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La compu

La compu cumple hoy 20 años en LA NACION

Tecnología

Un día de principios de marzo de 1993 sonó el teléfono en casa. Mi teléfono de línea, claro. Todavía no tenía celular. Bueno, casi nadie tenía celular en esa época; el memorioso Enrique Carrier me apunta que había tan sólo 141.000 móviles en la Argentina en marzo de 1993.

Pues bien, resulta que me llamaban de LA NACION para pedirme "una columna de computación para el suplemento Ciencia". ¿Una columna semanal? ¿Sobre computación personal? ¿En serio?

No daba crédito a mis oídos. Si hubiera tenido Twitter, lo habría twitteado. Pero no, no había Twitter. Ni Facebook, para el caso. Faltaban 5 años para que apareciera Google. En rigor, tampoco existía Yahoo!, que sería fundado en 1994. ¡Ni siquiera había salido Windows 95! Y faltaban 8 años y medio para el XP.

En ese contexto, LA NACION tuvo la visión de largo alcance como para darle un espacio fijo a un tema que muy pronto iba a revolucionar el mundo, pero que en aquel momento era visto como cosa de hackers y nerds. Un espacio fijo en un diario de alcance nacional, debo destacar.

Desde lo personal, lo más extraordinario de estas 2 décadas ha sido, por lejos, la relación con los lectores, sobre todo desde que están disponibles los comentarios, Twitter, Facebook y Google Plus. En un giro insólito del destino me dediqué todos estos años a escribir sobre las tecnologías que harían posible este precioso vínculo.

Las dos décadas siguientes demostraron cuán acertada había sido esa decisión del diario. Pero en el momento era difícil determinar si éramos pioneros o delirantes.

Rápido como la vida

Ahora, si me lo preguntan, no tengo ni el más mínimo registro de que hayan transcurrido tantos años. Por varios motivos. Primero, soy de lo más despistado que ha surgido en la historia filogenética del planeta Tierra. Segundo, porque escribir La compu ha sido para mí siempre una forma de felicidad, y el tiempo pasa volando cuando somos felices.

De modo que quizás ayuden algunos números. Porque la verdad es que, aunque a mí todavía me parece mentira, han pasado 20 años desde la primera edición de esta columna, el 23 de marzo de 1993. Veinte años, digo, en un ecosistema donde seis meses son una eternidad y donde cada 5 años todo cambia súbitamente.

El año del Pentium

Justo el día anterior a la salida de La compu -vengo a enterarme ahora mirando las fechas; es decir, el 22 de marzo- Intel lanzó un muy esperado nuevo cerebro electrónico, el 80586. Era la quinta generación de la serie que había dado vida a la computadora personal. De allí que le pusieran Pentium, una estrambótica combinación de la palabra penta (cinco, en griego) y una de las terminaciones del caso genitivo del latín, ium.

Filología aparte, el Pentium era la meca de los geeks, el primer chip superescalar de la familia x86 o, dicho en buen criollo, lo más rápido que el dinero podía comprar. Altri tempi. Ese procesador era 500 veces más lento que el de tu PC actual. Cualquier smartphone más o menos bueno es entre 50 y 60 veces más veloz que aquel súper chip de 1993. Si los autos hubiesen experimentado un progreso semejante, tu coche andaría hoy a 50.000 kilómetros por hora. Podrías viajar entre Buenos Aires y Mar del Plata en menos de 30 segundos.

Estamos sin Internet

Internet ya existía, claro, desde 1983 (cumplió 30 años el 1° de enero, http://www.lanacion.com.ar/1541910-internet-cumple-30-anos ), pero sólo unos pocos países, como Estados Unidos e Inglaterra, estaban empezando a ofrecer conexiones a particulares. En marzo de 1993 faltaban todavía dos años y medio para que la Argentina tuviera sus primeros proveedores de Internet. Cuando llegaron, lo recuerdo bien, las conexiones, analógicas, telefónicas y varios cientos de veces más lentas que las actuales, costaban una fortuna.

En todo caso, en 1993 la Red empezaba a expandirse, aunque nadie imaginaba hasta dónde llegaría. Por entonces había alrededor de 2 millones de hosts, 600 sitios Web y 16 millones de usuarios conectados a la Red. En el mundo. Y parecía mucho.

Hoy hay 1000 millones de hosts, 645 millones de sitios activos y 2400 millones de personas con acceso a Internet. En la Argentina de 1993 había cero usuarios domésticos de Internet; hoy hay 31 millones.

Una de tiros

Otro hecho que sacudió el todavía exclusivo mundo informático de la época fue el lanzamiento del Doom, por parte de la compañía Id Software, la misma que el año anterior había sacado el Wolfenstein 3D, videojuego que fundó el hoy exitosísimo género de acción en primera persona. Doom, con el que pasé un número excesivo de horas, salió el 10 de diciembre de 1993.

Como David y Goliat

Pero no todo era un juego. Doce años después de crear la PC, IBM sufre los síntomas de un cambio de paradigma que le resultará devastador. Con la PC multiplicándose por millones y ocupando, en redes económicas y flexibles, el espacio de los grandes mainframes, IBM anuncia en 1993 que ha perdido casi 5000 millones de dólares (unos 8000 millones de hoy) durante 1992; sigue siendo la mayor pérdida de dinero de una compañía estadounidense en la historia.

DOS + DOS=Windows 3.1

En el otro rincón, la naciente estrella Microsoft lanza en 1993 la primera versión de Windows NT, que lleva el número 3.1. Como ven, confundir al usuario es toda una tradición tecno; en realidad, la intención era adecuarlo a la versión 3.1 del Windows doméstico, aunque éste no tenía ni la más remota relación con el NT.

El dato es significativo porque la línea genética de NT dará origen, más adelante, a Windows 2000, Windows XP, Windows Vista, Windows 7 y, ahora, Windows 8. Ha habido muchos cambios, por supuesto, pero mientras Windows 95, que saldría dos años más tarde, se extinguió hacia fin del siglo XX, la familia NT perdura.

¿Qué usaba en mis computadoras por entonces? DOS con Windows 3.1, OS/2 2.1 y, al año siguiente, OS/2 Warp (es decir, el 3.0). El núcleo de Linux ya había nacido -en septiembre de 1991-, pero no tendría mi primera experiencia con ese sistema hasta 1995 o 1996. Era raro, por entonces, que uno dejara la computadora perpetuamente encendida, como hace ahora con la PC, el smartphone o la tablet. Los sistemas eran tan inestables y la calidad del hardware a veces tan dudosa que no pasaban mucho más de 48 horas sin colgarse.

Era un mundo predigital todavía. Aunque había computadoras y desde hacía rato teníamos discos compactos, los servicios y dispositivos que hoy son cotidianos, y sin los que sentimos que no podríamos vivir (el mail, Facebook, la música MP3, la iPad o el smartphone con GPS), estaban aún por llegar. ¡Faltaba al menos una década para que se popularizaran los SMS!

Fueron, pues, 20 años de colosal progreso técnico que me honra haber testimoniado desde esta columna, y que me propongo seguir cubriendo.

Para LA NACION y para mis queridos lectores tengo guardada una palabra que resume lo que siento por haber alcanzado esta meta que, en su momento, parecía sencillamente inasequible, si no acaso inverosímil. Esa palabra es gracias..

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