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Hugo Chávez: el líder mesiánico, el revolucionario, el mito que rompió todos los límites

Miércoles 06 de marzo de 2013
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PARA LA NACION

CARACAS.- La Historia necesitará tiempo para procesar la muerte de Hugo Chávez y bautizarlo como un iluminado o un dictador dispuesto a todo. Como un fanático o como el mesías de los olvidados. Tal vez nunca se consiga llegar a un acuerdo sobre el líder de las mil caras, un Maquiavelo mediático capaz de llorar su propio destino y, un minuto más tarde, arrojar al infierno a sus enemigos.

Lo que sí sabemos ahora, en el momento de su muerte en Caracas, tras un año y medio de batalla contra el cáncer, es que este comandante golpista soñó con convertirse en Hugo "Che" Chávez, el gran líder antiimperialista del siglo XXI. Añoró ser tan idolatrado por el mundo como el revolucionario ícono de remeras y causas perdidas. También luchó por ser el sucesor de Fidel Castro, su padre político, el hombre que desde la sombra movió los hilos del socialismo del siglo XXI .

Pero en sus sueños de gloria, el más delirante de todos lo convertía en el nuevo Simón Bolívar, el libertador latinoamericano del siglo XXI. En un planeta sediento de petróleo, el presidente venezolano usó y abusó de los inmensos recursos energéticos de su país para convertirse en el impulsor de una América latina integrada sin Estados Unidos y bajo su yugo, impuesto en algunos países a golpe de petrodólares o copiado a conveniencia por sus mandatarios.

El ideario chavista fue sostenido por un mastodóntico aparato de propaganda, dedicado a asfixiar a la prensa independiente. Mandamientos en los que no sólo el fin justificaba los medios, sino también donde los medios encerraban las claves del fin: la revolución perpetua .

Chávez reinterpretó la Constitución cuantas veces quiso, acumuló todos los poderes del Estado, domesticó la justicia a su antojo y la transformó en uno de sus brazos ejecutores. Expropió y nacionalizó por motivos estratégicos y políticos, buscando que el país dependiera del petróleo.

El líder bolivariano reinterpretó la Historia: el Estado soy yo. Todo el poder en sus manos, pero un poder incapaz de luchar contra la gran plaga de su sociedad, contra su principal fracaso: la violencia urbana que desangra Venezuela.

Tras su controvertida reunión con Saddam Hussein, se reunió con otro líder polémico, Muammar Khadafy en agosto de 2000. Foto: Archivo
Hugo Chavez y Fidel Castro tras la asunción de Néstor Kirchner en mayo de 2003. Foto: Archivo
Con el ex presidente Néstor Kirchner en el marco de la XXX Cumbre del Mercosur que se desarrolló en Córdoba, Argentina, en julio de 2006. Foto: Archivo
En una visita al líder cubano Fidel Castro durante su internación en la Habana en septiembre de 2006. Foto: Archivo
Chávez, Correa y Morales participaron de una ceremonia indígena en Ecuador en enero de 2007. Foto: Archivo
El ex presidente francés, Nicolas Sarkozy lo recibió en París en noviembre de 2007. Foto: Archivo
Rafael Correa y Hugo Chavez durante una conferencia de prensa en el Palacio presidencial en Caracas en marzo de 2008. Foto: Archivo
En Lima con Angela Merkel en el Museo de la Nación en mayo de 2008. Foto: Archivo
El saludo a su par colombiano, Alvaro Uribe en mayo de 2008, en el marco de la cumbre extraordinaria de la Unasur. Foto: Archivo
Lugo y Chávez cantan durante los festejos tras la asunción del ex presidente paraguayo en agosto de 2008. Foto: Archivo
Charla informal previo a la Cumbre de las Américas en Puerto España en abril de 2009. Foto: Archivo
En Venezuela con líderes de la región, en abril de 2009. Evo Morales, Raúl Castro, Daniel Ortega, Manuel Zelaya, Fernando Lugo, entre otros.. Foto: Archivo
Junto al presidente de Honduras Manuel Zelaya y Daniel Ortega de Nicaragua, en Managua, junio de 2009. Foto: Archivo
Junto a los ex presidentes Lula da Silva y Fernando Lugo en Bariloche en agosto de 2009. Foto: Archivo
Llegada al aeropuerto libio en el marco de una gira que incluye a Libia, Argelia, Siria, Irán, Bielorrusia y Rusia en agosto de 2009. Foto: Archivo
Visita oficial a Irán para impulsar el desarrollo de los lazos entre ambos países y ampliar la cooperación bilateral en septiembre de 2009. Foto: Archivo
En una agitada visita a España, recibió la oferta de Zapatero de actuar como mediador entre Caracas y el gobierno de Uribe en septiembre de 2009. Foto: Archivo
Durante su visita a España en septiembre de 2009 Chavez también se reunió con el rey Juan Carlos. Foto: Archivo
El presidente José Mujica lo recibió en una de sus visitas a Montevideo en diciembre de 2009. Foto: Archivo
En abril de 2010 recibió por primera vez al primer ministro ruso, Vladimir Putin. Foto: Archivo
Recibido en Trípoli por el líder libio, Muamar Khadafy, y distinguido con un doctorado "honoris causa" en octubre de 2010. Foto: Archivo
Con el presidente colombiano Juan Manuel Santos en el Palacio Miraflores en noviembre  de 2010. Foto: Archivo
Durante una visita a Raúl Castro en "La Coronela" en Cuba en abril de 2010. Foto: Archivo
Acompañando a Cristina Fernández durante el velatorio de Néstor Kirchner en octubre de 2010. Foto: Archivo
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo recibió en Argentina para firmar convenios bilaterales en marzo de 2011. Foto: Archivo
Castro y Chavez leyendo el diario Granma en Cuba, en junio de 2011. Foto: Archivo
Kirchner, Chavez y Rousseff durante un encuentro en Caracas en diciembre de 2011. Foto: Archivo
En enero de 2012, recibió a su par iraní Ahmadineyad, en el Palacio de Miraflores. Foto: Archivo

Con la receta diseñada, se dedicó a exportarla por el continente. Encumbró a sus aliados en Ecuador, Bolivia y Nicaragua e inspiró a los Kirchner en la Argentina. Sostuvo a Cuba. Luchó hasta el último minuto por mantener a Zelaya en Honduras. Apostó dinero y esfuerzos en Perú y El Salvador, pero su radicalismo asustó a sus presidentes. Tejió excelentes relaciones con Brasil y Uruguay y aprovechó la crisis de Paraguay para entrar en el Mercosur. Una década de malabares sobre el tablero estratégico del continente y su jaque soñado: extender la revolución bolivariana.

No se contentó con domesticar Venezuela y se lanzó a la creación de un nuevo orden mundial, liderando a los países del ALBA, apostando por la Unasur, creando la Celac y firmando pactos estratégicos con dos superpotencias, China y Rusia. El "mundo multipolar" de Chávez y sus amigos "revolucionarios": Ahmadinejad, Khadafy, Lukashenko, Al-Assad.

Poco le importaban las sanciones de Occidente o las masacres provocadas por sus aliados. Chávez desafió constantemente a Estados Unidos, al Imperio, tanto con las palabras como con los hechos, pese a los dos millones de barriles de petróleo que les vendía todos los días. Su mayor momento de gloria lo vivió en 2006, durante su intervención ante la ONU: "¡Aquí huele a azufre!", clamó. Sus ataques contra George W. Bush, "Mr. Danger" según él, en el momento en el que éste se encontraba en la picota mundial por la guerra de Irak, fueron aplaudidos en medio mundo.

En su infancia (Sabaneta, 1954) y en su juventud nada hacía presagiar que Chávez, nacido en las inmensas llanuras cercanas a los Andes, era un elegido. Hasta que una pelota se atravesó en su camino. Y la golpeó con tal fe que cruzó el horizonte hasta escaparse fuera del estadio.

Corría 1976 y una selección de su estado, Barinas, enfrentaba a Caracas en la inauguración del Estadio Cuatricentenario de béisbol. Huguito para la familia, Tribilín para sus amigos, pelotero tan disciplinado como mediocre, se robó la fama aquel día. Fue su primer momento de gloria gracias a un batazo convertido en jonrón.

Dieciséis años después, su rendición tras el sangriento golpe de Estado del 4 de febrero de 1992 recorrió el mundo. "Por ahora?", sentenció. Y así fue. La gloria ya no lo quiso abandonar. Hasta ahora, cuando la Venezuela que no sabe ni de medias tintas ni de equidistancias lo llora por un lado y respira aliviada por otro. Amores y odios que por lo menos coinciden en algo: Venezuela y América latina ya no son iguales desde ayer.

Chávez creció en la tierra profunda de la gran llanura, donde el sol es tan excesivo como algunos de sus hijos. Una niñez sin recursos en el hogar de su abuela Inés, que sustituía los cuentos infantiles por las andanzas del caudillo Maisanta y del libertador Bolívar. El gen de la rebeldía comenzaba a circular por las venas del niño, mezclado con la profunda fe católica de su familia. Una fe recobrada y multiplicada durante el purgatorio del cáncer que acabó con su vida.

Rebeldía, religión y, sobre todo, béisbol. Porque si Chávez tuvo un sueño juvenil, fue jugar en las Grandes Ligas de Estados Unidos. Quería cambiar su mundo a golpe de jonrones. El revolucionario quería ser un héroe para la sociedad capitalista que después deploró. Fue su fanatismo por el béisbol el que lo llevó a alistarse en 1971, con 17 años, en la Academia Militar.

Las enseñanzas de su hermano Adán, las tardes de libros de Marx, Plejanov y del radical Maneiro en casa del historiador Ruiz Tirado (cofundador del Partido Comunista) y las tertulias con sus nuevos compañeros de armas germinaron el gen de la rebeldía. Incluidas las ensoñaciones bolivarianas. Una noche, al cadete Chávez le tocó montar guardia ante el Panteón del Libertador. "Fue un brote portentoso de espiritualidad lo que surgió en mi alma" cuando sintió que los restos que allí estaban no eran los de Bolívar. Las dudas persistieron durante 40 años, hasta que ordenó la exhumación del cadáver. "Ahora siento mi alma liberada como hijo de Bolívar, porque sabemos ahora, y sin duda de ningún tipo y para siempre, padre, que estás aquí con nosotros."

Entre el cadete lleno de dudas y el comandante-presidente capaz de ordenar exhumaciones a su antojo transcurrieron cuatro décadas repletas de historias, algunas convertidas en leyendas. Como el juramento ante el Samán del Güere en 1983, el cumplirse 200 años del nacimiento del Libertador. Allí se creó el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), encabezado por los militares Hugo Chávez, Isaías Baduel, Jesús Urdaneta y Felipe Acosta Carles. Hoy ninguno de ellos permanece junto a Chávez.

A lo largo de su carrera ejerció como un insaciable Saturno empeñado en impedir el crecimiento de sus hijos políticos. Hasta el final de sus días con el Pacto de La Habana y la decantación por la bicefalía Nicolás Maduro-Diosdado Cabello, precedido por meses de lucha en el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela).

Mientras el MBR-200 se apuntalaba, la Venezuela de los 80 sufría un creciente proceso de pobreza y exclusión social, que acabó estallando en 1989. El Caracazo quedó marcado para siempre como el imprescindible escalón para su acceso al poder. El militar rebelde vivió desde la distancia el estallido social que no sólo se llevó 400 vidas. También comenzó a escribir la necrológica de la llamada IV República y del bipartidismo Acción Democrática-Copei.

La cuenta regresiva para el golpe se puso en marcha. Hasta que llegó el día elegido: 4 de febrero de 1992. Las fuerzas golpistas tomaron Maracaibo, Maracay y Valencia, mientras los hombres de Chávez atacaban a tiro limpio La Casona y el Palacio de Miraflores, sede de la presidencia. Nunca, en la historia de la política, una operación fracasada se premió mejor que una victoria. Un fracaso sangriento: 20 militares, siete policías y cinco civiles muertos.

Con la boina roja calada y el gesto torcido, Chávez compareció ante la prensa para rendirse y para sembrar su nombre en el imaginario colectivo: "Compañeros, lamentablemente por ahora los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital".

Un fenómeno mediático acababa de nacer. Un comandante apuesto de verbo mágico se convertía por obra y gracia de una derrota militar en el catalizador de la inconformidad de un pueblo. Nada hubiera sido igual sin esos minutos ante el mundo: "El país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor. Yo, ante el país, ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano".

Dos años de cárcel y una polémica amnistía para un héroe nacional en pleno romance con los medios. En su primera comparecencia en libertad, así lo hizo saber: "Los medios de comunicación tienen prioridad fundamental porque son un arma para la lucha ideológica".

Con el transcurrir del tiempo, lo que parecía una declaración de amor se convirtió en una declaración de guerra. Ya en el poder, Chávez fue construyendo su propio imperio mediático. Monopolizó los canales del Estado a imagen y semejanza de los medios cubanos. Cerró RCTV, el canal más popular del país, y presionó al resto de las cadenas. Asfixió económicamente a los diarios independientes y creó una red de diarios oficialistas, incluido El Correo del Orinoco, un Granma a la criolla. Domesticó bajo coacción a las emisoras de radio. Lanzó al estrellato el programa Aló, presidente (377 emisiones, cientos de horas sólo frenadas por el cáncer). Monopolizó las cadenas presidenciales de tal modo que se convirtieron en su mejor herramienta de proselitismo político. Permitió a los hackers del grupo clandestino N33, surgidos en las entrañas del oficialismo, atacar las cuentas de opositores y periodistas. Y, lo que es peor, extendió el virus antiprensa libre por todo el continente, como una de las principales señas de identidad de los gobiernos llamados progresistas.

Los enemigos de hoy fueron los grandes aliados de ayer, imprescindibles para la primera conquista electoral, el 6 de diciembre de 1998. Emprendió un viaje de cuatro años que lo llevó por todo el país. Una recorrida sólo interrumpida por los vuelos a La Habana. En la capital cubana, Fidel Castro lo trató como jefe de Estado. Poco importaron las duras críticas lanzadas años antes por el héroe de Sierra Maestra contra el golpe del 4 de febrero. La famosa bola de cristal del comandante cubano vislumbró el futuro. Atrajo al venezolano, sabedor de que el petróleo de su país podría sacar a Cuba del "período especial". Así se firmó el gran pacto que marcó la vida política de ambos países durante década y media.

Al final, el candidato del Movimiento Quinta República consiguió el 56,6% de los votos, convirtiéndose en presidente. Nadie imaginaba por entonces que estaban ante el mandatario más poderoso de la historia del país. El campeón electoral de América latina, con cuatro victorias presidenciales (1998; 2000, con el 59,78% de los votos; 2006, con el 62,84%, y 2012, con el 55%), un revocatorio, cuatro referéndums, tres parlamentarias y cinco regionales ganadas gracias al cordón umbilical que lo unió con los más pobres y a la multimillonaria maquinaria del Estado a su servicio.

Un campeón electoral que cayó derrotado con estrépito ante un enemigo al que nunca supo combatir: la violencia urbana. En 2012 murieron asesinadas 21.692 personas. En Caracas, una de las capitales más salvajes del mundo, se maldice y además se reza. Ya nadie se atreve a mencionar su antiguo apodo, "la sucursal del cielo". Demasiada poesía para tanta sangre. Desde la llegada de Chávez al poder la violencia se disparó. En 14 años murieron 177.269 personas.

Chávez fue un todopoderoso boxeador de contundentes ganchos con los que fue noqueando enemigos. Sus abusos de poder fueron retransmitidos en directo a toda Venezuela. Su grito "¡Exprópiese!" todavía hacía temblar a miles de venezolanos. La voz de mando del líder bolivariano resonó decenas de veces para dirigir las intervenciones contra la propiedad privada. Durante su mandato se produjeron entre 1100 y 2000 adquisiciones forzosas, ocupaciones, expropiaciones contra empresas, comercios, terrenos, fincas y estacionamientos. Expropiaciones que no sólo eran el principal ariete para expandir la economía socialista de la "Revolución bonita", sino también una formidable amenaza contra los agentes económicos que no comulgaban con la Revolución.

¿Resultados? La producción agrícola, una de las más afectadas por el empeño del gobierno en controlar la cadena alimentaria, bajó 50% tras la gestión del ministro de Agricultura Juan Carlos Loyo. La importación se disparó hasta los 6,3 mil millones de dólares (1,5 en 1999) y el índice de escasez alimentaria alcanzó el 15%.

La economía se tornó tan ciclotímica como el carácter del líder. Dotado con las mayores reservas mundiales de crudo y con el precio del barril disparado en el mercado, el país recaudó un millón de millardos en la era Chávez. Pero vio cómo su economía sufría los embates de la inflación (casi 20% en 2012, 30% en 2011), el desabastecimiento y una crisis energética impensable en el territorio del oro negro.

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La violencia y los avatares económicos no condicionaron sus victorias electorales. Pero cuando perdió, también supo dar golpes bajos para mitigar las derrotas. En 2007 sufrió el mayor batacazo electoral de su vida. Venezuela votó no a la reforma constitucional, una aventura personal de Chávez que le hubiera permitido presentarse como presidente hasta el final de sus días. También dijo no a una batería de leyes para conformar un Estado socialista. "Es una victoria de mierda, y la nuestra, llámenla derrota, pero es de coraje", criticó un Chávez furioso, incapaz de soportar la primera derrota en nueve años a manos de una oposición liderada por un grupo de universitarios.

"Por ahora", amenazó de nuevo el comandante golpista. Y así fue. Dos años más tarde repitió, y ganó, el referéndum que le permitiría volver a presentarse a elecciones. Y año tras año, gracias a la Ley Habilitante que le permite legislar por encima del Congreso, fue introduciendo las leyes negadas en 2007.

Presidente todopoderoso desde enero de 1999 hasta ayer, con dos días de excepción durante el golpe de Estado de abril de 2002. Una asonada en la que Chávez fue víctima y verdugo y que marcó una de las grandes líneas ideológicas del chavismo. Aquel 11 de abril, una multitudinaria marcha de la oposición fue reprimida a tiro limpio por radicales bolivarianos, para impedir que se acercara a Miraflores. Un minoritario grupo de militares de ultraderecha intentó tomar el poder a la fuerza aprovechando los enfrentamientos, que se habían cobrado 20 vidas. Obligaron a Chávez a renunciar, imponiendo a Pedro Carmona, el líder de los empresarios. Chávez fue detenido y trasladado a La Orquila. Carmona se autojuramentó y decidió abolir los derechos constitucionales. Miles de chavistas se lanzaron a las calles y el general Baduel ordenó el rescate de Chávez. El presidente fue repuesto y la Historia de Venezuela comenzó a reescribirse una vez más.

"Este Cristo que cargo aquí es el mismo del 11 de abril. Así lo tenía yo apretado cuando pensé que iba a morir en la orilla del mar. Y ocurrió un milagro", recordó Chávez al celebrarse la década del fracaso del golpe.

El segundo milagro correspondía a la naturaleza y, pese a su súplica ("estoy seguro de que nuestro Cristo repetirá el milagro"), el cáncer acabó con las andanzas del todopoderoso Centauro de los Llanos, que durante muchos años se sintió invencible. Las alarmas saltaron en junio de 2011. Chávez "desapareció" en Cuba tras sufrir una operación urgente: se le extrajo un "absceso pélvico". El secreto de Estado se instaló para cubrir la enfermedad. Semanas de misterio hasta la declaración oficial del propio Chávez, demacrado y hundido, en un mensaje dirigido a LA NACION: "Estudios especiales confirmaron la existencia de un tumor abscesado con presencia de células cancerígenas". La Revolución comenzaba a tambalear. "Siento que voy saliendo ya de otro abismo", vaticinó sin acierto.

Chávez navegó durante meses por el túnel de la muerte en un tire y afloje constante. El animal mediático más grande de la historia de América latina comenzó a espaciar sus apariciones, refugiado en La Habana. Cada vez más aferrado a la religión, imploró el milagro en diversas ocasiones. "Dios, no me lleves todavía, tengo cosas que hacer por esta patria, por este pueblo. ¡Dame vida!", rogó ante las cámaras de televisión.

El Maquiavelo mediático desnudó aquel día su alma atormentada y su cuerpo dolorido. Algo impactante para una sociedad acostumbrada a sus charlas interminables y su gobierno televisado. Todo lo decidía él, desde la entrega de una vivienda hasta la creación de una nueva misión. Fue su gran aliado Fidel Castro el que le sugirió una nueva hoja de ruta: las misiones. Con el tiempo, estos programas sociales acabaron convirtiéndose en la gran seña de identidad del chavismo. La gran receta mágica del petropopulismo. El músculo más social de Chávez. Así nacieron Barrio Adentro (8000 centros médicos en los barrios más pobres, asistidos por 30.000 médicos cubanos), Misión Robinson (contra el analfabetismo), Mercal y Pdval (supermercados populares con productos básicos a bajo precio) y la Gran Misión Vivienda, todo un hito si no fuera porque la corrupción y la falta de eficacia se comieron parte de sus beneficios.

Eduardo Galeano escribió que América latina tiene sus venas abiertas. Por ellas navegó Hugo Chávez para imponer su revolución bolivariana. Pero en el lecho de la muerte que nunca aceptó, el líder de las mil caras supo que su viaje revolucionario se quedó a medio camino. Seguramente se repitió a sí mismo las últimas palabras, tantas veces leídas, de su mito Simón Bolívar: "He arado en el mar y he sembrado en el viento".

Maradona y Chávez en la IV Cumbre de las Américas en 2005 en Mar del Plata. Foto: Archivo
Junto a su padre Hugo de los Reyes Chávez en un acto en mayo de 1999. Foto: Archivo
Durante una conferencia de prensa en noviembre de 2008. Foto: Archivo
Campaña por el Sí a la enmienda constitucional sobre la reelección indefinida que se votó en febrero de 2009. Foto: Archivo
En 2009 ganó el referéndum para modificar la Constitución y festejó en el balcón del Palacio Presidencial. Foto: Archivo
Encabezando un acto de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en marzo de 2009. Foto: Archivo
Mario Benedetti recibió de manos de Hugo Chávez la "Condecoración Francisco de Miranda" en mayo de 2009. Foto: Archivo
En su programa ''''Aló Presidente'''' realizado en los predios recuperados por el gobierno en Mantecal, en agosto de 2009. Foto: Archivo
En 2009 responsabilizó a Obama del fracaso de la cumbre climática de la ONU en Copenhague. Foto: Archivo
En febrero de 2010 celebró 11 años de su investidura y anunció que estaría dispuesto a gobernar 11 años más. Foto: Archivo
Inauguración de la nueva cadena de supermercados estatal, tras la expropiación de Éxito en Febrero de 2010. Foto: Archivo
Durante un acto de entrega de aviones K-8W adquiridos en China para entrenamiento militar en marzo de 2010. Foto: Archivo
En un encuentro con atletas en el palacio presidencial en Caracas. Foto: Archivo
Chávez encabezando los festejos por el bicentenario de Venezuela en abril de 2010. Foto: Archivo
En julio de 2010 volvió a cerrar el sepulcro de Simón Bolivar y presidió una ceremonia por el aniversario del natalicio. Foto: Archivo
En 2010 fue distinguido en Trípoli con un doctorado "honoris causa" en Economía Humanista. Foto: Archivo
Con productores agropecuarios en Portuguesa, en enero de 2011. Foto: Archivo
De la mano de su hija Rosa cuando emprendió su viaje a Cuba para continuar su tratamiento, en julio de 2011. Foto: Archivo
Bailando con su hija Maria en las calles de Caracas por los festejos de su cumpleaños número 57. Foto: Archivo
Junto a sus hijas Rosa y Maria en el balcón del Palacio Miraflores, tras recuperarse de una cirugía, en julio de 2011. Foto: Archivo
En julio de 2011 recibió la "unión de los enfermos" del sacerdote Mario Moronta en una ceremonia religiosa. Foto: Archivo
"Estoy muy bien", dijo Chávez después de una reunión con María Emma Mejía, secretaria general de la Unasur en agosto de 2011. Foto: Archivo
Durante un encuentro con el asistente del presidente de Bielorrusia en octubre de 2011. Foto: Archivo
El 20 octubre de 2011 comunicó que había finalizado su tratamiento de manera "exitosa". Foto: Archivo
Lanzamiento de un programa que brinda asignaciones a madres embarazadas en situación de pobreza, en noviembre de 2011. Foto: Archivo
Retrato para la exposición "Platon, las caras del poder" del fotógrafo ruso Platon de The New Yorker; febrero de 2012. Foto: Archivo
El 23 de febrero de 2012 anunció su operación en Cuba. Foto: Archivo
Camino a Cuba para comenzar su tratamiento en febrero de 2012. Foto: Archivo
Camino a Cuba para comenzar su tratamiento en febrero de 2012. Foto: Archivo

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