Pero con Ariel Winograd imaginamos un tipo que se dedica a esto por una suerte de adicción a encontrar fallas en el sistema. Es obsesivo, experimentado, pero, sobre todo, es perseverante y metódico. No da un paso sin estar seguro", dice Hendler acerca del rol que vuelve a encontrarlo con Winograd.

Antes las excusas fueron Cara de queso y Mi primera boda , los primeros films del director. "No íbamos a hacer juntos Vino para robar -explica el actor. Pero buscaban una pareja, surgió la idea, y me pareció bueno sumarme. Además, me atrajo la posibilidad de hacer una película decididamente de género, de robos, con algo de comedia romántica también. Y hacer una clase de personaje que no hice mucho. Por otro lado, volver a filmar con «Wino», que es amigo. Se dio todo."

Para Valeria Bertuccelli, en cambio, es su primera película con Winograd. También con Hendler. "Tenemos un modo de trabajar bastante parecido. En ese sentido me da mucha confianza el elenco. Y Ariel (Winograd) es una pequeña bestia: tiene muy claro lo que quiere hacer. Eso nos da seguridad a todos", señala la actriz, encantada con la camaleónica Natalia de Vino para robar . "Más que ladrona, es una impostora. Y dentro de eso, no tiene problema en lo que venga -cuenta Bertuccelli. Es arriesgada. Y también bastante ingenua. Con lo cual, tengo la suerte de tener un personaje con muchas facetas. Tiene algo entre mafioso y chistoso que me encanta. Se va metiendo, pero las cosas le salen con algo de suerte de principiante. Además, me gusta esta posibilidad de matices que tiene la película, dentro de un género muy preciso."

 
Piroyansky, Bertuccelli, Winograd, Hendler y Rago. Foto: Trasplanos Cine
 
Martín Piroyansky (Chucho, una suerte de hacker), Pablo Rago (Mario, a cargo de la investigación del robo) y Juan Leyrado (Basile, un temible mafioso) completan el elenco del tercer film de Winograd. Tresplanos Cine, Ricardo Freixá y Alejandro Zito, en asociación con Patagonik, impulsan esta comedia policial cargada de glamour, con viñedos y montañas mendocinas como telón de fondo.

Alrededor de 40 técnicos llegados desde Buenos Aires encabezan el equipo de rodaje, también integrado por 15 ayudantes locales. Por momentos, se hace difícil distinguir entre simples curiosos y el batallón de extras contratado para la película. Una cinta plástica delimita el área de filmación. Es el turno de Pablo Rago, a quien la cámara toma en primer plano, mientras finge leer un diario y vigila desde lejos al personaje de Hendler.

Testigos

Durante las cuatro semanas de filmación en Mendoza -restan dos en Buenos Aires, hay varios momentos de acción que requieren fuerte despliegue de cámaras y equipos. Uno de ellos, con LA NACION como único testigo periodístico, se juega frente al banco -el Hipotecario Nacional- que guarda la exclusiva botella de Malbec. Según el guión, Natalia/Bertuccelli cruza la calle y se abalanza sobre un auto, para distraer con el supuesto accidente al personaje de Pablo Rago. La claqueta indica que la escena 59 está en marcha. Se oye un golpe seco. El cuerpo de la mujer atropellada cae sobre el asfalto. "¡Impresionante!", exclama el director. "Cuando Ariel me contó que ensayaríamos con los especialistas en escenas de riesgo, y cómo era la escena, dije «no es tan complicada, la quiero hacer yo» -recuerda Bertuccelli. Aparte, hay algo de adrenalina en que sea cierto y haya que hacerlo. Y en un punto no me da miedo poner el cuerpo, caerme, tirarme. Me parece lo más lindo de actuar, poder hacer estas cosas, y además, estoy relativamente cuidada. ¿Cuándo vas a jugar a que te atropelle un auto y encima no te pase nada?". Más allá del entusiasmo, a la hora de actuar, Bertuccelli siguió el consejo de los expertos en estas escenas: "Me explicaron que corría riesgo de golpearme las piernas, y después tenía que seguir filmando. Entonces dije «bueno, todo lo que pueda», y la parte más compleja la hace una chica especialista en estas cuestiones", cuenta la actriz después de una escena para el recuerdo.

"¿Es larga la peli?... ¿Como la de Batman , que dura tres horas?", le pregunta su hijo de 5 años a Bertuccelli, que aprovecha la pausa entre una toma y otra, para conversar con el pequeño y su papá, el cantante Vicentico, de paso por unos días en Mendoza, como un espectador más del rodaje. A pocos metros, una nena rezonga frente al padre. "Mi amor, papá está filmando, hay que hacer silencio", explica paciente Winograd a su hija, sentada en la falda de la madre, Nathalie Cabirón, la productora ejecutiva y esposa del cineasta, quien se multiplica entre la atención a la niña ("¿Querés escuchar qué dicen los actores en esta escena?", le ofrece auriculares), y el desarrollo del plan de rodaje. Finalmente, una tablet acapara el interés de los niños, que se sumergen en una carrera de obstáculos, ajenos al destino de la botella de Malbec que desvela a los personajes de Vino para robar .

Winograd, un director en busca del verosímil

Ariel Winograd compara el proceso de realización de su tercer largo con una saga en capítulos. "Lo primero fue hacer propio el guión de Adrián Garelik, que me llegó a través de los productores. En ese camino, para mí era atractivo darle al libro algo particular desde el verosímil, crearle una atmósfera y código propios. A partir de ahí volvimos a ver Intriga internacional, de Alfred Hitchcock, y se transformó en nuestra referencia. No sólo de fotografía, sino de arte y de vestuario", explica el director de Vino para robar, cuyo estreno en la Argentina está previsto para agosto. "Por sobre todo, es una comedia policial -apunta Winograd-. El desafío, para mí, es que todo lo policial, de robos y de acción, esté filmado en ese código verosímil. E hicimos un trabajo previo de investigación. Un asesor en seguridad nos dio una suerte de curso, a mí y a los directores de arte, explicándonos cómo abrir la bóveda y las cajas de seguridad que aparecen en el film para que las situaciones resulten creíbles."

La búsqueda de verosimilitud fue en sí misma una experiencia, según confiesa Winograd. "Cuando comenzamos a trabajar el tema del guión, vi montones de películas del género. También hay algo muy loco en cuanto a las vueltas que da la vida: Inside man [N. de R: Plan oculto, de 2006], el film de Spike Lee en el que trabajé como técnico, es sobre un robo a un banco. En cierto modo, también lo usamos como referencia. Y hay homenajes, como uno a Heist, de David Mamet, en una secuencia que filmamos con Pablo Rago. También tomamos como referencia videos de unas vacaciones de Natalie Wood, que nos trajo la vestuarista de la película, y que aportaron data para el personaje de Valeria Bertuccelli. Muchas cosas fueron sincronizando a partir del trabajo con los actores. O con la gente del equipo técnico, y los productores. Por otra parte, tenemos unas locaciones tremendas en Mendoza, que nunca se filmaron, son muy cinematográficas y responden absolutamente al género de la película. Entonces todo va sumando", concluye el director de Vino para robar ..

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