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Jorge Bergoglio, un sacerdote jesuita de carrera

El Mundo

El nuevo Papa inició su carrera en la Iglesia a los 21 años tras recibirse como técnico químico; en 2005 fue el segundo más votado luego de Ratzinger

Jorge Mario Bergoglio, es uno de los 183 obispos de la Iglesia Católica y el actual arzobispo de Buenos Aires, además del primado de la Argentina.

Sacerdote jesuita nacido el 17 de diciembre de 1936 en la ciudad de Buenos Aires, Bergoglio es hijo de un matrimonio de italianos formado por Mario (ex empleado ferroviario) y Regina (ama de casa).

Egresó de la escuela secundaria industrial E.N.E.T Nº 27 (ahora E.T.Nº 27) Hipólito Yrigoyen con el título de técnico químico, pero a los 21 años (en 1957) decidió convertirse en sacerdote. Miembro de la Compañía de Jesús, Jorge Bergoglio fue considerado uno de los fuertes candidatos a tomar el lugar de Juan Pablo II cuando éste murió, el 2 de abril de 2005.

En aquel momento, eran 117 los cardenales menores de 80 años en condiciones de votar para elegir un nuevo papa, entre los cuales se encontraba el cardenal Bergoglio, de quien se dice que logró obtener 40 votos de los 77 necesarios para ser elegido.

Pero el cardenal alemán Joseph Ratzinger, de 77 años y miembro de la poderosa Congregación de la Doctrina de la Fe, fue elegido en la tercera votación, en la que finalmente apareció el humo blanco, tras dos fumarolas negras vistas en el techo del Vaticano.

 
 

Carrera sacerdotal

Jorge Bergoglio fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969, desempeñándose como superior provincial de los jesuitas, entre 1973 y 1979, en plena dictadura militar, tiempos violentos en los que le tocó reencauzar la misión pastoral de la orden religiosa fundada por San Ignacio de Loyola.

Luego de una gran actividad como sacerdote y profesor de teología, fue consagrado obispo titular el 20 de mayo de 1992, ejerciendo como uno de los cuatro obispos auxiliares de Buenos Aires. El 28 de febrero de 1998 tomó el cargo de arzobispo de Buenos Aires, sucediendo a Antonio Quarracino.

Durante el consistorio del 21 de febrero de 2001, el papa Juan Pablo II lo nombró cardenal del título San Roberto Belarmino. Además, se constituyó en el primado de la Argentina, resultando así el superior jerárquico de la Iglesia católica argentina.

Jorge Bergoglio fue presidente de la Conferencia Episcopal Argentina durante dos períodos. Impedido por el estatuto de asumir un nuevo mandato, durante la 102º asamblea plenaria de ese organismo se eligió al arzobispo de la Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz, José María Arancedo, para sucederlo.

En la Santa Sede es miembro de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos; de la Congregación para el Clero; de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica; del Pontificio Consejo para la Familia y la Pontificia Comisión para América Latina.

Una vida austera y ejemplificadora

Bergoglio vivió hasta hoy solo, en un departamento sencillo, en el segundo piso del edificio de la Curia, al lado de la Catedral.

Desde la ventana de su departamento, ubicado en el segundo piso del edificio de la Curia, al lado de la Catedral de Buenos Aires, observó con sentida preocupación el estallido de la crisis de diciembre de 2001 en la Plaza de Mayo, que derivó en la renuncia de Fernando de la Rúa. Hasta su cuarto llegaban los gases lacrimógenos. Al ver con indignación cómo una señora era golpeada por agentes policiales, tomó el teléfono para hablar con el ministro del Interior y fue atendido por el entonces secretario de Seguridad, Enrique Mathov, a quien le pidió por favor que la policía supiera diferenciar entre los activistas y los simples ahorristas.

Enemigo de apariciones estridentes, Jorge Bergoglio rehúye toda exposición en los medios de comunicación. Mantener un estricto bajo perfil le permite viajar en subterráneo y en colectivo como cualquier pasajero. Con frecuencia confiesa en la Catedral como un sacerdote más. Tras la masacre de Cromagnon recorrió hospitales para estar al lado de los heridos y familiares de las víctimas.

Al poco tiempo de ser ordenado sacerdote padeció problemas respiratorios y, tras una operación, sufrió la pérdida de un pulmón. Hoy goza de muy buena salud, fruto de la vida austera y rigurosa que siempre ha observado.

Cuando viaja a Roma, no le gusta mostrarse con los atributos de un cardenal. Por eso es frecuente verlo con un sobretodo negro, para no hacer ostentación de la llamativa vestimenta de los purpurados. Además, cuando el Papa lo proclamó cardenal, a diferencia de otros, no se compró una vestimenta nueva, sino que ordenó arreglar la que usaba su antecesor Quarracino.

Su primer acto de gobierno al asumir en la arquidiócesis fue crear la Vicaría Episcopal de Educación, un virtual ministerio que tiene bajo su jurisdicción tantas escuelas y alumnos como los que atiende el gobierno porteño. Pero, a diferencia de los clásicos consejos de educación católica, su premisa es dedicar los esfuerzos de la Iglesia a toda la educación, no a los intereses de los colegios católicos.

En sus homilías, el cardenal revaloriza en forma permanente el sentido de la patria y las instituciones y, pese a su formación técnica de ingeniero químico, es un apasionado lector de Dostoievski, Borges y autores clásicos. Es habitual, además, su presencia en actos ecuménicos e interreligiosos.

Fiel a su baja exposición, el cardenal primado tiene afinidades muy escondidas pero significativas. Así como el cardenal Juan Carlos Aramburu era muy aficionado al boxeo, a Jorge Bergoglio le gusta el fútbol. Es simpatizante de San Lorenzo de Almagro y una vez, cuando jugaba el goleador Alberto "Beto" Acosta, el plantel le regaló una camiseta autografiada por los jugadores. También le gusta el tango.

Con la colaboración de Mariano de Vedia.

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