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El medio es el mensaje

Esclavos de la negación

Opinión

U no de los efectos más paradójicos que tiene el control sobre las noticias es que perjudica con predilección a sus propios mentores.

Las constantes negaciones terminan por tener un efecto anestesiante que anula la reacción de quienes deberían actuar con rapidez antes de que los problemas les estallen en la cara. Es algo que se pudo constatar en el manejo mediático de dos temas recientes donde sobró confusión y faltó coherencia: la llegada de un argentino al trono de Pedro y el recalentamiento del mercado cambiario, un capítulo inquietante que acaba de comenzar.

Este gobierno está empeñado en reemplazar la libre circulación de informaciones y opiniones por gacetillas promocionales y declaraciones retóricas con datos acomodados a su necesidad, para ser difundidos acríticamente por sus usinas de difusión. Pero primero que nadie, ellos son víctimas del engaño que promueven.

La frescura que se perdió en estos años al obstaculizar y coartar el intercambio espontáneo de ideas y noticias con campañas difamatorias, cerrazón de fuentes, castigos económicos y persecución impositiva no redundó en una mejor gobernabilidad. Terminó por atascarla y reducirla a un mero rictus autocelebratorio.

La inducida sensación de triunfalismo y que es extraordinario e inmejorable el bienestar argentino, aparte de no ser verdad, oxida los reflejos de quienes deben tomar decisiones. Con la atención puesta exclusivamente en eslóganes patrioteros y gastando su energía en la repetición infantil de consignas contra los medios más importantes, se descuidan, bajan la guardia de tan confiados que están, y se vuelven peligrosamente autoindulgentes.

Serán pésimos timoneles en medio de inminentes tempestades: dirán que el clima no puede ser mejor mientras esconderán las cartas de navegación y los partes meteorológicos debajo de la alfombra. La negación, a veces, puede salvarnos de enfrentar pequeños conflictos, pero no de un camión, en particular si viene de frente.

La elección de un papa argentino dejó en evidencia hasta qué punto avanzó esa tara. El tener que esperar qué postura adoptaba al respecto la Presidenta, como si se tratase de una monarquía absolutista, para a partir de esa definición, ajustar la propia opinión, produjo un sinfín de ruidos, cortocircuitos y malentendidos, entre patéticos y desopilantes, tras la fumata blanca.

Los militantes del anticlericalismo de izquierda, que antes se manejaban en sus minúsculos círculos sin traspasar sus fronteras, se potenciaron y trascendieron en los primeros momentos fogoneados por los medios oficiales y paraoficiales.

La decisión política realista de la Presidenta de ser "más papista que el Papa" produjo urgentes reacomodamientos y las conversiones supersónicas estuvieron a la orden del día. Pero también se inició un inefable proceso de "kirchnerización" del Pontífice que incluye, en primer término, desconocer que haya habido enojos previos con Jorge Bergoglio cuando era arzobispo porteño, según la teoría explicitada por el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, sin que le temblase ningún músculo facial.

Los que hace pocas semanas se rasgaban las vestiduras por la foto trucha de un Hugo Chávez internado que el diario español El País públicó, y luego retiró de circulación, hicieron correr por las redes sociales y sus medios una imagen de un falso Bergoglio dándole la comunión al dictador Jorge Rafael Videla. Hasta el documentalista norteamericano Michael Moore debió salir a rectificarse tras haberle dado crédito.

Hebe de Bonafini, más política, supo moverse con mayor habilidad que Estela de Carlotto frente al nuevo fenómeno mundial del papa Francisco. La titular de Abuelas de Plaza de Mayo echó en cara que Jorge Bergoglio no se hubiese acercado a ellas en tiempos difíciles. Pero Carlotto olvidó que en esas épocas, el matrimonio Kirchner tampoco lo hizo y, peor, que Alicia Kirchner, la actual ministra de Desarrollo Social, era funcionaria de la dictadura en Santa Cruz.

Pero además hay que decir que la idea de hacer de los derechos humanos una cuestión de Estado y/o marketing no es siquiera un invento original de los Kirchner. La fecha es propicia para recordarlo. Más allá de la valentía y seriedad con que Raúl Alfonsín encaró el tema, aun con todos los obstáculos que no pudo sortear, hay que darle la derecha al fugaz presidente Adolfo Rodríguez Saá, quien volvió a recibir a las Madres de Plaza de Mayo en la Casa de Gobierno, tras 17 años que no entraban en ella. Bonafini se retiró ese 24 de diciembre de 2001 "muy ilusionada". Quizá los Kirchner se inspiraron en el puntano ya que hasta entonces nunca se habían ocupado del tema.

Guillermo Moreno, por su parte, salió a la City a bravuconear, como si el dólar paralelo pudiese ser detenido con cuatro gritos.

No sólo la negación constante hizo que en Venezuela se desconociera hasta el último minuto el real y gravísimo estado de Hugo Chávez, sino que siquiera tomaron los recaudos necesarios para cumplir con una meta mucho más modesta, como era embalsamarlo, para rendirle honores eternos. ¿Vale la pena ir en esa dirección?.

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