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Jorge Bergoglio: anécdotas del hombre que hace un culto del perfil bajo

El Mundo

Viaja en colectivo, no acepta invitaciones a cenas y recuerda las enseñanzas de su padre; cómo es hoy el día a día del nuevo Papa

Por   | LA NACION

El 21 de febrero de 2001, Guillermo pasó a buscar a Jorge Bergoglio por la casa para sacerdotes en la que había dormido, en Roma. Era la mañana en que Juan Pablo II iba a consagrarlo Cardenal y debían ir hasta la Santa Sede.

"¿En qué vamos?", preguntó Guillermo. "¿Cómo en qué vamos?, ¡Caminando!". Vestido de colorado, Bergoglio adelantó el pasó y frenó a los pocos metros. Era temprano y todavía había tiempo para tomar un ristretto de parado en alguna cafetería. "Quedate tranquilo que en Roma podés caminar con una banana en la cabeza y nadie te va a decir nada", soltó entre risas.

"Cuando llegamos, entramos por un costado y los guardias no entendían nada. La mayoría de los cardenales iban con grandes comitivas. El había llevado dos o tres personas de su familia y a mí", recuerda en diálogo con LA NACION Guillermo Marcó, su vocero durante una década y actual responsable para la Pastoral Universitaria del Arzobispado de Buenos Aires.

Aquel día, rumbo a su encuentro con Juan Pablo II, Bergoglio rememoró las palabras de su padre. "Cuando vayas subiendo, saludá a todos. Son los mismos que vas a encontrar cuando vayas bajando".

Con ese espíritu transitó su camino Jorge Mario Bergoglio, el sacerdote jesuita nacido el 17 de diciembre de 1936 en el barrio porteño de Flores. Antes de convertirse en cardenal, fue técnico químico, sacerdote, profesor de literatura, provincial, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y arzobispo de Buenos Aires.

El 19 de abril de 2005, día en que fue elegido Joseph Ratzinger como el nuevo Papa, el argentino quedó segundo. En el tercero de los cuatro escrutinios, recibió 40 votos.

 
 

Sin embargo, más allá de su peso en las más altas esferas de la Iglesia y de una estrecha relación con el poder, que nunca lo incomodó, Bergoglio, hijo de un trabajador ferroviario y una ama de casa, elige pasar sus días de la manera más austera posible y con un perfil bajísimo.

Bergoglio vive en un cuarto de la Curia, del que sale muy poco. Salvo en contadas excepciones, en las que cena o almuerza en pequeños comedores populares, come solo y jamás acepta una invitación para ir a un restaurante.

Mientras está en la Argentina, pasa sus días entre audiencias y reuniones. Responde metódicamente todos los llamados y, más allá de su fuerte carácter, trata de ser claro y suave en el diálogo.

Pese a su cargada agenda, siempre se hace tiempo para sus otras pasiones. San Lorenzo, la música clásica y literatura. Borges y Marechal, sus favoritos.

Es raro que salga de Buenos Aires. Cuando debe viajar a Roma por cuestiones religiosas lo hace siempre en clase turista y no son pocos los que lo han visto atravesar la ciudad en subte o en colectivo para visitar barrios y villas alejadas.

El perfil bajo es una marca registrada en Bergoglio, el jesuita de Flores que se convirtió en el primer papa latinoamericano de la historia..

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