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Hong Kong

Cercano Oriente

Turismo

Tradición china e influencia occidental conviven y se superponen en este complejo archipiélago, colonia británica hasta 1997 y actual potencia económica del sudeste asiático

Por   | LA NACION

Son las 20 en punto y el Banco de China, uno de los rascacielos más reconocibles de esta ciudad, comienza a iluminarse con un psicodélico juego de luces, como si fuera una megadiscoteca de 72 pisos. La vecina torre del HSBC destella con leds de colores y el Centro de Convenciones y Exhibiciones de Hong Kong dispara láseres verdes al cielo. Y así con la mayoría de los imponentes edificios a ambos lados de la bahía Victoria, tanto en la isla de Hong Kong como en la península de Kowloon. El shock eléctrico dura diez minutos hasta que vuelve la normalidad.

No es Año Nuevo, ni el occidental ni el chino, sino una jornada cualquiera en esta Región Administrativa Especial de la República Popular de China. Todos los días, a las 20, Hong Kong repite el mismo show, que ha sido definido por los atentos especialistas en récords de Guinness como el mayor espectáculo de luz y sonido permanente en el mundo. Su diseño e instalación habría costado más de cuarenta millones de dólares, bien invertidos si se consideran los visibles beneficios en términos de turismo: el show se convirtió en una de las principales atracciones urbanas de la ciudad y de Asia en general.

Video: Hong Kong: un viaje al cercano Oriente

Quienes idearon el espectáculo tenían sobre qué trabajar: Hong Kong es la ciudad con mayor número de rascacielos, con tres de esas construcciones entre las más altas del planeta. Esta celebración no hace más que resaltar (bastante literalmente) este rasgo, el impresionante skyline que se dibuja alrededor de la principal bahía de Hong Kong, este particular caso geopolítico, autodenominado la Ciudad del Mundo de Asia , en una exaltación de su carácter cosmopolita, de su apertura económica y de su rol de enlace en los negocios entre Occidente y China.

 
El famoso juego de luces que ilumina los edificios de la bahía se realiza todos los días, a las 20. 
 
El show de luces no sólo tiene escenario, sino que también cuenta con mucho público. Desde el boom de los años setenta, la economía de Hong Kong se ha basado en las finanzas y el comercio China-resto del mundo. Sin embargo, con la crisis asiática de fines de los noventa y la flexibilización de las restricciones para viajar entre el continente y Hong Kong, una nueva industria cobró enorme relevancia: el turismo. El año último, Hong Kong recibió más de 48 millones de visitantes, 16 por ciento más que el año anterior. Cerca del 70 por ciento de estos turistas llegan de lo que aquí llaman Mainland China y se los ve cada noche festejar la Sinfonía de Luz desde el Paseo de las Estrellas (donde celebridades locales como Bruce Lee, Jackie Chan y el director Wong Kar-wai tienen grabados sus nombres) en la costanera de Kowloon.

La invasión china no es sólo turística, sino también migratoria. Las diferencias entre continentales y hongkoneses se notan o por lo menos las hacen notar algunos cuando hablan de otros. Como la guía hongkonesa que, en medio de la multitud de fieles en el templo Sik Sik Yuen, explica: "¿Cómo distinguirnos? Si al pasar a tu lado, alguien te empuja y no te pide perdón, ese es del continente".

Paseo en un duk ling, antigua embarcación de vela, típica de Hong Kong. 
 
No sólo de inmigrantes chinos se nutre Hong Kong, claro. También los hay... ¡argentinos! Bárbara Pena tiene 27 años y vive con su marido hace dos en la principal isla. Ahora trabaja como encargada del Steakhouse, uno de los restaurantes del elegantísimo hotel Grand Hyatt sobre la Bahía Victoria. "Antes vivimos en Dubai, pero nos adaptamos mucho mejor a Hong Kong, nos gusta mucho la vida acá: hay trabajo, se gana bien, hay mucha seguridad...", confiesa Bárbara, que conoce a una veintena de compatriotas residentes en Hong Kong.

En poco espacio

Colonia británica desde 1842 (luego de la Guerra del Opio) y hasta 1997, Hong Kong no es una isla, sino un archipiélago con más de dos centenares de ellas (y una pequeña porción de continente también), aunque sólo una docena es habitable y está habitada. La mayoría de la población y de los gigantescos edificios se reparte entre la isla de Hong Kong propiamente dicha y la continental península de Kowloon, apenas el 25 por ciento de la superficie total.

Más de siete millones de habitantes conviven en apenas 1100 kilómetros cuadrados, lo que hace del espacio un bien muy preciado y caro (el principal cementerio está acorralado por edificios y autopistas, el hipódromo tiene una cancha de fútbol en el centro de la pista). Así, los rascacielos no son sólo expresiones arquitectónicas de poder, sino una solución para acomodar viviendas familiares en unidades de no más de treinta metros cuadrados y en más de cincuenta pisos.

El buda en la isla de Lantau, al que se llega en teleférico. Foto: Corbis
 
En un continente exótico para ojos occidentales, Hong Kong es una curiosidad extra. Después de 150 años de dominio británico, fue devuelto a China y ahora vive bajo la consigna de un país, dos sistemas , entre el comunismo del nuevo gobierno central soberano y el muy autóctono capitalismo sin culpa ni rodeos, que no parece estar en ninguna transición, sino más bien lo contrario.

A los pies de las mencionadas torres de negocios vibra una interminable cantidad de shoppings, ferias, tiendas de lujo y puestitos callejeros de artículos inspirados en best sellers de marcas conocidas. Así como es un fundamental centro de negocios entre China-resto del mundo, Hong Kong es en sí misma una ciudad-mercado, sin descuidar nada del amplio espectro del consumo, de las carteras Louis Vuitton a las remeras con la estampa de Mao.

Esta ciudad-mercado tiene una clara expresión en lo que se dice es la escalera mecánica más larga del mundo. Una escalera rara, porque no se encuentra dentro de un edificio, sino en la vía pública, uniendo en veinte tramos los distritos de Central y Mid Level, en la isla de Hong Kong, donde recorre 800 metros, con una inclinación de 135 metros. La cinta mecánica, que asciende o desciende según el momento del día, transporta 55 mil pasajeros diarios entre carteles de neón de todos los tamaños, megatiendas de marcas italianas y ferias de frutas y verduras, en un cóctel de posmodernidad y primitivismo como extraído de la película Blade Runner. Justo en esa dinámica reside la mejor excusa para visitar Hong Kong.

Shoppings y ferias

La escalera parte desde Queen Street, una de las calles con mayor concentración de carteras y zapatos carísimos. Pero a la hora de hacer compras (toda hora parece ser buena acá para comprar algo) o, en todo caso, de mirar y de perderse por estrechos corredores atiborrados de mercadería, las opciones son inagotables. El Lady's Market, en Kowloon, es una gran feria de ropa, electrónicos y chucherías de toda índole, no sólo para mujeres. Stanley Market es más compacto, pero con el atractivo extra de su ubicación más tranquila, casi suburbana, junto a una apacible costanera en la parte sur de la isla. El Night Market es eso mismo, un mercado nocturno de los que abundan en Asia, con el agregado de un sector con puestos de lectores de manos y otros videntes, en tanto que en la calle Hollywood tienen su dirección docenas de tiendas de antigüedades.

Otras opciones con mucho color son el Mercado de los Pájaros, con infinidad de aves y jaulas en oferta, y el Mercado de Jade, donde hay dos opciones: saber distinguir el jade auténtico o resignarse y disfrutar de todos modos con la experiencia.

 
 
En todos los casos, la modalidad comercial es el regateo, casi siempre con ofertas y contraofertas expresadas en una calculadora de gran display; todo sea por acercar las diferentes culturas. El pago es con el Hong Kong dollar, una moneda con sus complicaciones ya que de los mismos billetes existen distintas versiones emitidas por diferentes bancos.

Un caso aparte

Otro shopping muy transitado está en la cima del monte Victoria, a la que se trepa unos 570 metros mediante un tradicional tranvía, en uno de los principales paseos turísticos de la ciudad. El tranvía es una de las pistas urbanas de aquella influencia británica, al igual que muchos nombres de calles y lugares, unos cuantos buses de dos pisos, los coches con volante del lado derecho y unas pocas construcciones de ladrillo a la vista y, claro, el hecho de que buena parte de la población habla inglés.

Pero a pesar del siglo y medio de dominio británico no hay que imaginar a Hong Kong como una Australia asiática donde se juega al cricket y el pub es una institución más. En el archipiélago se dio una paradoja: en el último siglo, mientras en China el régimen comunista le daba la espalda a ciertas tradiciones, en Hong Kong se las mantenía hasta en un tono vindicatorio. De algún modo, la ciudad es a la vez liberal, abierta al mundo, pero también conservadora y tradicionalista.

En pocos lugares se observa esta dualidad tan claramente como en el Museo Flagstaff del Té. En pleno centro financiero, flanqueado por torres, pero casi oculto en el recoleto Hong Kong Park, el museo ocupa la casa colonial británica más antigua que se conserva en la isla, alguna vez ocupada por el comandante local de las fuerzas militares de la reina. Hoy allí, además de una impresionante exhibición de tazas y teteras chinas, se dan clases (gratuitas) sobre la ceremonia del té según la costumbre china.

Maria Chen es una de las expertas tea masters que comparten su conocimiento, un poco estudiado, un poco herencia familiar, en clases gratuitas para los turistas, dentro del programa Cultural Kaleidoscope, desarrollado por el ente turístico local. Didáctica, repasa unos cuantos secretos para disfrutar los tipos de té, incluyendo algunos consejos de su abuela. "Siempre hay que calentar antes la vajilla; la primera infusión, se tira; se bebe a partir de la segunda; el té verde se prepara con una parte de agua fría y se toma tibio..." Otras clases de este programa abarcan el feng shui, el tai chi y la ópera china, entre otros tesoros de un patrimonio cultural que Hong Kong ha sabido preservar a su manera.

Pequeños bocados que tocan el corazón

Después de las compras, la comida es parte esencial de la cultura honkonesa. Para saborearla hay alternativas en restaurantes de luces tenues en elevados pisos con vista panorámica y precios igualmente altos, y también en comederos sin nombre y sillas de plástico desordenadas en la calle. En un extremo, en otro o en el medio, comer fuera de casa es muy habitual. "Hay dos razones: el poco espacio en el hogar y las largas jornadas de trabajo, por las que la gente no tiene tiempo de cocinar", explica Janice Ting, del Hyatt Regency, en Kowloon, justamente un lunes por la noche sin mesa libre en el restaurante del hotel.

Una de las especialidades de la casa hongkonesa se llama dim sum, y no es un plato en particular, sino una forma de servir, una especie de tapeo, de sampleo en porciones para compartir. Dim sum, de hecho, se suele traducir como pequeños bocados que tocan el corazón, así de poético. En restaurantes como el céntrico y recomendable Super Star (19-27 Wyndham St, en Central), un típico dim sum es un festival de platos y canastas que van aterrizando en el centro de mesa giratorio, con dumplings (bollos de masa rellenos) de variados ingredientes, arrolladitos, arroces y más, todo acompañado por té verde tibio. Para el turista extranjero, el dim sum es una experiencia gastronómica iniciática en la que cada nuevo plato es una revelación.

Insular y portuaria, la gastronomía de Hong Kong lógicamente tiene sus platos fuertes en el pescado y los frutos del mar. Uno de los más raros en este menú es sin duda la sopa de aleta de tiburón, especialidad mítica y también polémica. Lo primero, por sus supuestas propiedades curativas; lo segundo, por el peligro de depredación a gran escala de distintas especies de tiburones.

Por la noche, las principales zonas para salir son Lan Kwai Fong y el SoHo, siempre en Hong Kong Island, donde se alinean sin interrupción bares más bien al estilo norteamericano, Hard Rock Café incluido, con deportes en los televisores y vasos de cerveza extra large.

Para quien prefiera huir de tanto ruido y agitación, el consejo es tomarse un ascensor hacia alguno de los muchos bares y restaurantes que la ciudad esconde en lo alto de sus rascacielos. Sevva, por ejemplo, en el piso 25 del Prince's Building, en Central, con una increíble terraza iluminada por las torres vecinas. O Nanhay N.1, en el piso 30 de iSquare, en Kowloon.

¡Dios mío!

Un buda sentado de bronce, 34 metros de alto, en la isla de Lantau, es el más llamativo destino tanto de peregrinación como de tours en Hong Kong, un pequeño territorio donde coexisten las grandes religiones presentes en China (budismo, taoísmo, confucianismo) junto con cristianos, musulmanes y judíos. Al buda se llega vía un teleférico de grandes cabinas con piso transparente, para mayor espectacularidad. El viaje no es corto, son casi seis kilómetros por las alturas, una inmejorable oportunidad para apreciar la insular y rocosa geografía. Ya en la cima se atraviesa la villa Ngong Ping (nada más que un emporio del suvenir) y el colorido monasterio de Po Lin, hasta los 268 escalones que llevan al relativamente joven buda, ubicado allí, mirando al norte (a China) desde 1993. A los pies de la deidad, las vistas de las montañas de Lantau son otra experiencia mística.

Dentro de la ciudad, en Kowloon, uno de los templos por conocer es el de Sik Sik Yuen. Aunque cuenta también con pequeños sitios de oración para budistas y confucionistas, está dedicado a la deidad taoista Wong Tai, a la que miles de creyentes acuden diariamente para pedir por salud y prosperidad. El aroma y el humo del incienso junto con el lento pero constante movimiento de la multitud son capaces de poner en trance al visitante más escéptico, vigilado atentamente por estatuas a escala humana de cada signo del horóscopo chino.

datos útiles

  • Cómo llegar
    Buenos Aires-Hong Kong. Air Canada ofrece cinco vuelos semanales entre las dos ciudades, con cambio de avión en Toronto (se necesita visa de tránsito canadiense, gratuita si se tramita en la embajada de ese país; los argentinos no precisan visa para ingresar en Hong Kong). Tarifas, desde 1992 dólares, impuestos incluidos, ida y vuelta en clase turista. Se permite realizar dos paradas en Canadá sin cargo. Teléfono, 0800-444-2007. www.aircanada.com
  • Dónde dormir
    En Hong Kong Island: el Grand Hyatt Hong Kong es uno de los mejores hoteles de la isla. Ventanas panorámicas sobre la bahía de Victoria, excelentes restaurantes, piscina y sofisticado spa. Para quien prefiera estar en Kowloon, al otro lado de la bahía, allí está el Hyatt Regency Hong Kong Tsim Sha Tsui, en uno de los mayores centros comerciales de la ciudad y con restaurantes especialmente recomendables. hongkong.grand.hyatt.comhongkong.tsimshatsui.hyatt.com
  • El clima
    Subtropical: inviernos fríos y secos, veranos calurosos y húmedos. La temporada de lluvias se da entre mayo y septiembre, con mayor intensidad entre junio y agosto.
  • El cambio
    Hong Kong dollar. Un dólar norteamericano equival a 7,6 dólares locales.
  • Caleidoscopio cultural
    La Oficina de Turismo de Hong Kong ofrece a los visitantes un programa de actividades gratuitas bastante único, en el que se incluyen actividades por las que en otros destinos se pagan buenas tarifas. Cultural Kaleidoscope, tal el nombre de la iniciativa, propone degustaciones de té, tours guiados, clases de tai chi o feng shui y hasta la navegación en un auténtico duk ling (el último a flote, según explican, restaurado en los años ochenta), embarcación de vela típica de las aguas hongkonesas. Dado que los cupos son limitados, es indispensable reservar con anticipación. Teléfono: 852 2508 1234 o por el sitio Web del programa.
  • The Peak Promocionado como el gran mirador de Hong Kong, The Peak es uno de los paseos ineludibles de la ciudad. Aunque se puede subir por otros medios, lo típico es hacerlo por medio de un centenario tranvía, que parte desde el 33 de Garden Road, en el distrito de Central, operando desde las 7 hasta la medianoche, todos los días, con salidas cada diez minutos, aproximadamente. El boleto ida y vuelta cuesta 75 dólares de Hong Kong. Para menores de 11 años y mayores de 65, cuesta 63. www.thepeak.com.hk
  • Más información
    www.discoverhongkong.com
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