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"Si no me caso con vos, me hago cura"

Amalia Damonte, de 76 años, contó que Bergoglio le declaró su amor a los 12 años

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LA NACION
Viernes 15 de marzo de 2013
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Amalia Damonte no quiere saber nada con que la llamen la "ex novia" del nuevo papa ni que fue por ella que Jorge Mario Bergoglio decidió convertirse al sacerdocio. Pero lo cierto es que, cuando ambos eran chicos, él le declaró su amor y le advirtió que si ella no lo aceptaba, él dedicaría su vida a Dios.

"Me dijo: «Si no me caso con vos, me hago cura». Sí, pero eran cosas de pibes nomás. Aunque, por suerte para él, no se casó conmigo y ahí está ahora como papa", comentó a la nacion Damonte, de 76 años, que vive a cuatro puertas de donde era la casa de infancia de Bergoglio, sobre la calle Membrillar, en el barrio de Flores.

Ambos tenían unos 12 años, allá a fines de la década del 40, cuando pasaban tiempo jugando entre amigos del barrio en la vereda. Así se conocieron y un día Bergoglio le escribió una carta en la que reveló sus sentimientos por su vecinita.

Amalia Damonte
Amalia Damonte. Foto: R. Pristupluk

"En la carta había dibujado una casita blanca, de techos rojos, y había escrito: «Esta casita es la que te voy a comprar cuando nos casemos»", rememoró la mujer, a quien le brilla la mirada detrás de sus anteojos al recordar la romántica misiva.

Para mala suerte de los jóvenes, los padres de Damonte encontraron la carta. El padre se enfureció, la madre rompió la declaración de amor y le prohibieron que siguieran viéndose.

"Causó un gran problema familiar", se apenó la anciana, mientras su perro, Wolfgang, parecía lamentarse con ladridos el rumbo que tomó el destino de estos amantes imposibles.

Los padres de Damonte se mudaron luego de esa casa, donde quedaron viviendo unas tías, y más tarde también se mudaron de la cuadra los Bergoglio. Damonte, que luego se casó, tuvo tres hijos y volvió a vivir a la casa de su juventud, ya no volvió a ver nunca más a su frustrado novio. Pero siguió su carrera religiosa por parientes y vecinos, ya que Bergoglio continuó muy vinculado al barrio a través de la iglesia de San José de Flores.

Anteayer, cuando lo vio por televisión asomarse al balcón de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, se le caían las lágrimas de la emoción.

"Me paré delante de la tele y quedé petrificada. Todavía no puedo creer que Jorge sea hoy el Papa", comentó la mujer, para quien sería una gran alegría volver a verlo y felicitarlo con un fuerte abrazo. o un beso. "Pero en el anillo, como se debe hacer, ¿no?", resaltó, un tanto ruborizada.

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