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Al margen de la semana

Fácil para entrar, difícil para salir

Economía
 
 

La inflación sigue brillando por su ausencia en el relato y los discursos oficiales. Pero, al no sincerarla y tratar de atacar sólo sus efectos, el gobierno de Cristina Kirchner sólo ha logrado corroborar aquella máxima según la cual con la economía se puede hacer de todo (incluso ignorar la desvalorización del peso), menos evitar las consecuencias. A pesar de toda la experiencia negativa acumulada en la Argentina, cayó en la trampa de los controles. Y, como en toda trampa, resulta muy fácil entrar, pero muy difícil salir.

La escalada del dólar blue es consecuencia de los sucesivos ajustes al cepo cambiario, que en escasos 15 meses de vigencia muestra ya un historial de 25 medidas restrictivas, incluido al flamante dólar "turista", producto de una virtual devaluación por vía impositiva. Esto, sin contar con las prohibiciones no escritas, las caídas de sistema, los controles de la AFIP, los aprietes telefónicos o el dólar friendly para aquietar expectativas. El resultado es un aumento exponencial de la desconfianza, traducida en una mayor demanda y mínima oferta en el mercado paralelo.

Pero este rosario de controles y parches cambiarios, así como las trabas para importar son a su vez consecuencia de otros errores oficiales previos, tampoco reconocidos, como utilizar el tipo de cambio y el congelamiento de tarifas como "anclas" para que la inflación (ya elevada) no se desbocara. Uno dio lugar al dólar barato, que alimentó expectativas devaluatorias y la fenomenal fuga de capitales previa a noviembre de 2011. Otro, a las crecientes importaciones de gas y combustibles que explican el déficit energético que afecta la balanza comercial en una época de sequía de divisas. El cepo logró frenar la salida de capitales, pero también cerró la entrada. Y aunque apuntó a "blindar" las reservas del BCRA, no consiguió evitar un drenaje que en estos 15 meses alcanza ya a 6500 millones de dólares (bajaron de 47.500 a 40.950 millones), de los cuales casi 2000 corresponden sólo a lo que va de 2013.

Si algo quedó claro tras la reunión de la noche del miércoles en Olivos entre la Presidenta y sus principales funcionarios del área económica (cuando la brecha cambiaria superaba el 70%), es que en este año electoral no habrá un plan articulado para bajar gradualmente la inflación. O sea, se descartó de hecho la solución recomendada al unísono por economistas ortodoxos y heterodoxos. Cada funcionario llevó recetas diferentes para bajar la fiebre del dólar blue, pero esto confirmó dos realidades: una, que sería un exceso considerarlo producto de un trabajo en equipo; otra, que la estrategia será apelar a más parches de cortísimo plazo, como los aplicados meses atrás con efímeros resultados. La prueba fue la posterior caída artificial de las cotizaciones por debajo de $ 8,50 con la poco transparente intervención de entidades "amigas" y un virtual feriado inducido telefónicamente. También una medida de la Comisión Nacional de Valores para contener la salida legal de divisas vía operaciones de contado con liquidación. Pero a la CNV le tocaría ahora la complicada tarea de idear instrumentos de inversión en pesos a través del mercado de capitales, con rendimientos más atractivos que las raquíticas tasas de interés para depósitos (equivalentes a la mitad de la inflación anual), pero que a la vez desalienten el refugio en el dólar blue, que acumuló exuberantes subas de 43% en 2012 y de hasta 27% en lo que va de este año.

En cambio, hubo coincidencias en que para atenuar la sequía de divisas en el mercado oficial, las presiones seguirán puestas, obviamente, en la liquidación de los exportadores de granos. Pero, aun así, no todos los productores de soja estarán dispuestos a apurar ventas de la nueva cosecha con un dólar oficial que -descontadas las retenciones- equivale a $ 3,32 y una brecha que en su caso supera 150% si quisieran hacerse de billetes verdes en el mercado azul. Ni tampoco si el ritmo de devaluación del tipo de cambio oficial mantuviera el impulso previo a la última escalada del blue (20% anualizado en 60 días). A esto se agrega que el BCRA también tendrá que emitir pesos para comprar los "soja-dólares" y esta expansión monetaria -más la que deberá realizar este año para cubrir el agujero fiscal- puede aumentar las presiones sobre el mercado cambiario informal. A menos que suban las tasas de interés, a lo que el Gobierno se resiste para no encarecer el crédito ni deprimir la alicaída actividad económica. Quizá Mercedes Marcó del Pont pueda desentenderse de estos problemas en pocos meses, si se confirman las versiones según las cuales dejaría la presidencia del BCRA para postularse a una banca por el oficialismo en las próximas elecciones.

Si los controles cambiarios llegaron para quedarse, más difusa es la perspectiva del congelamiento de precios en las cadenas de supermercados y electrodomésticos, que en teoría debería concluir dentro de una semana, aunque nadie lo crea. Sobre todo, después de que por primera vez la Presidenta lo blanqueara en público y advirtiera además estar dispuesta a abrir importaciones para neutralizar comportamientos monopólicos.

El anuncio desconcertó a varios sectores empresarios, máxime después de que Guillermo Moreno autorizara selectivamente algunos ajustes de precios a partir de mayo. En caso de concretarse, se daría la paradoja de que el Gobierno podría utilizar el dólar (oficial) bajo para importar lácteos, trigo o yerba, a contramano del discurso de sustituir importaciones.

Aquí también el Gobierno quedó entrampado. Hasta ahora concentró toda su artillería en bajar costos de los supermercados a través de menores comisiones en tarjeta de crédito y hasta CFK celebró la supresión de avisos publicitarios en los diarios de mayor circulación -bajo presión de su propio gobierno- con el mismo argumento, que apunta a extender el congelamiento hasta las elecciones. Pero Moreno no desconoce las subas de costos en las empresas proveedoras (cartones, papel, plásticos, gases propelentes, etcétera) ni que después de Semana Santa se avecinan las paritarias en los principales gremios, que harán cada vez más difícil mantener los precios a raya como en los últimos 50 días. Con precios congelados en el último eslabón y en alza en el resto de la cadena, la perspectiva es de una ardua disputa por los márgenes, que incluso podría desembocar en problemas de abastecimiento.

De ahí que Cristina Kirchner haya convocado por enésima vez a un acuerdo social "para defender el modelo", aunque en realidad será otro incierto intento de moderar reclamos salariales en paritarias, fraccionar aumentos y ofrecer a cambio una elevación del piso para que muchos trabajadores no dejen de cobrar asignaciones familiares. Esto no evitará que el congelamiento se vaya diluyendo de a poco, aunque luego se vuelva al esquema previo de controles a las empresas líderes. Para el oficialismo, salir de la trampa de los controles y cambiar de rumbo para alentar inversiones no es tan sencillo como pasar de los silbidos a los elogios al Papa..

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