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Laurent Cantet: "Lo que a mí me gusta es filmar individuos y hacerles justicia"

Espectáculos

El director de Entre los muros acompaña el estreno en la Semana del Cine Francés de su primer film en inglés, El fuego de las mujeres

Por   | Para LA NACION

Como parte de la delegación que visita nuestro país en el marco de la 5º edición del ciclo de preestrenos franceses Les Avant-Premieres, Laurent Cantet está nuevamente en Buenos Aires acompañando su último trabajo, El fuego de las mujeres , una historia ambientada en los suburbios neoyorquinos de mediados de la década del 50 bajo la violenta cultura de posguerra, y que le permite al realizador involucrarse en el mundo adolescente tal como lo hizo con su recordada Entre los muros, por la que obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cannes. Cantet es un nombre reconocido en nuestro país desde su primera película Recursos humanos, que le brindó el premio principal de un joven festival Bafici que recién transitaba su segunda edición. Abierto y comunicativo, brindó detalles de su último trabajo y cómo se relaciona con sus títulos más recordados.

- El fuego de las mujeres es su primera película en inglés y que no tiene ninguna relación con Francia. ¿Por qué eligió hacerla?

-Porque leí el libro de Joyce Carol Oates y me sentí inmediatamente seducido por él. Encontré muchos temas con los cuales me siento muy próximo, como el espíritu de grupo, la resistencia y también la adolescencia, que es un momento que me interesa mucho porque no se tienen necesariamente todas las herramientas para comprender el mundo y antes de tener el concepto se experimenta. Tengo la sensación de que es este aspecto de la política el que más me interesa.

-Entre los muros también retrata un ambiente adolescente y de escuela, y aquí, en El fuego de las mujeres , se repiten dichas características. ¿Qué similitudes encontró entre estos chicos de diferentes momentos históricos y latitudes?

-Lo que me interesaba era crear puentes entre las épocas. Tengo la sensación de que los años 50 son un marco pero, llegado el caso, la historia puede desarrollarse hoy de manera muy parecida. Creo que la rebelión, algo propio de los jóvenes, tal vez no cambió mucho desde entonces. Los grafiti que hacen las chicas en la película podrían ser hechos hoy por todos los indignados. Es una linda forma de expresar una revuelta sin necesariamente estar enmarcados por teorías políticas.

-En su tratamiento estético, Entre los muros podría haber sido un documental, en cambio con El fuego de las mujeres elige un formato más clásico, pero en ambas utiliza la cámara en mano. ¿Por qué?

-Al decidir hacer la película había una suerte de apuesta que me interesaba y era ver si yo podía aplicar el método que había utilizado en Entre los muros en un marco que parecía menos adaptado para eso. Es cierto que la película de época es algo muy codificado, y por otra parte hay limitaciones muy fuertes, por ejemplo, con el decorado. Tenía ganas de tener la misma libertad de puesta en escena de cuando estaba en la clase de Entre los muros. Esto quiere decir que se hizo un método de trabajo con los actores, pero también con el camarógrafo y con el equipo de decorados. Eso le da un tono muy natural.

-Estas dos películas también son adaptaciones. ¿Cuánto deja librado a la improvisación y cuánto toma de estos escritos?

- El fuego de las mujeres es un trabajo mucho más fiel al libro que Entre los muros, donde usé el libro de François Bégaudeau como una especie de reservorio de la realidad. Él fue profesor durante una década y conoce muy bien la manera como se desarrolla una clase y se crean los vínculos con los estudiantes. Después, todas las historias que contaba en su libro nutrieron una trama que yo había escrito antes. En El fuego de las mujeres tomamos el libro, de cómo seiscientas páginas, e hicimos una traslación bastante clásica.

-¿Influyó en la elección de los actores?

-Absolutamente. Hice un casting que me llevó mucho tiempo porque había que encontrar individualidades muy fuertes pero que también debían funcionar como grupo. Fue la oportunidad de testear las situaciones y una vez que encontré al grupo definitivo empezamos a ensayar con improvisaciones, yo contaba la escena y ellas la recreaban libremente. Progresivamente daba indicaciones cada vez más precisas hasta darles lo que estaba escrito.

-Existe una adaptación anterior del libro en el que se basa El fuego de las mujeres . ¿Vio esa película?

-No quise verla. Preferí no tener influencias o impedirme algunas escenas porque ya habían sido hechas de otra manera. Sólo vi luego algunos fragmentos en YouTube y me da la impresión de que las dos películas son totalmente distintas y no hay necesidad de compararlas.

-Tiene mucha piedad por sus personajes. ¿Esto tiene que ver con alguna religión o con una manera de entender al ser humano?

-De ninguna manera, no hay nada religioso en mi vida ni en mi pensamiento. Intento tener una mirada humanista que puede unirse a ciertos valores que la religión puede mostrar. Lo que me gusta es filmar individuos y hacerles justicia, darles espacio para contar sus contradicciones. No son lineales y pasan por estados muy distintos donde pueden equivocarse. La adolescencia es esto, no se está seguro de nada y eso hace la riqueza de lo humano y es lo que intento encontrar cuando creo a los personajes.

-Sus películas habitualmente tienen personajes femeninos muy fuertes. ¿Existe una intencionalidad de explorar el alma femenina?

-Es cierto que en mis películas muchos personajes fuertes eran mujeres. No es premeditado. Creé personajes que tienen cosas para defender y ocurre que a menudo las mujeres son más oprimidas que los hombres por cuestiones de género. Esto les brinda un motivo más para su fortaleza.

-Con respecto a Recursos humanos y El empleo del tiempo. ¿Pensaba que iban a adelantarse tanto a la realidad contemporánea europea?

-Cuando hago una película me gusta sentir lo que está en el aire, y trabajar durante dos años en un proyecto hace que uno se concentre sobre la película y el ambiente del momento y, sin ser militante, me siento implicado con lo que ocurre a mi alrededor y el cine sirve para dar mi punto de vista sobre la sociedad. Creo que hay en Europa una orientación, discutible y discutida, de que hay que apretar las clavijas para hacer economía. Y eso es algo totalmente suicida..

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