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Editorial

Una década ganada sólo en el relato

Opinión

El deterioro institucional y las divisiones sociales provocadas por el odio inducido desde el atril del poder chocan con la optimista apreciación oficial

Entre las novedades de su relato, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner incorporó recientemente el concepto de "década ganada", rápidamente adoptado como una consigna por otros referentes del oficialismo. Ciertamente, esta apreciación optimista sobre el balance de la era kirchnerista colisiona con una realidad objetiva que no sólo es percibida por gran parte de la propia ciudadanía, sino que es expuesta en foros internacionales como un caso de fracaso por estudiar.

El extenso discurso presidencial pronunciado en la apertura de las sesiones ordinarias comprendió, además de los anuncios que encubren la intención de suprimir la independencia del Poder Judicial, una notable cantidad de falsedades para lograr presentar con un color positivo los resultados de su gestión y la de su esposo y predecesor. Tal disertación recorrió aspectos económicos y sociales, en unos casos manejando medias verdades y en otros desconociendo realidades evidentes. Cuando utilizó valores monetarios para expresar cambios y tendencias, desconoció la existencia de la inflación, palabra que no apareció en todo su discurso.

Las falacias expuestas por la Presidenta podían ser detectadas fácilmente, pero motivaron fuertes aplausos de sus legisladores y funcionarios, y el ruidoso apoyo de las barras y adeptos que coparon los balcones del recinto legislativo. La obsecuencia, el alineamiento masificado y el cotillón partidario caracterizaron un evento que debiera haber sido una muestra de cultura republicana, y no lo fue.

El tono épico, las pausas y repeticiones, los efectos emocionales y la presentación de argumentos con la usual mención de los enemigos forman parte del discurso presidencial. Sin duda, debe reconocerse el hábil uso de la técnica oratoria en un marco convencional de populismo confrontativo. Como suele ocurrir en las exposiciones de la Presidenta, la del 1° de marzo contó con el acompañamiento de una cantidad mayoritaria de personas en el recinto que respondían a ese juego. Se produce así el aplauso fácil y enfatizado, que se realiza de pie cuando el orador lo convoca con un tono mayor. En este caso dispuso de la ayuda del vicepresidente Amado Boudou, que iniciaba y conducía el rito.

Las medias verdades campearon en el discurso. La Presidenta mencionó que desde 2003 se crearon 200.000 nuevas empresas, pero no dio información sobre las que se cerraron. Brindó datos de la creación de empleos, sin decir que en una proporción preponderante fueron estatales y que produjeron un crecimiento inédito e insostenible del gasto público en remuneraciones burocráticas.

Expuso como un logro el bajo nivel de las tarifas energéticas sin mencionar que ello requirió enormes subsidios, ocasionó un déficit de inversiones, la pérdida del autoabastecimiento y la necesidad de cuantiosas y crecientes importaciones. Habló de las inversiones en caminos, ferrocarriles e infraestructura como si éstas hubieran sido extraordinariamente importantes, cuando es evidente que fueron absolutamente insuficientes.

Se refirió a las inversiones en educación, desconociendo que el simple incremento del presupuesto en esa área resulta absolutamente insuficiente como para afirmar que hemos tenido una década ganada en educación. La calidad educativa no sólo no subió en términos proporcionales a la mejora presupuestaria, sino que en pocos lugares de la región cayó tanto como en la Argentina. Así lo revelan las mediciones PISA, que dan cuenta de que nuestro país descendió del primero al séptimo puesto, y la pérdida de días de clases por la permanente conflictividad laboral. Al mismo tiempo, la Presidenta pareció ignorar que el porcentaje de adolescentes y jóvenes que no estudian aumentó del 11,4 al 13,7% entre 2001 y 2010.

Otro indicador de la caída de la calidad educativa se advierte en el terreno que perdió la escuela pública, de la que mucho tiempo atrás los argentinos podíamos enorgullecernos. Su deterioro ha sido tal en los últimos años que mientras en 2003 el 74% de los niños comenzaba su ciclo educativo en escuelas públicas, hacia 2011 sólo lo hacía el 62%, mientras que el 26% que empezaba en colegios privados hace diez años pasó al 38 por ciento.

No habló tampoco la Presidenta del creciente déficit fiscal y de la necesidad de frenar la pérdida de reservas por la importante fuga de capitales. Al bautizar los últimos diez años como la década ganada no consideró ese fenómeno, al cual su Gobierno respondió finalmente con el cepo cambiario, tampoco mencionado, y que ha generado todas las consecuencias que actualmente se padecen. Entre ellas, la fuerte caída en la construcción y el mercado inmobiliario, el deterioro del turismo extranjero hacia el país y el desaliento a las inversiones a partir de las dificultades para girar divisas al exterior.

El desendeudamiento, al que dedicó un largo tramo de su discurso, fue también tratado con una visión parcial. En efecto, no se refirió al endeudamiento con el Banco Central, ni a la utilización del Fondo de Sustentabilidad de la Anses para cubrir el déficit fiscal, ni al aumento del riesgo país y a la pérdida de acceso al crédito externo.

¿Puede hablarse de década ganada cuando en los últimos años los argentinos hemos vuelto a estar infectados por un fenómeno inflacionario del que parecíamos habernos olvidado antes de la llegada de Cristina Kirchner al poder?

La palabra inflación no figura en el discurso oficial; no obstante, las encuestas indican que es una de las mayores preocupaciones de la gente. La Argentina disputa con Venezuela y con Sudán el tope de la tabla de posiciones de inflación en el mundo. Debiera imaginar el Gobierno que hay ansiedad por conocer cuál es el programa para encarar el problema.

En cuanto a la relación entre la Nación y las provincias, los últimos diez años sólo fueron testigos de un fortalecimiento del unitarismo. Esta situación tan alejada de la concepción federal que alguna vez dijo reivindicar Néstor Kirchner puede advertirse no tan sólo frente al hecho de que el Estado nacional se queda con las tres cuartas partes de la recaudación, sino también ante la notable discrecionalidad con que el Gobierno central maneja y distribuye los recursos.

La política exterior de la gestión kirchnerista se expone en el discurso oficial como reivindicativa y progresista. Pero la Presidenta sólo pudo hacer mención a las acciones claramente enmarcadas en la afiliación de la Argentina al llamado eje bolivariano, omitiendo referirse a las causas del notable aislamiento de nuestro país con el resto del mundo.

Su épico relato de la supuesta lucha contra los "fondos buitre" y los grandes intereses internacionales dejó de lado la referencia al incumplimiento de las sentencias del CIADI, a la inexplicable demora en iniciar negociaciones por la deuda impaga con el Club de París, a las expropiaciones sin indemnización previa -verdaderas confiscaciones-, al falseamiento de estadísticas, a la ruptura unilateral de contratos, a la corrupción, al matonerismo telefónico y personal del secretario de Comercio y a los intentos de manipular a la Justicia.

Si la última década fue una oportunidad excepcional para las economías emergentes, podría decirse que las políticas intervencionistas de nuestro gobierno la transformaron en otra década perdida. No puede decirse algo distinto de nuestra vida institucional, carcomida por el nulo respeto por la división de poderes y los principios republicanos, al igual que por los ataques de todo tipo a la libertad de prensa, a partir de la acción y los testimonios de un gobierno que permanentemente degrada la labor del periodismo.

Hay algo aún más grave en la década transcurrida: el odio inducido desde el atril del poder que ha provocado inusitadas divisiones sociales. Un odio, mezclado con rencor social y fanatismo ideológico, cerrado a la tolerancia que, al igual que ha sucedido en la Venezuela de Hugo Chávez, amenaza con convertirse en una profunda herida que costará mucho tiempo curar. Tal vez tanto como esta década perdida..

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