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Bergoglio, papa / Una trayectoria sencilla

Un sacerdote con pocos tesoros terrenales

El Mundo

La austeridad que sorprende al mundo es la continuación de un estilo de vida signado por escasos elementos personales, como libros, el mate y algunas "reliquias" futbolísticas; para sus allegados, el cambio más fuerte es el traje blanco de pontífice

Por   | LA NACION

Los libros, el tango, el mate y el fútbol -sobre todo si se trata de San Lorenzo- son los bienes más preciados del flamante papa, que no usa computadoras ni teléfonos celulares y mantenía en Buenos Aires una regla de vida casi monástica.

Además de los libros, lo más valioso para él quizá sean las tres "reliquias" del club del que es fanático y donde su padre jugó al básquet, San Lorenzo: una camiseta, un pedazo del tablón de la vieja cancha y la foto del Gasómetro.

De algunos libros ya se había empezado a desprender desde diciembre de 2011, cuando presentó la renuncia al arzobispado, al cumplir 75 años. Había donado al seminario de Devoto, otros a la biblioteca de la curia porteña y otros los mandó al hogar sacerdotal, donde viven obispos o curas que no tienen una parroquia a cargo.

Allí habrían estado reservando una habitación porque, según decía el mismo Bergoglio, era el lugar adonde iría a vivir cuando entregara el arzobispado a su sucesor.

Sus tres "tesoros" futbolísticos, en cambio, es probable que le sean enviados a Roma. Al menos así lo creían hasta ayer algunos empleados de la curia. Por ahora se conservan en el despacho del segundo piso del arzobispado que también usaba como depósito y cuyo escritorio estaba siempre atiborrado de papeles.

"No obstante tener papeles y paquetes en un aparente desorden, él sabía perfectamente dónde estaba cada cosa", admitió con una sonrisa uno de los empleados.

Bergoglio enviaba dejar allí los regalos que le mandaban y que automáticamente ordenaba enviar a la parroquia de alguna villa, a Cáritas o a otras instituciones.

En el segundo piso del edificio, ubicado junto a la Catedral metropolitana y frente la mítica Plaza de Mayo, hay oficinas, una capilla y un comedor y en el tercero, algunas hay habitaciones.

 
 

Hasta el 26 de febrero pasado ése era el hogar que el ahora sucesor de Benedicto XVI compartió en diferentes momentos con algunos de sus obispos auxiliares o con visitantes. Allí vivía del mismo modo desde las primeras horas de su pontificado que sorprende al mundo.

Se levantaba antes de las cinco, rezaba algo más de una hora y, muchas veces, entre las 7 y las 8 celebraba misa sin la presencia de fieles, en una capilla de la planta baja del arzobispado.

Recibía gente en audiencias privadas entre las 8 y la 18 y sólo las interrumpía una hora para almorzar, entre las 12 y las 13. Luego, si no tenía que presidir alguna fiesta patronal de una parroquia -procuraba no faltar a ninguna-, se retiraba al tercer piso.

De las tareas domésticas y de la comida del arzobispo se encargaban tres religiosas. "Pero muchas veces se las arreglaba solo y se preparaba el té o el café cuando estaba dando las audiencias", dijeron.

Para quienes estaban habituados a ver a diario a Jorge Mario Bergoglio el cambio más importante en su imagen es el color de su vestimenta. "Trabajo con él desde hace más de cinco años y nunca lo vi con ropa que no fuera negra; siempre muy discreto y siempre igual", afirmó un integrante de su despacho, y deslizó que al verlo ayer por televisión, todo vestido de blanco, reconoció casi con nostalgia los mismos zapatos que su ahora ex arzobispo usaba en Buenos Aires.

"Hoy [por ayer] empezamos a sentir su ausencia y a caer en la cuenta de que ya no estará acá con nosotros", se lamentó otro de los empleados de la curia.

El impacto de la designación como papa también repercute en la intimidad de la familia Bergoglio. "Todavía no tengo un orden en cuanto a los sentimientos en mi mente porque ha sido muy muy fuerte", confió ayer desde Ituzaingó María Elena Bergoglio, la única viva de sus cuatro hermanos.

Video: El nuevo papa, Francisco I saludó a los fieles presentes en la plaza San Pedro

María Elena, como sus hijos y sobrinos, no se esperaba para nada lo que sucedió anteayer en el Vaticano.

En breve contacto con el periodismo, expresó que estaba convencida de que en esta ocasión "no existía la mínima posibilidad de que [él] pudiera ser papa".

En cambio, reveló que en el cónclave de 2005 en el que fue ungido Benedicto XVI ella pidió a Dios que su hermano no fuera el elegido porque cuando conoció a Juan Pablo II vio en sus ojos "un amor inmenso, pero también una inmensa soledad". María Elena Bergoglio recordó la impresión que le dio Karol Wojtyla, en ocasión de acompañar a su hermano al Vaticano cuando lo hicieron cardenal, en febrero de 2001.

En cambio, en esta oportunidad, María Elena contó qué le pidió a Dios: "Que se haga tu voluntad". Y esa voluntad divina es, para ella, un hecho histórico que, "desde la fe no se puede describir, no tiene palabras". Pidió rezar por el Papa. Y recordó que su hermano siempre pedía que rezaran por él. "No lo dijo sólo en esta ocasión"..

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