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Una era de cambios en la Iglesia

La revolución de Francisco: austeridad y humildad

El Mundo

En las primeras horas como pontífice, Bergoglio sorprendió con sus gestos: se negó a viajar en la limusina del Vaticano, fue él mismo a pagar la cuenta del albergue en el que se había alojado y no quiso saludar a los cardenales sentado en el trono; instó a los prelados a vivir de manera "irreprochable" y pidió volver a los fundamentos esenciales de la Iglesia

Por   | LA NACION

ROMA.- La revolución en el Vaticano del papa del fin del mundo, Francisco, ya ha comenzado. Las señales del cambio, de la ruptura de estilo, son evidentes: nada de limusina, nada de crucifijo de oro, nada de estola, nada de zapatos rojos. Adiós a la ostentación, a la pompa: bienvenida la austeridad, la sencillez.

Cuando le prepararon ayer un discurso en latín para su primera misa "por la Iglesia" en la Capilla Sixtina, como había ocurrido con Benedicto XVI, Bergoglio, tímido, gentil, pero determinado, lo rechazó.

Sin leer texto alguno, el primer papa latinoamericano de la historia, el primer jesuita, el primer argentino, volvió a sorprender con una homilía salida del corazón, pronunciada en italiano. Concisa, simple y directa, en la que trazó el programa de su papado: volver a los fundamentos esenciales, a la forma original más pura de la Iglesia: "Caminar, edificar, confesar, llevando la cruz de Cristo".

"Cuando caminamos sin cruz, cuando edificamos sin cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor", dijo a los 114 cardenales electores, en el mismo lugar en el que había sido elegido, en el quinto escrutinio, el día anterior. Fue más allá: invitó a los cardenales a vivir de "manera irreprochable", como Dios le pidió a Abraham que lo hiciera. Porque, tal como subrayó, quien no reza a Cristo reza al diablo. "Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del demonio", sentenció.

Por la mañana, quisieron llevarlo a ver un sastre. Pero él dijo que no, porque antes quería saludar a la Virgen. Quisieron llevarlo en la limusina oficial de los papas con chapa SCV (Stato Città del Vaticano) y él también se negó: quiso ir en un auto común.

Quisieron enviar un gentilhombre a retirar las pertenencias que había dejado en una habitación de la Casa del Clero, donde solía alojarse cuando viajaba a Roma, pero sorprendió a todo el mundo y fue él, en persona a pagar la cuenta.

La primera jornada del ex cardenal primado de Buenos Aires Jorge Bergoglio como Sumo Pontífice dejó ayer sólo una certeza: ya nada será como antes en el Vaticano. Fiel a su nombre, Francisco, el santo de los pobres, de los desposeídos, de los marginados, el Papa dejó en claro que rechazará la pompa vaticana.

Así como tras el anuncio del habemus papam anteanoche sorprendió por no utilizar la estola y tenerla en la mano durante la bendición, tampoco usará zapatos rojos sino que seguirá llevando zapatos negros y pantalones del mismo color.

También continuará con esa cruz simple, de plata, de obispo, que tanto impactó anteanoche cuando salió a dar su inédita bendición urbi et orbi inédita, en la que primero se hizo bendecir por el pueblo, por la multitud, y sólo después bendijo él.

La "ruptura" de estilo de Francisco es "evidente", admitió el mismo vocero del Vaticano, padre Federico Lombardi. Este jesuita de amabilidad y paciencia inaudita ante los más de 5600 periodistas acreditados, casi no pudo contener las lágrimas ayer cuando, en una conferencia de prensa, le preguntaron cómo se sentía ante esta inmensa novedad para la historia de la Iglesia.

"Es algo extraordinario ver un papa jesuita, no estamos preparados psicológicamente, lo vivo como un llamado al servicio", dijo.

Fiel reflejo del giro copernicano, anteanoche, cuando después del habemus papam y la bendición urbi et orbi le ofrecieron al papa Francisco desplazarse del Palacio Apostólico hasta el hotel Santa Marta, rechazó ir en la limusina oficial. Prefirió viajar en un pequeño ómnibus con sus "hermanos cardenales", según contó Lombardi.

Anteanoche, después de cenar con ellos, les dijo "que Dios los perdone, no sabe lo que han hecho", con sentido del humor.

Lombardi también contó que Francisco -que es Francisco a secas, no Francisco I, como reiteró- esa misma primera noche como papa lo llamó por teléfono al papa emérito, Benedicto XVI, con quien se reunirá pronto -no en forma inminente- en Castel Gandolfo.

Más allá de la ruptura de estilo, en sus primeras 24 horas, el Papa hizo entender que piensa también revolucionar el gobierno central de la Iglesia.

Por la tarde, cuando presidió su primera misa en la Capilla Sixtina, con el espectacular fresco del Juicio Final, de Miguel Ángel, como testigo, luego de rechazar leer un discurso preparado en latín, en una homilía concisa, fundacional, Francisco aludió en forma directa a la crisis que vive la Iglesia Católica.

Además, fiel a su estilo, se negó a sentarse en un trono que sus asesores habían colocado sobre una plataforma para que se sentara mientras los cardenales le prometían obediencia uno a uno.

En vez de eso, se quedó de pie mientras cada uno de sus pares lo saludaba.

"Nuestra vida es un camino y cuando nos detenemos, la cosa no va. Caminar siempre, en presencia del Señor, a la luz del Señor. Edificar la Iglesia: se habla de piedras, pero piedras vivas, ungidas por el Espíritu Santo. Tercero: confesar. Nosotros podemos caminar cuanto queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, la cosa no va. Nos convertiremos en una ONG asistencial, pero no la Iglesia, esposa del Señor", sentenció.

"Cuando no caminamos, nos detenemos, cuando no edificamos sobre las piedras ¿qué sucede? Sucede lo mismo que les pasa a los chicos en la playa cuando construyen castillos de arena, todo se viene abajo, es sin consistencia. Cuando no se confiesa Jesucristo, recuerdo la frase de León Bloy: «Quien no reza por el Señor, reza por el diablo». Cuando no se confiesa Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio", disparó.

Con esas palabras aludió, sin mencionarlo, a ese "rostro desfigurado" de la Iglesia denunciado por el mismo Benedicto XVI, papa emérito, después de su renuncia, para muchos impulsada por una situación interna llena de intrigas y venenos salidos a la luz con el escándalo VatiLeaks.

"Yo quisiera que todos, después de estos días de gracia, tengamos el coraje, sí, el coraje, de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor, de edificar la Iglesia sobre la sangre de Cristo, que es derramado sobre la Cruz y de confesar la única gloria: Cristo Crucifijado. Y así la Iglesia saldrá adelante", aseguró.

"Yo espero para todos nosotros, que el Espíritu Santo, por la oración de la Virgen, nuestra madre, nos conceda esta gracia: caminar, edificar, confesar Jesús Crucifijado. Que así sea", concluyó.

El Papa tendrá en los próximos días una agenda cargada. Hoy recibirá a todo el colegio cardenalicio en la Sala Clementina y mañana comparecerá ante los periodistas, como ya hizo Benedicto XVI.

Pasado mañana rezará el primer Angelus desde la ventana del estudio pontificio y el martes se celebrará la misa inaugural de su pontificado en el día de San José, patrono de la Iglesia. En la ceremonia se espera la presencia de líderes de todo el mundo, entre ellos, la presidenta Cristina Kirchner y la mandataria de Brasil, Dilma Rousseff.

Cambios drásticos

La revolución de Francisco ya ha comenzado y se perfilan cambios drásticos en esa curia romana tan criticada durante el reino de Benedicto XVI, marcado por una serie de crisis evitables.

En una imagen reveladora, anteanoche después del habemus papam, cuando Bergoglio no quiso la limusina y se subió al colectivo con los demás cardenales para ir al hotel Santa Marta, detrás venía un auto en el que viajaba un hombre solo: el ex secretario de Estado Tarcisio Bertone.

Por ahora, tanto el secretario de Estado como los jefes de los demás dicasterios romanos, se encuentran en stand by, a la espera de saber si serán reconfirmados en sus cargos, o no. Y parece evidente que, muy pronto, habrá cambios importantes en la cúpula del Vaticano para que la Iglesia vuelva a su esencia: caminar, edificar, confesar, llevando la Cruz de Cristo. El plan del papa Francisco..

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