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No me acuerdo la contraseña

Opinión

Una buena contraofensiva es seleccionar y jerarquizar aquello que es realmente necesario recordar

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¿Se acuerdan cuando recordábamos los números de teléfono, los cumpleaños, las fechas de vencimiento.las tablas de multiplicar?

No es que hayamos perdido la memoria (aunque, claro está, a este ritmo, necesitamos apuntadores) sino que, cada día más, estamos desbordados por un sinfín de claves, códigos, passwords o contraseñas que no debemos olvidar.

El exceso de equipaje en mente, además de provocar contracturas, nos altera el estado anímico, sobre todo cuando nos piden que cada 30 ó 40 días (ya no recuerdo) modifiquemos los datos para evitar el robo o piratería informática.

No es que hayamos perdido la memoria sino que, cada día más, estamos desbordados por un sinfín de claves, códigos o contraseñas

Contraseñas para Facebook, Twitter, cuentas bancarias, resúmenes on line.

Nos suelen solicitar o aconsejar: que su contraseña no incluya su nombre, apellido o fecha de nacimiento, que sea alfanumérica, que incorpore mayúsculas y minúsculas.

Más allá de que todo queda registrado en teléfonos y ordenadores (números, fechas, compromisos), motivo por el cual ya no es necesario memorizarlo todo, cada día es más lo que debemos recordar.

Las empresas y sistemas de servicios nunca se ocuparán (y no les corresponde) de facilitarnos la tarea para recordar nuestras llaves para abrir cofres y puertas. Eso sí, colaborando en esta cruzada, para evitar enojos o el riesgo de perder un cliente, deberían estudiar cómo facilitarnos la búsqueda y eventual recupero del tesoro.

Estará en manos de la estrategia de cada uno de nosotros elegir contraseñas que nos ayuden a asociar datos y encontrar rápido la llave para abrir el cofre.

Todos tenemos dos grandes tipos de memoria. La memoria a corto plazo es la de escritorio, la de la información que necesitamos evocar a diario. La memoria a largo plazo, que es nuestro archivo, es aquella que almacena información que alguna vez hemos considerado de importancia.

Esa memoria "de biblioteca" suele interferir con nuestra agenda diaria. Lo aprendido, lo sellado a fuego, suele ganarle la pulseada a la vulnerabilidad de lo nuevo. Incluso, quienes dicen recordarlo todo o vivir del tiempo pasado, corren más riesgos de ahogarse en las lagunas de la información que necesitamos para el día a día.

Una buena contraofensiva es seleccionar y jerarquizar aquello que es realmente necesario recordar, ya sean datos novedosos o recuerdos del pasado.

Esa memoria de biblioteca suele interferir con nuestra agenda diaria

Otra alternativa es enviar al gimnasio a las neuronas. Existen sobradas rutinas de entrenamiento: volver a hacer cuentas sin calculadora, hacerse tiempo para crucigramas y otros juegos de mente, cambiar el recorrido habitual de nuestro camino al trabajo (o a donde solemos ir con frecuencia) y hasta dejar de vivir pendientes de los otros (al extremo de olvidarnos de nuestras cuestiones).

Con relación a la cantidad de passwords y claves, anotarlos y ponerlos a resguardo de intrusos. Eso sí, no olvidemos dónde ni cómo los hemos archivado. Muchas veces rotulamos carpetas y archivos con identificaciones confusas que obstaculizan la asociación y, en este sentido, la llegada a destino.

Si hay algo que debemos custodiar en este mundo confuso es todo aquello que nos confunda más.

Ya bastante tenemos como para, además, andar sorteando más confusiones.

La incertidumbre, por falta o exceso de información, alimenta la ansiedad, el estrés y la angustia de creer que ya no podemos. Hay límites, desafiarlos más allá de lo posible o aconsejable sería condenarnos al olvido..

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