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Ecoturismo

Viaje por la Gran Sabana, el Parque Jurásico venezolano

Turismo

Al sur del país y dentro del Parque Nacional Canaima, esta extensa región posee las tierras más antiguas del planeta y es hogar de bosques, ríos, la catarata más alta del mundo y un centenar de tepuyes, montañas con la cima plana y paredes verticales

Por   | Para LA NACION

 
Desde cascadas de metro y medio hasta saltos de 15 metros, las caídas de agua son una constante en el parque. 
 
Viajar a la Gran Sabana es encontrarse, de pronto, como transportado por una máquina del tiempo, ante las panorámicas salvajes del Precámbrico. Y no es esto producto de la fantasía, sino de la geología, la historia de la Tierra y del proceso remoto de formación de los continentes: sus suelos tienen más de 1700 millones de años; son las superficies expuestas más antiguas del planeta. En el Parque Nacional Canaima, al sur de Venezuela, la Gran Sabana está compuesta por vastísimas explanadas llenas de verdor, salpicadas por densos bosques, y a cada tanto serpenteadas por el cauce de un río rojizo, otro transparente, otro oscuro como té negro. Y al fondo, como pintados en un papel tapiz, yacen con altivez las murallas sólidas de los tepuyes, antiquísimas formaciones de roca que emergen de la sabana como mesetas de paredes verticales de hasta 2800 metros. Y cumbres llanas como gigantescas canchas de fútbol (algunas miden hasta 700 km2, siete veces el tamaño de París), apenas habitadas por especies endémicas, plantas insectívoras, helechos prehistóricos y esculturas naturales talladas en piedra por el agua y el viento durante mil siglos. De modo que aquí, lejos de los efectistas de Hollywood, el visitante se hallará de vuelta al pasado, en un lugar al que sólo le faltan dinosaurios para lucir como el Parque Jurásico de Spielberg.

A partir del 723

Todo viaje a la Gran Sabana debería hacerse en auto, yendo de Norte a Sur. Si va con un operador turístico tendrá todo planificado, pero si va por cuenta propia, con un auto alquilado, podrá detenerse cuando quiera para admirar el paisaje, un tepuy, una cascada a orillas del camino. En todo caso es muy fácil transitar por el parque nacional, pues una única, larga y muy bien pavimentada carretera lo atraviesa de un extremo a otro, a cuyos lados reposan las principales maravillas de este destino.

Una última sugerencia: conviene prestar atención a los avisos que marcan una enumeración en kilómetros al borde de la vía. Resultaría intrascendente de no ser porque ésta puede servir como inequívoca referencia para ubicar al viajero a lo largo del trayecto, de manera que en adelante la utilizaremos como práctica nomenclatura.

Así sería oportuno decir que el cartel que anuncia 723 define el comienzo oficial de la Gran Sabana. El lugar se conoce como la Piedra de la Virgen, un monolito de unos 30 metros y varias toneladas que para algunos recuerda el rostro de María con sus manos juntas en oración, mientras otros ven en ella a la santa madre de Cristo aparecida en una mancha blanca sobre la roca.

Veinte kilómetros más adelante, una húmeda trocha conduce hasta el salto El Danto, una caída gruesa de quince metros que en invierno crece y suele inundar la carretera.

En el 765 se abre una amplia zona de camping organizada junto al río Aponwao, con puesto de guardabosque, un quiosco de comida y baños públicos. Si pernocta allí, a la mañana siguiente despertará ante la asombrosa visión de los primeros tepuyes recortados en el horizonte.

En el 768, conocido como Fuerte de Luepa -un comando militar-, hay una estación donde imperativamente debe cargar nafta. Lo mismo conseguirá en el 796 (Rápidos de Kamoirán). Es que en la Gran Sabana hay una regla: recargar el tanque siempre que sea posible, pues siendo un lugar tan grande y aislado, la escasez de combustible es cosa habitual, sumado a que, dada la cercanía con la frontera brasileña, el sitio se presta para el tráfico ilegal, y este a su vez deriva en regulaciones y excesivos controles de las autoridades.

El rumor de la sabana

 
El comienzo oficial de la Gran Sabana está en el km 723, conocido como Piedra de la Virgen. 
 
Continuando el recorrido, en el 797 se encuentran las cascadas de Manacachi, un lecho abundante que se trastorna de repente en una decena de pequeños saltos de unos dos metros. Dependiendo del volumen de agua, en ciertas épocas allí se puede tomar un baño placentero y relajante, como una sesión de ducha sueca.

En el 820 ruge el salto Kawi, que en temporada de lluvias intimida con su estallido de espuma, y en la sequía divierte hasta a los niños bajo el chorrito de su arroyo. Apenas seis kilómetros más adelante se desploma al lado derecho de la carretera un sitio de notable belleza: el salto Kama, una caída de 60 metros que corre como velo de novia, con tan persistente sonido y tanta gracia que hechiza como la flauta del encantador a la serpiente.

El lugar cuenta con cabañas y una zona de camping para pernoctar bajo el cielo tachonado de estrellas. También dispone de un teléfono público desde donde podrá hacer llamadas internacionales. Sólo Kama y Kamoirán ofrecen este servicio en toda la Gran Sabana.

Descansar la vista

Un sitio inmejorable para admirar los esplendores de la mañana es el llamado Mirador El Oso. Debe estar muy atento para encontrarlo, pues se ubica siguiendo un camino irregular de piedras y tierra de unos quinientos metros desde la carretera de asfalto. Su entrada no está señalizada, por lo que es muy fácil que pase inadvertida. Pero basta saber que se encuentra, del lado izquierdo del camino en dirección al sur, a la altura del kilómetro 854. Desde allí se contemplan, como en un cuadro de los impresionistas, las montañas azuladas por la distancia, nítidas y angulosas: la Cadena Oriental de Tepuyes, una hilera de mesetas dispuestas como piezas de lego y llamadas en lengua pemón (dialecto de la etnia local) Tramén, Ilú, Karaurín, Wadakapiapué, Yuruaní, Kukenán y Roraima, que inspirara con su cima misteriosa el clásico The Lost World , de Sir Arthur Conan Doyle.

En el 861, como incrustado en la montaña, un salto de veinte metros pincela de blanco la piedra roja para formar la quebrada Pacheco. Pero entre todos, el más famoso balneario de la Gran Sabana es sin duda la quebrada de Jaspe (898). Hay que caminar unos 200 metros por la sabana y luego descender un ligero bosque de galería para llegar al lugar donde corren las aguas de este parador, que se deslizan como una alfombra sobre el piso ancho, liso y colorado, cual patio adoquinado de jaspe semiprecioso, creando sin querer un tobogán natural para disfrute de los niños. En la cabecera de la quebrada, una cascada de metro y medio se rinde amablemente sobre la espalda de los turistas que no dudan en tenderse, como en la camilla de un quiropráctico, a recibir una imperdible terapia de hidromasajes (para caminar acá use zapatos para el agua o medias, pues la piedra es muy resbalosa).

Broche de oro

Lo demás son pausas puntuales: en el 870 para mirar el impresionante salto Yuruaní -muy hermoso, pero repleto de aterradores mosquitos-; luego está la comunidad indígena de San Francisco, buen sitio para comprar artesanía y almorzar -nada sofisticado ni recetas locales, pero buena comida a precio razonable-, y la entrada a Paraitepui, a una hora de camino rústico, lugar de partida para los montañistas que emprenden el ascenso del Roraima.

El punto final de la Gran Sabana es la pequeña ciudad de Santa Elena de Uairén, último centro poblado antes de cruzar la frontera con Brasil. El lugar es ideal para hacer compras de supermercado, tener acceso a Internet y al celular -que no reciben cobertura a lo largo del itinerario descrito-, y comer carne en cualquiera de las churrasquerías al estilo brasileño donde, por una tarifa fija, puede almorzar a voluntad, de manera que nadie diga que no concluyó el viaje con dorado colofón.

Datos útiles

    Dónde dormir
  • Hospedaje: el parque nacional cuenta con una decena de zonas de camping debidamente señalizadas. Hay posadas con camas en los rápidos de Kamoirán, e igualmente chozas hacia la quebrada Pacheco y Jaspe (en estos últimos evite acampar, pues en la noche abundan los mosquitos). En Santa Elena de Uairén hay sitios sencillos (Posada Backpacker) y hoteles de cuatro estrellas (www.hotelgransabana.com; www. hotelanaconda.net).
  • Dónde comer
  • A lo largo de la Gran Sabana conseguirá restaurantes en el salto Kama, los rápidos de Kamoirán, San Ignacio y San Francisco de Yuruaní. Asimismo encontrará muchos paradores al borde del camino, tarantines indígenas de buena comida y seguramente más económicos. No deje de probar casabe, mañoco y cashiri, una suerte de aguardiente preparado por los pemón.
  • Excursiones
  • A partir de la carretera pavimentada surgen numerosas trochas que conducen a comunidades indígenas como Kavanayén y Chivatón, o cascadas como el salto Aponwao (150 m de altura), salto Torón o La Golondrina, o miradores como El Abismo, en El Paují. Una excursión imperdible es la que va hasta el salto Ángel, la caída de agua más alta del mundo (979 m). Parte desde Ciudad Bolívar, siempre en avión, y dependiendo del plan elegido puede tomar uno, tres o cinco días.
  • En Internet
  • www.lagransabana.com
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