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Con tequila y sin Soda

El público mexicano recibió como a un ídolo local al ex Soda Stereo, en el comienzo de su gira para presentar el disco "Bocanada".

Viernes 08 de octubre de 1999

MONTERREY, México.- Se respira melancolía en las calles de esta ciudad, cierto aire demasiado espeso, calor, veredas angostas, adoquines desgastados por el loco e incesante correr de los autos y marquesinas coloniales pintadas de un amarillo infinitamente viejo. Sería casi imposible para cualquier porteño dejar de asociar inmediatamente esta imagen con la de alguna que otra callecita de arrabal escondida en San Telmo.

Es viernes por la tarde y del otro lado del vidrio la lluvia se debate entre caer de una vez por todas o seguir tiñiendo de gris oscuro el día que hasta hace algunas horas vestía de celeste profundo. De este lado, Gustavo Cerati toma un cigarrillo, lo enciende, lo lleva hasta su boca, lo saborea con los ojos bien cerrados y, al fin, exhala, y el humo grisáceo que se interpone ante su mirada azul no hace más que reforzar, metafóricamente, lo que sucede afuera con el cielo.

Para que la escena sea completa, alguien en esta sala de hotel cinco estrellas debería seleccionar el track 3 en el CD player para que por los parlantes comience a sonar "Bocanada", el tema que le da nombre al segundo disco solista del músico y que coronaría este momento con sutil perfección. Pero, lógicamente, eso no sucede, y de fondo sigue resonando casi imperceptible una emisora de radio local con la típica -y desabrida- programación musical de cualquier FM. Sólo un par de horas más tarde, ese momento se hará realidad, cuando trepado a un escenario y humeante cigarrillo en mano, Cerati adopte ante el público mexicano una histriónica postura cuasi a lo Bogart para interpretar melodiosamente, verso a verso, cada estrofa de esa canción.

"Bocanada" es, sin dudas, un disco sutil, uno de esos trabajos llenos de climas, de sensaciones, de delicada poesía, en los que uno puede bucear lentamente, dejándose envolver por la incesante corriente de melodías y palabras. A la vez, y quizá como nunca antes, es la vívida prueba de que su artífice busca ocupar un lugar diferente dentro de la música.

-¿Sentís que marcás una diferencia en la música argentina?

-Advierto que sí, que la música que hago tal vez es diferente, y hay una intencionalidad en la búsqueda de esa diferenciación, siento necesidad por la búsqueda de un lugar. Después de todo, Soda Stereo ocupaba un espacio muy importante en mi vida, así que cuando eso terminó debí imaginarme cuál era ese lugar. Y caí en la cuenta de que, en realidad, ese espacio estaba aún más claro y definido que antes, porque siempre había sido el mío, por ende más mío ahora que nunca. Sentí que tenía que recuperar mucha dulzura en la música, como un elemento básico y realmente hoy veo a "Bocanada" como eso, una especie de almohadón en el que uno puede recostarse.

-Alguna vez dijiste que no necesariamente tus letras hablaban de vos. Pero si alguien escucha desde el primer disco de Soda hasta "Bocanada", puede seguir los distintos momentos de tu vida.

-Sí, absolutamente... Al final, no sirvió para nada decir esa frase. En algún momento podés basarte en mentiras para escribir. Eso fue lo que pasó, por ejemplo, con "Ella usó mi cabeza como un revolver". Todo el mundo me preguntaba cómo podía escribir ese tema cuando estaba recién casado. Y en realidad yo estaba haciendo una extrapolación con algún otro momento de mi vida, un tiempo muy psicópata, y lo puse en el hoy, alimentado por la anécdota de un amigo. Pero al final siempre mis letras hablan de mí, aunque no necesariamente del "ahora". Por supuesto, cualquiera con un poquito de sensibilidad puede desmenuzarme a piacere escuchando mis canciones.

-En los agradecimientos del disco mencionás a Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik y Horacio Quiroga. ¿Quiénes te inspiran palabras en vez de melodías?

-No soy un lector asiduo. Lamento a veces ser así porque leer es una apertura en muchos sentidos. Más que tener una influencia de algún escritor, lo que me sucede es que me encuentro con ellos, por tiempos... En algún momento, cuando estoy en la selva, me encuentro con Quiroga; y en un tiempo de confusión, por ahí me encuentro con Borges.

-Pero tus letras son poéticas...

-Tienen vuelo poético, pero no son poesías porque no pueden prescindir de la música, ya que fueron creadas por ella. No puedo escribir algo sin concebirlo para una canción. Muchas veces me han ofrecido la posibilidad de hacer un libro con poemas, pero no me siento a escribir para eso.

Casi como una rutina de bar, la conversación se ve levemente interrumpida por un mozo que trae las bebidas pedidas. Falta apenas una hora para que el telón se descorra en Monterrey, en la quinta presentación de este Bocanada Tour que tiene a Buenos Aires como destino final, el 21, el 22 y el 23 del actual en el Gran Rex.

-Después de la experiencia con Soda, ¿pensás en los Estados Unidos como un mercado para vos?

-Quiero ver primero lo que ocurre con el disco y la reacción de la gente, también en Chile, en la Argentina... Todo el proceso de "Bocanada" fue guiado por el placer, no había rutinas ni presiones. En este momento no quiero hacer estadios. Quiero que la gente se sienta cómoda, que esta propuesta sea diferente. Pienso en hacer cosas en los Estados Unidos, pero como manejo los tiempos puedo prestarle más atención a mis deseos. Eso, tal vez, me permitirá cometer menos errores.

-¿Y en qué quedó la propuesta de reemplazar a Sting para una gira de The Police? Paradójicamente, a comienzos de los 80, vos eras el "Sting argentino".

-Todo eso fue muy raro e increíble a la vez. La propuesta existió y la tomé como un honor tremendo, pero me parecía que estaba un poco tirada de los pelos. La relación que tuvimos con Andy Summers durante la grabación para el tributo latino a The Police fue fantástica. Después, cuando Stewart Copeland escuchó el tema (una versión en castellano de "Bring on the Night"), me dijo que le parecería muy bueno tocar juntos. Me sentí inmensamente feliz, pero confundido. Además, ya estaba metido en "Bocanada". Tal vez, si hubiera sido un poco antes, lo hubiera hecho, igualmente la idea no dejaba de sonarme rara. ¡Imaginate! -se exalta- ¡Copeland, Summers y yo! Realmente era como para ir, teñirme el pelo de rubio y decir: "Sí, yo era el Sting argentino, pero teñido".

Por Valeria Agis Especial para La Nación

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