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Editorial I

Un sueño transformado en pesadilla

Opinión

La retirada de la empresa brasileña Vale del proyecto de Río Colorado, en Mendoza, revela la necesidad de un cambio drástico en la política económica local

Otra vez la inseguridad jurídica y la imprevisibilidad de la Argentina frustrarían un megaproyecto que hubiera significado la tan ansiada recuperación económica para una importante zona de nuestro país. Lo que iba a ser el mayor emprendimiento de inversión directa en el país ha terminado siendo uno de los mayores problemas del gobierno nacional en el sector económico y en el político también. La retirada de la compañía minera brasileña Vale representa un nuevo problema en la ya delicada relación con Brasil, nada menos que el mayor socio comercial de la Argentina.

Como se recordará, según lo anunciado por la presidenta Cristina Kirchner, la compañía Vale, una de las tres mayores empresas brasileñas y la mayor productora de hierro del mundo, con su inversión en la provincia de Mendoza debía transformar a la Argentina en el tercer exportador mundial de potasio y en el quinto productor mundial. El proyecto multimillonario de Potasio-Río Colorado, en Mendoza, se había valuado originalmente en 6000 millones de dólares, pero por la inflación y el estancamiento del tipo de cambio oficial, en la compañía brasileña estiman ahora que el costo del proyecto rondaría los 11.000 millones de dólares. A fines del año pasado, la inversión realizada por Vale era ya de 2229 millones de dólares y representaba el 45% de las instalaciones.

La decisión de la empresa, la semana pasada, de dar marcha atrás en Río Colorado implicará además que 6000 personas pierdan su fuente de trabajo en forma inmediata. El gigante brasileño ordenó a sus contratistas "desmovilizar los campamentos" de la mina de potasio en el sur de Mendoza; en números, significa el despido inmediato de los ya mencionados 6000 empleados, entre puestos directos e indirectos -la compañía aseguró que honraría los contratos-, aunque los cálculos más pesimistas dicen que los afectados podrían llegar hasta 11.000. Una obra de semejante envergadura ha hecho también que los proveedores locales hayan comprado equipamiento a crédito para proveer a la empresa de transporte, vivienda, suministros y alimentación, y ahora deberán hacer frente a esos compromisos.

Como lo señalábamos antes, la decisión de Vale de abandonar su proyecto Potasio-Río Colorado no es ajena a las distorsiones de la actual política cambiaria. La empresa brasileña pedía un tipo de cambio más alto, ya que era castigada por la enorme brecha cambiaria al convertir a pesos al cambio oficial los dólares que ingresaba al país. Además, recientemente, se le había denegado el pedido para que se la eximiese de impuestos por unos 3000 millones de dólares.

La respuesta del Gobierno no se hizo esperar. El ministro de Planificación, Julio De Vido, fue muy crítico, al advertir que, si no explota la mina, Vale perderá la concesión, porque la Argentina necesita la represa hidroeléctrica para producir potasio y ese proyecto no se canjea por nada. El Gobierno ahora analiza otras salidas del conflicto, como incorporar nuevos socios.

No todas las razones de la compañía para abandonar el proyecto han quedado claras, ya que las situaciones a las que alude ya eran conocidas cuando Vale comenzó a operar en el país. De todas maneras, podría tomarse también como una señal de "hartazgo" de Brasil por las medidas del gobierno argentino que afectan a las empresas que trabajan en nuestro país; esta medida de Vale coincide con la posible venta de los activos de Petrobras en la Argentina. Brasil fue justamente el país más afectado por las trabas a las importaciones impuestas por el Gobierno, lo que derivó en un enfriamiento de las relaciones bilaterales.

Por ahora, la realidad más urgente es la puja por los despidos instalada entre los contratistas locales y la empresa: para los primeros, el personal es de Vale, responsable por los sueldos en la mayoría de los casos; la empresa, por su parte, sólo quiere responder a la conciliación obligatoria del Ministerio de Trabajo por 450 de los más de 6000 empleados.

El sueño se ha transformado en pesadilla; tanto que parecería que sólo una reunión entre Cristina Kirchner y Dilma Rousseff podría destrabar este conflicto de Vale y otros por venir, al tiempo que el fracaso de este proyecto vuelve a poner de manifiesto la necesidad de un drástico replanteo de una política económica que, cada vez más, tiende a asfixiar las iniciativas privadas, especialmente cuando se hallan enfocadas hacia el mercado internacional..

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