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La transformación

Gabriel Dalla Torre inventa una realidad sórdida para un puñado de vidas ambivalentes y marginales

Viernes 22 de marzo de 2013
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PARA LA NACION
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Soy lo que quieras llamarme , la novela escrita por Gabriel Dalla Torre ganadora del premio de novela Letra Sur 2012, es la historia de una transformación. De la travestización de Robi en Rubí, que escapa del infierno de Isla Diamante, en San Rafael, donde "los de la villa se comieron los últimos ejemplares del zoológico", para ir a la ciudad de Mendoza en busca de aventura, de su identidad, de la felicidad.

Robi ya ha frecuentado el mundo de la prostitución y deja atrás un cadáver, el del doctor Rizzo, un aficionado a las fiestas con menores que muere tras una noche de excesos después de estar con él. Este dato permite ingresar una línea policial en el relato que se subsumirá a la dinámica de degradación general. El viaje lleva a Robi a la casa de la Nikky, al borde de un canal en las afueras de la ciudad, donde se instala y comparte sus días con otras travestis que entran y salen, ya transformadas o en vías de transformación, como laPablo, alma gemela de Rubí. Todos los lugares y los personajes que frecuentan están impregnados de la sordidez de un mundo marginal. Rubí sale con las travestis mayores a boliches de la "zona", donde beben tragos horribles, mezclan sustancias y buscan un tipo de hombre más urbano. Y siempre regresa a la casa, "amueblada" con objetos que traen de la calle; hay un televisor que no funciona, espejos y superficies espejadas para mirarse. Sobre algo parecido a una mesa conviven la Biblia dejada por los mormones con los libros de Corín Tellado que con avidez lee Rubí, quien a su vez comienza a escribir novelas que quieren ser como las de su autora favorita, pero están regidas por una lógica de los sentimientos más degradada. La casa de laNikky es una isla donde los habitantes forman una comunidad, un grupo genérico que al mismo tiempo está afuera y adentro de lo social. Ellas intentan alejarse de la civilización y también formar parte de ella "a pesar de los intercambios, de la liviandad con que se encara la existencia". En la casa del canal se cambian, se maquillan, se prueban pelucas, se inyectan sustancias que les van dando formas femeninas, fuman nevados y toman cocó. Cambian de cuerpo como otras mujeres cambian de corte de pelo, porque las travestis se construyen día a día. Su travestización es unaperformance consciente, buscada, deseada, modelada según un discurso de la belleza construido socialmente. Pero no cualquier discurso, sino el prescrito porHigiene y perfeccionamiento de la belleza humana; el manual seudocientífico del doctor Auguste Debay, un tratado de principios del siglo XX acerca de las relaciones entre belleza y sexo, según el cual las acciones determinan el físico. La referencia a este texto es nodal en la novela, puesto que le imprime un doble y paradójico movimiento discursivo. Mientras la protagonista busca parecerse cada vez más al patrón de belleza postulado por Debay -y el lector ve el devenir de esa transformación-, es el discurso del narrador, impregnado en parte por el estilo de la prosa de Debay, lo que en verdad la embellece. Si bien hay dos voces que narran, una en primera persona -Rubí- y la otra en tercera, es esta última la que refiere a ellas con términos delicados, una adjetivación afable, la cadencia de la prosa pausada, amorosa. Aunque el discurso no suprime la marginalidad ni la sordidez del mundo de Rubí. Antes bien, profundiza el contraste.

Hay, además, un gran juego con los signos y su lectura. Los cuerpos se leen en clave moral, porque lo físico, según Debay, determina lo moral. Dalla Torre ha construido amorosamente una realidad literaria para estos personajes "que no pueden tener una realidad histórica", cuyas vidas ambivalentes no dejan de jugar con su propia destrucción.

Soy lo que quieras llamarme

Gabriel Dalla TorreEl Ateneo304 páginas$ 85

El extranjero

Un maestro de la hermenéuticaEl centenario del nacimiento de Paul Ricoeur (1913-2005) está dando lugar en Francia, su país natal, a nuevos trabajos que exploran su obra desde todos los ángulos posibles. "Filósofo de la escuchay del diálogo -como recuerda Robert Maggiori en Libération-, lector por excelencia", el pensador supo confrontarse con todas las tendencias de su siglo, como lo prueba de manera decisiva el reciente Ric?ur et ses contemporains, de Johann Michel.

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