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Las chicas Olmedo lo recuerdan a 25 años de su muerte

Espectáculos

Adriana Brodsky, Beatriz Salomón, Silvia Pérez y Divina Gloria describen al capocómico tal cuál era: un tipo con carisma, espontaneidad y calidez

Por   | Para LA NACION

 
 

 
 

Generoso, tierno, protector, humilde, único. Así describen a Alberto Olmedo las que fueron sus compañeras de escena en aquellos años de rutilantes éxitos. Testigos de esa época pícara y desfachatada, aseguran que su clave era el humor sano, el amor por el espectador y que su figura está siempre presente en cada una de ellas, como en los millones de argentinos que lo extrañan.

El 5 de marzo de 1988 no fue un día soleado en Mar del Plata. Los nubarrones negros anticipaban una tormenta que acompañaría el estado de ánimo de un país al conocerse la noticia de la muerte de Alberto Olmedo. Se habían ido para siempre el Capitán Piluso, Rucucu, el Yéneral Gonzáles, Chiquito Reyes, el Dictador de Costa Pobre, el Manosanta, el mucamo Perkins, José Luis Borges, Rogelio Roldán,entre otros entrañables personajes.

La troupe femenina en torno a sus geniales creaciones sufrió entonces una acefalía repentina e impensada. Aún hoy, evocar ese día agrieta los tonos de voz y desdibuja las miradas, aunque inmediatamente todas eligen recordarlo con alegría y por sus mejores características: su calidez, desinhibición y carisma. Será porque es lo que alimenta ese romance con el público que perdura y crece gracias a las repeticiones de sus programas y películas. Ese amor colectivo que se le tiene a un ídolo popular de su talla. Esa magia irrevocable que aún vive.

Adriana Brodsky:"Todos los días pienso en el"

Su personaje de la bebota es uno de los más recordados por la gente. Ella confiesa que todavía extraña al maestro.

¿Qué es lo que más recordás de él?

Me costó muchos años, pero hoy me quedo con su sonrisa, con toda su buena onda y los momentos felices. Ya pasó el duelo. Lo queríamos mucho, de verdad, y lo seguimos queriendo, pero poco a poco uno se permite que el recuerdo sea alegre. En su momento fue un gran shock su partida.

¿Qué te dejo en lo personal?

Me mostró con su ejemplo, demostraba con hechos. Trabajar con él fue un privilegio. Era buena persona, respetuoso, amable, profesional y lo más impresionante es que la fama y el poder no le quitaron esa esencia. Es la persona más humilde y hermosa que yo haya conocido.

¿El día de su muerte, cómo te enteraste y qué fue lo primero que sentiste?

Yo era la única del elenco que no estaba haciendo temporada en Mar del Plata, estaba en Carlos Paz. Recuerdo que le fui a dar el pésame a Nancy Herrera, que estaba también allí. Cuando me enteré fue un sacudón terrible. Sentí que todo mi mundo se derrumbaba y recuerdo que estuve varias horas inmóvil porque no podía reaccionar.

¿Por qué su figura es tan importante para los argentinos?

Es energético, no racional. Yo conocí a otros capocómicos con una comicidad maravillosa, grosos de verdad, pero "El negro" tenía todo; porque además de un artista impecable tenía un tremendo ángel. Un carisma, una dulzura, una ternura...Una fórmula infernal. Por eso es que después de tantos años en esta sociedad en donde surgen cada dos minutos cantantes, humoristas y bailarines se lo sigue recordando. Nadie le puede hacer sombra y él no está hace 25 años. Es increíble.

Beatriz Salomón: "Siempre lo adoraré"

La legendaria vedette, llamativa y exuberante para su época, recuerda a "El negro" como "todo un señor".

¿Cuál es tu imagen en la mente tantos años después?

Lo recuerdo como un ser maravilloso, inigualable, con una impronta y un don de gente increíble. Creo que no hay un solo argentino que no lo recuerde y mire las repeticiones de sus programas y películas. Su figura se agranda con el correr de los años.

¿Por qué tiene un lugar tan especial en el corazón de la audiencia?

El público lo extraña porque era un humor familiar, no era agresivo, totalmente despojado de palabrotas. Era picaresco, pero no grosero. Nunca olvidaré los aplausos de 1500 personas de pie que no lo dejaban despedirse, de las dos funciones que hacíamos en el teatro. Y como ser humano, era un amor, incapaz de acosarte sexualmente, hacerte echar o pisar cabezas. Era un caballero. Para mí, un gran maestro. Soy lo que soy gracias a esos años divinos, en donde él tuvo la amabilidad de enseñarme cómo pararme en el teatro, cómo debía tener tonos altos para que desde la primer butaca a la última me escucharan, cómo buscar la línea exacta en donde pararme para que me diera la luz y se me luciera la figura. No sabía lo que significaba la envidia y la mala onda.

¿Qué significa para vos?

Lo adoro y lo voy a adorar hasta el fin de mis días porque me hizo sentir espléndida en el escenario y también cuando compartíamos momentos como salidas, giras, cenas, funciones en el interior, las filmaciones de las películas. Te hacía sentir una reina. Muchos famosos tendrían que mirarlo un poco más para no practicar tanto el yoísmo y ser más humildes.

¿Cómo te entraste de su muerte?

Yo no había ido a cenar con todo el elenco, porque iba a recibir a mi familia que llegaba esa noche. Al día siguiente me llamó mi secretaria y me dijo: "Murió Alberto"; "¿Qué Alberto?", le dije yo. No lo podía creer.

Silvia Pérez: "Toda mi vida es antes y después de él"

La fama le llegó con su papel de oficinista provocativa en el sketch de "Borges y Alvarez". Ella asegura que su profesión se basó en lo que aprendió entonces.

Al haber estado cerca de él en esos años, concés un lado B, algo que no se veía en pantalla, un Olmedo íntimo... ¿Cómo era?

Era una persona muy humilde, honesta, introvertida... Todo lo demás es lo que sabe todo el mundo. Sabía de sobra quién era artísticamente y su generosidad era algo inusual: ayudaba y protegía a todos los que necesitaban. Creo que en el fondo, era un poco el reflejo de él mismo, de un costado suyo que necesitaba amor y tenía que ver con su mirada melancólica, por momentos, pese a toda esa vorágine de éxito y alegría. Cuando se apagaba la cámara era introvertido y le costaba expresar sus sentimientos con palabras, lo hacía con gestos o regalos. Nunca olvido una cámara de fotos que él le regaló a mi hija.

¿Cómo pensás que sería hoy si viviera?

Este aniversario me hizo pensar lo joven que era en el momento de su muerte... Lo imagino trabajando, aunque quizás haciendo programas más serios, se hubiera animado como actor dramático, era su deseo. Sin dudas lo hubiera logrado, pero sin abandonar esa veta cómica que era lo que le daba tanta vida y animaba su corazón.

¿Qué pensaría de la TV de hoy?

Creo que diría algo que también decía en ese momento y es que que no hace falta decir ninguna barbaridad ni mostrar de más para hacer reír y que la clave está en la complicidad con el público.

¿Recordás alguna anécdota que lo pinte tal cual era?

Era impredecible. Y sí, una de las tantas fue que mientras grabábamos un sketch de Alvarez y Borges , "El negro" se desnudó al aire. Se metió detrás de un sillón y se sacó los calzoncillos, yo incrédula me acerqué a ver si era cierto o se trataba de algún truco y siempre me cargaba: "Bien que viniste a mirar".

¿En qué te marcó personalmente?

Toda mi vida es un antes y después de él. En mi vida profesional, porque sé que mi carrera está basada en lo que aprendí con él y si después de muchos años pude retomar la artista que soy es gracias a lo que me llevé de verlo improvisar, de escuchar cómo hay que estar atenta, presente y al servicio del otro en escena. En cuanto a lo personal, su muerte tiene que ver con el comienzo de un camino espiritual para mí, porque significó un shock a partir del cual me hice muchas preguntas y tuve que trabajar mucho para responderme quién era y qué quería hacer de mi vida. Tengo mucho que agradecerle.

Divina Gloria:"Lo quiero como a un padre"

La más multifacética de las chicas Olmedo, característica que sigue teniendo hoy. Era la más pequeña y aniñada y por supuesto, lo enaltece como si fuera su progenitor.

¿Qué tenía de indiscutible y grande que lo hicieron quien fue?

Hablarte de él es como hablarte de un padre mío, muero de orgullo. Lo más especial era que con su gente era un gran protector, siempre te cuidaba, te miraba, te dedicaba un espacio. En medio de una era en la que el otro no existe y todo es individualismo, recordarlo hace que aún nos falte más, porque era en ese sentido, único. Él quería que te lucieras, te dejaba decir tu texto, que te favoreciera la luz, que te tu personaje saliera bien, era extremadamente generoso.

Por supuesto, Dios lo iluminó con algo llamado carisma que no se compra ni se estudia en ningún lado. La gente lo adora porque lo ve cómplice y humano. Me parece que es lo que más rompió, ese límite de la televisión de antes. Él fue el primero en mostrar decorados, derribar una puerta de utilería o mostrar un camarógrafo. Se reía de sí mismo, del género y el lenguaje, sabía que la tele es cartón pintado y lo divertido de ese código lo compartió con la audiencia. Un capo.

¿Cómo te enteraste de su fallecimiento?

Estaba a una cuadra de su casa en Mar del Plata y apenas me enteré no lo pensé, bajé las escaleras en camiseta y descalza, como estaba durmiendo y fui hasta el Maral. Ese día me morí un poco yo también... Me parece que mucha gente lo recuerda como un shock y me pasa que todos los días me habla de él un taxista, un mozo, alguien en la calle. Entonces para mí está presente todo el tiempo.

¿Qué estaría haciendo hoy si viviera?

Creo que hubiera sido un gran actor dramático, hubiera hecho mucho cine y estaría ahí arriba con Ricardo Darín representándonos por el mundo, definitivamente creo eso.

Genio y figura

Alberto Olmedo nació en 1933 en un barrio popular de las afueras de Rosario. Empezó de swicher en Canal 7 y llegó a ser el más exitoso capocómico nacional arrasando con récords de público en cine, disparando ratings a más de 45 puntos y llenando salas que lo aplaudían de pie durante cada temporada teatral en verano. Su extraordinaria capacidad de improvisación, espontaneidad e histrionismo fueron sus más sobresalientes aptitudes artísticas.

En 1960 llegó su primer oportunidad de quedar en la historia, con el ciclo El capitán Piluso , dirigido al público infantil. Sin embargo, fue la audiencia mayor de edad quién lo lanzó a la fama cuando el 30 de marzo de 1964 ingresó al elenco de Operación jaja, un programa de Gerardo y Hugo Sofovich para Canal 11. Más tarde, en 1981, llegaría No toca botón. En esa etapa nacen Chiquito Reyes y el Dictador de Costa Pobre, entre otros. Pero el éxito total lo alcanza en 1986 con el sketch del Manosanta.

Aquel fue el comienzo de una seguidilla de construcciones inolvidables, seres maravillosos que encontraban la cuerda exacta para hacer estallar la risa de los argentinos. Esta saga se potencia aún más cuando junto a Javier Portales, Olmedo encuentra a su partenaire ideal, dando lugar a una de las duplas cómicas más entrañables: Borges y Alvarez.

En tanto, en el ámbito cinematográfico Olmedo también hizo de las suyas. Filmó más de 45 películas. Encontró en Jorge Porcel, un colega con el cual poder desplegar su histrionismo. La dupla consiguió su primer gran éxito en 1973 con Los caballeros de la cama redonda, de Gerardo Sofovich.

Multifacético, filoso y sagaz, su carrera deja abierto un final que no pudo ser escrito a causa de su desaparición física en un incidente aún poco claro. Aunque, por supuesto, no podemos imaginar cuál habría sido el futuro de su ascendente despliegue artístico, sabemos a ciencia cierta que sin duda es un personaje difícil de olvidar.

¿Cuál es tu personaje preferido de Alberto Olmedo?.

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