Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
 
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

¿La segunda viudez de Cristina Kirchner?

Opinión
 
 

El miércoles 27 de octubre de 2010 falleció Néstor Kirchner. Pocos días después, los encuestadores registraron un hecho extraordinario: que la aprobación popular de su viuda, la presidenta Cristina Kirchner, casi se había duplicado, lo cual se confirmó al año siguiente cuando Cristina fue reelegida para el período 201l-2015 con el 54 por ciento de los votos. Hasta el día de su muerte, la imagen de Néstor Kirchner venía sufriendo un fuerte desgaste, con una aprobación popular de sólo el 30 por ciento, una magra cifra que también acompañaba a la Presidenta.

¿Cómo explicar este inusitado salto electoral de 30 a 54 puntos que acompañó a la inauguración de Cristina? Se han dado varias razones, entre ellas, algunas de peso, como el hecho de que se la vio a Cristina como la encarnación de una nueva etapa más amable que la de su hosco marido, una imagen que ella se empeñó en cultivar durante una campaña electoral poblada de promesas que después no se cumplieron, así como un segundo hecho, todavía vigente, que es la incapacidad de la oposición para ofrecer una alternativa seductora a los votantes.

Pero la importancia de estos dos factores palidece ante la gravitación de un tercer factor que podríamos llamar "emocional": la pura y simple irrupción en el imaginario colectivo de la viudez reciente de Cristina, que ella actualiza cada día desde hace dos años y medio, deliberadamente o no, presentándose de negro.

El martes pasado ocurrió el fallecimiento del presidente venezolano, Hugo Chávez, que sumió a su país y a América latina en un clima incomparablemente más intenso que el que rodeó en su momento a la muerte de Néstor Kirchner. Se creó enseguida un vacío emocional que varias figuras políticas, dentro y fuera de Venezuela, procuran llenar. Acompañada por una nutrida corte de aplaudidores, Cristina partió de inmediato hacia Caracas. Sorpresivamente, sin embargo, regresó pocas horas después a Buenos Aires, aun antes de que se realizaran las exequias de las que participaron más de 30 jefes de gobierno, pero ya no Cristina.

La explicación oficial de este súbito retorno, que arrastró a muchos de sus aplaudidores -para quienes la dignidad es sólo un prejuicio burgués-, la dio la propia Cristina en Twitter al decir que los médicos se lo habían aconsejado, aunque el sentido común nos dice que, cuando uno se siente mal, lo primero que no debe hacer es subirse a un avión, sea para ir al punto de llegada o para volver de él. Ante la endeblez de la excusa presidencial, otras versiones más plausibles salieron a competir con ella. Al volver a Buenos Aires, Cristina se cruzó en el aire con el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, con quien evitó, al parecer, encontrarse en Caracas. Pero ¿el gobierno de Irán y el gobierno argentino no acaban de firmar un memorándum de entendimiento aprobado por las dos cámaras de nuestro Congreso? ¿Siguen siendo amigos, unos amigos muy especiales, o sus relaciones, súbitamente, se han enfriado?

Algunos observadores se apoyan en el hecho de que el gobierno iraní todavía no ha firmado el memorándum de entendimiento argentino-iraní para suponer que han surgido dificultades tan graves entre Teherán y Buenos que justifican el desencuentro entre Cristina y Ahmadinejad en Caracas. Pero hay una conjetura que otros observadores también encuentran plausible: que Cristina contaba con ser elegida la oradora principal en las exequias de Hugo Chávez y que Ahmadinejad aspiraba a lo mismo. ¿Hubo entonces un duelo de vanidades?

A partir de aquí arranca una hipótesis aún más osada. Venimos de recordar que, después de la muerte de un Néstor Kirchner políticamente devaluado, el liderazgo de Cristina Kirchner resurgió con fuerza inesperada gracias al efecto viudez . La muerte de Hugo Chávez, ¿le ofreció acaso a su relato , ahora otra vez declinante, una segunda oportunidad? Habiendo sido la viuda legítima de Néstor Kirchner, ¿puede haber soñado Cristina en convertirse en la viuda ideológica de Hugo Chávez para recoger una cosecha política comparable? Su brusco e inesperado regreso a nuestra ciudad, ¿puede explicarse por su frustración al ver que otros presidentes en Caracas, y quizá no sólo el de Irán, le impedían realizar el sueño sucesorio de convertirse en la viuda ideológica de Chávez, después de haberse declarado su "socia y amiga" y contando con ascender un escalón más en el cuadro de honor del populismo latinoamericano, ahora vacante?

Dado el hermetismo kirchnerista, será muy difícil verificar estas explicaciones. Retrocedamos entonces un paso más hasta encontrar una base más sólida y partamos para hacerlo de un hecho indudable: que la muerte de Chávez deja vacante la representación simbólica del populismo latinoamericano y que, entre sus posibles sucesores, se inscriben sólo tres candidatos: el boliviano Evo Morales, el ecuatoriano Rafael Correa y la argentina Cristina Kirchner. Otros supuestos contendientes, como el nicaragüense Daniel Ortega o el propio venezolano Nicolás Maduro, no tienen, para el caso, entidad suficiente. Quizás el precipitado viaje de Cristina a Caracas, seguido de su inmediato regreso, fue la primera escaramuza de lo que ahora ya se insinúa como una ardua competencia para ver quién ocupa el trono del populismo latinoamericano que acaba de dejar Hugo Chávez.

Una duda nos asalta, sin embargo, en medio de estas reflexiones. ¿No será que estamos tan concentrados en la muerte y en la sucesión de Chávez y en el reducido círculo de aspirantes a demagogos que la rodea que nos estamos olvidando del resto del mundo? Nuestras conjeturas se limitan por ahora a un pequeño grupo de países a los que, además, les va mal. Venezuela y la Argentina marchan primeros en materia de inflación. Ni Venezuela ni la Argentina tienen sus ciclos políticos asegurados, porque Chávez creía ser eterno y a Cristina la están tentando con la misma ilusión. Mientras en Venezuela crece la violencia, en la Argentina impera la corrupción. ¿No hay otros modelos a los que mirar? Tanto dentro de América latina como fuera de ella, ¿no prosperan ejemplos políticos o económicos más interesantes? El populismo exalta la irracionalidad. Decenas de países, algunos de ellos francamente exitosos, se acogen a la racionalidad. ¿Por qué rara vez se los menciona? El populismo es exaltado, habla de heroísmo, intenta reunir multitudes y convoca a proezas. Pero sus hazañas son muchas veces meramente retóricas, mientras otras repúblicas menos ostentosas cumplen en silencio su labor cotidiana.

Cuando hablamos de América latina, ¿por qué rara vez mencionamos a Brasil? ¿Por qué no acudimos a otros ejemplos, como el de Chile, que está destinado a convertirse pronto en el primer país desarrollado de nuestra región? Pareciera que, en el nivel de la atención pública, en el ámbito mediático, sólo cuentan los personajes y los episodios que hacen ruido. Chávez, sin duda, ha hecho y aún hará mucho ruido, más ruido que esas repúblicas "normales" que se limitan a recorrer el camino de lo previsible.

Varios países latinoamericanos ya han escogido este método. En países como Brasil o México, como Chile, Colombia o Perú, como Uruguay y la mayoría de los países centroamericanos, se sabe cuánto durará el presidente y cuáles son las reglas del juego de acuerdo con las cuales ejercerá y se transmitirá el poder. Esto no se sabe en los países sometidos a gobiernos presuntamente "eternos", como lo fue Venezuela bajo Chávez y quizá lo sea la Argentina bajo Cristina. Por cualquier medición nos va mal, pero aun así, ¿no es esto más excitante que las mediciones convencionales?.

TEMAS DE HOYInflación y preciosFrancisco en Semana SantaCristina KirchnerLa tragedia del ferry Sewol