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"Soy un pecador, pero acepto", dijo en el cónclave

El Mundo

Cuando Bergoglio llegó a los 77 votos, estalló un aplauso; desde el principio habría sido el más votado

ROMA (De nuestra corresponsal).- "Soy un pecador, pero como esta dignidad se me ha conferido, acepto" , dijo el cardenal primado de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, anteayer, cuando, al cabo del quinto escrutinio que lo coronó 266° sucesor de Pedro, el cardenal italiano Giovanni Battista Re le preguntó si aceptaba el papado.

"Cuando Bergoglio llegó al voto número 77, estalló un aplauso. Todos estábamos muy felices por el resultado; son emociones muy fuertes", contó el cardenal norteamericano Timothy Dolan, el expansivo y simpático arzobispo de Nueva York.

Más allá del pacto de silencio y la pena de excomunión que pesa sobre sus cabezas, las impresiones y los comentarios de purpurados que participaron de la gran elección sirven para tejer el rompecabezas de la historia íntima del cónclave. La elección más secreta del mundo, que con el tiempo suele filtrarse y en la que por primera vez se eligió a un papa no europeo, jesuita y argentino.

Como pudo verse en directo por la televisión antes del comienzo del cónclave, los 115 cardenales electores, algunos más tensos que otros, algunos con voz más temblorosa que otros, fueron jurando solemnemente ante los Evangelios no revelar absolutamente nada de lo que pasara entre las paredes de la Capilla Sixtina, desde las cuales el Juicio Final de Miguel Ángel les recuerda que les espera el arbitrio divino.

También es revelador de lo que sucedió durante la elección del papa Francisco el hecho de que la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) felicitara por error al cardenal Angelo Scola, arzobispo de Milán.

Era el "delfín" de Joseph Ratzinger y gran favorito. En una gaffe , entre la fumata blanca y el anuncio de "habemus papam", la CEI envió por correo electrónico un comunicado celebrando "con alegría y reconocimiento al cardenal Angelo Scola sucesor de Pedro".

La campaña mediática que hubo sobre la candidatura de Scola, en efecto, finalmente le jugó en contra. Se cree que en el primer escrutinio de la noche del miércoles Scola, de 71 años, pero que, siempre se supo, no contaba con el apoyo compacto de los cardenales italianos (el grupo nacional más numeroso con un total de 28 birretes), pueda haber obtenido unos 30 votos.

Según cálculos de expertos, en esa misma primera votación, que se anticipaba en los medios como un "match Italia-Brasil", porque se esperaba que el brasileño Odilo Pedro Scherer, candidato de cardenales curiales, cosechara también votos, el cardenal argentino, Jorge Bergoglio, sorprendió a todos con un paquete de sufragios muy superior al de Scola.

Scherer, en cambio, recibió muchos menos de lo que se esperaba. Salida en los medios italianos, "la operación Scherer" que apuntaba a sentar en el trono de Pedro al primer latinoamericano, brasileño y de origen alemán, a quien se le debía imponer un secretario italiano para mantener los actuales equilibrios, se había desinflado antes del comienzo.

Mucho antes del encierro en la Capilla Sixtina, durante las congregaciones generales, las reuniones de cardenales electores y mayores de 80 años, sigilosamente iba mencionándose, en los coffe-breaks, el nombre de Bergoglio. Ya conocido por 48 de los 115 electores que ya habían participado en el cónclave de 2005 -en el que fue el segundo más votado después de Joseph Raztinger-, el cardenal primado de Buenos Aires comenzó a estar en boca de todos después de su intervención de tres minutos, en la que fulguró al auditorio.

Con esa habilidad de orador que va al grano, directo y simple -que ya tuvo oportunidad de demostrar al mundo en sus primeras apariciones como pontífice-, Bergoglio habló del rostro de la misericordia de Dios. Los cardenales que no lo conocían vieron en él a una persona muy especial, una figura que podía inspirar, evangelizadora, que podía comunicar la fe. Los cardenales de los cinco continentes no buscaban a un manager, sino a una figura que el mundo pudiera ver como un líder espiritual, que tuviera fuerza, energía, para revitalizar la fe alicaida de la Iglesia. Austero, simple, humilde, carismático, Bergoglio encajaba perfecto.

Antes una suerte de desierto de grandes figuras posibles -Scherer se había quemado con la operación de la Curia-, cardenales asiáticos, africanos, norteamericanos, europeos, latinoamericanos e incluso italianos -entre hay algunos que nunca fueron muy amigos del cardenal argentino- entraron a la Sixtina decididos a apostar por esa persona que, más allá de los 76 años (para muchos analistas, un impedimento) era evidente: no participaba en acordadas, ni tenía lobby alguno detrás.

Más allá de que ya en el primer escrutinio Bergoglio pudo haber sido el más votado, superando incluso a Scola, el voto fue disperso. "Hubo varios candidatos", reveló el cardenal irlandés Sean Brady.

Entre ellos, el candiense Marc Ouellett, prefecto de la Congregación de los Obispos habría cosechado unos 20 votos. El resultado fue la primera fumata negra de la noche del miércoles.

La mañana siguiente, el campo de juego se limitó a menos candidatos. Scola seguía con buenos números, pero sin avanzar. Bergoglio, en cambio, en una dinámica psicológica tipo avalancha, seguía captando consensos. Hubo dos votaciones y una nueva fumata negra, la segunda: nadie había obtenido los 77 votos necesarios.

A la hora del almuerzo, el papable norteamericano que cautivó a muchos, con sandalias y barba, Sean O'Malley, se sentó junto al cardenal argentino. "Parecía muy abrumado por lo que estaba pasando", contó. Entonces, según la agencia ANSA, el mismo Scola habría dado un paso atrás haciendo entender claramente que no quería ser una "candidatura de división" e invitó a "trabajar por la unidad".

Algo parecido a lo que habría hecho Bergoglio en el 2005, llamando a quienes lo impulsaban a apostar por Ratzinger. Lo cierto es que la quinta votación fue la vencida. Se presume que Bergolgio superó con creces el número mágico de los 77 votos. "Fue un momento muy conmovedor a medida que se escuchaban los nombres: «Bergoglio, Bergoglio...» y de repente llegamos al número mágico de 77", contó Brady. Los cardenales aplaudieron al voto 77 y nuevamente cuando el conteo terminó. "No creo que haya habido un ojo seco en la casa (la Capilla Sixtina)", dijo Dolan.

La elección de colaboradores

Francisco debe designar su nuevo gabinete

  • Secretario de Estado
    Es un colaborador clave en la estructura papal: se encarga de todas las tareas políticas y diplomáticas de la Ciudad del Vaticano y de la Santa Sede. El actual secretario de Estado es el cardenal Tarcisio Bertone, de 78 años; ya se especula con algunos nombres de posibles reemplazantes
  • Mauro Piacenza
    Este cardenal, prefecto de la Congregación para el Clero, fue hasta hace algunos meses uno de los candidatos más mencionados para el cargo de secretario de Estado
  • Luigi Ventura
    El nuncio apostólico en París, de 68 años, también es mencionado en el Vaticano
  • Celestino Migliore
    El nuncio en Varsovia, de 60 años, es otro candidato posible
  • Antonio Mennini
    Entre los nuncios, es especialmente mencionado el actual representante en Londres, de 65 años
  • Otros cargos
    Francisco también debe nombrar al nuevo prefecto de la Casa Pontificia y otros muchos altos cargos dentro de la Iglesia; no sería extraño que confirme en sus funciones a algunos de los que ahora ejercen sus funciones en las altas esferas de la Iglesia
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