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Pensamientos Incorrectos

Al gran burro argentino, ¡salud!

Opinión
 
 

Se sabe que los porteños nos llevamos a patadas con la lengua castellana. Tal vez porque somos, en gran parte, descendientes de gringos varios. Nuestros antepasados no dominaban la "castilla", tenían pocos estudios y hablaban con grandes dudas sobre cada palabra.

Pero el burro porteño no habla en lunfardo. Habla en un idioma pretendidamente culto. Excluimos de esta descripción a los provincianos, que se expresan en un castellano a la vez antiguo y muy criollo, con amplio vocabulario y sintaxis perfecta. Los tucumanos, los cordobeses, los salteños, los correntinos.

Volviendo al ámbito porteño: en los últimos años se ha extendido una cantidad impresionante de barbaridades idiomáticas. Se trata de una especie de populismo del habla: es decir, los hablantes intentan parecer populares, juveniles y modernos.

En algún momento, tal vez en la década del 70, alguien dijo que determinada mujer era "una genia" y resultó gracioso. Se trata de una broma idiomática. Todos sabemos que existe la palabra "genio", pero no tiene femenino. Sin embargo, las nuevas generaciones -ay- tal vez no lo sepan, y en adelante podrían decretar el uso legítimo y serio de la palabra "genia", porque los jóvenes nunca se enteraron de que... ¡Era un chiste!

En los últimos años se ha extendido una cantidad impresionante de barbaridades idiomáticas

Como si dijéramos que Messi es "un luminario" del fútbol, y no una luminaria. En nuestra lengua no existen las presidentas, ni las intendentas, ni las gerentas, ni las diletantas. Así como no existen los "estrategos" ni los "colegos", ni los "terapeutos".

Escuchamos a periodistas, actores, senadores de la Nación, jueces y maestros diciendo "la primer vez". Es siempre "una" vez, y por lo tanto la "primera" o la "última". Continuamente nos recuerdan: "¡Se los dije!". No se habla así. Es: "lo dije" (advertí sobre eso), y lo advertí a ustedes: "se". Entonces: "se lo dije". El plural no debe transferirse a "lo".

Algunas personas confunden una palabra con otra parecida. Por ejemplo, se quiere subrayar una complicidad furtiva en alguna acción incorrecta, y se denuncia la "convivencia". Queriendo decir "connivencia". La convivencia es solamente el hecho de que personas o animales vivan juntos o arrimados, lo cual a veces sucede.

Los lingüistas improvisados no se cansan de aclarar que el adolescente sufre mucho porque - la misma palabra lo dice- adolece de cosas. No es así: las dos palabras provienen de raíces distintas. El adolescente es alguien que está cambiando, y aquel que adolece de algo es uno que padece cierto inconveniente.

Los relatores de fútbol, boxeo y otros deportes, que están muy lejos de la fluencia de Ulises Barrera, Victor Hugo Morales y Osvaldo Príncipi, creen que lo más importante de un gol es la garganta de ellos mismos: "¿Lo grito o no lo grito?". Y si el match está aburrido se lanzan a conversar sobre sus cosas privadas: lo que comieron anoche y lo que van a comer después del partido (o de la pelea) son uno de los temas favoritos.

El más burro intenta congraciarse con la lengua española, de modo que empieza a repetir "a la vera del camino", "a la vera de la ruta" o "a la vera del río", sin emplear los vocablos naturales del castellano argentino, que sugiere "al borde del camino" o "a orillas del río".

Si el tema en cuestión sucedió hace un tiempo, se aclara: "Hace unos días atrás". Obvio: fue hace unos días

Si el tema en cuestión sucedió hace un tiempo, se aclara: "Hace unos días atrás". Obvio: fue hace unos días. Sobra agregar que esos días están atrás... ¡No van a estar adelante! En el esmero por parecer educados, algunos dicen que Riquelme sufre una "sobrecarga muscular" (¿) en "su pierna izquierda". ¡Pero por supuesto, no va a ser en la pierna de otro! Le duele la pierna: c´est tout. Hay brutalidades como "comisería" (donde está el comiserio) y "voy de tía" (en lugar de ir a lo de mi tía) que han quedado consagradas como si fueran el habla normal de las personas, y no giros de Catita, de Minguito o de Aníbal, un pelotazo en contra. Estos tres personajes se definían por sus tremendos errores en el decir, y constituyen verdaderos arquetipos de Buenos Aires. Seguramente, esto se debe a que todos sabemos -en esta ciudad- que hablamos muy mal, y nos reímos de los que se expresan aún peor. No hay en el mundo una abundancia tan generosa de personajes caracterizados por sus burradas al hablar. Tal vez podríamos compararlos con el mejicano Cantinflas o el andaluz Chiquito de la Calzada, pero su lenguaje no es erróneo, sino sólo pintoresco.

A lo mejor, todas estas cosas no tienen importancia. El hablar como el traste no va a generar el fin del mundo. No pasa nada. Sólo que decir bien es pensar bien, puesto que se piensa con palabras. Un discurso bien construido, sin cursilerías ni errores de sintaxis, ni sustantivos disparatados, encierra un pensamiento inteligente y transmite belleza. La armonía emociona. En cambio, la frase defectuosa es sólo ruido, y duele en el oído.

Todos sabemos -en esta ciudad- que hablamos muy mal, y nos reímos de los que se expresan aún peor

Ya lo sé: estas son monsergas del Maestro de Siruela, que nada sabe y pone escuela. Son pavadas. Antigüedades. Manías de los viejos. Lo que pasa es que el autor de esta nota pìró. Piró mal.

Tal vez debería volver a instituirse en las radios, canales, diarios y revistas el cargo de Corrector Literario. Para proteger el idioma: para que la gente no se contagie de galicismos, italianismos, confusiones y corrupciones de la lengua. Para que no se utilicen constantemente palabras en inglés, que no son necesarias, como 50 off o lookeo. Resulta cómico el afán con que tantos comunicadores articulan cuidadosamente el verbo "preveer". No existe tal verbo: se trata simplemente de "prever", o sea ver antes, pre-ver, lo cual aplicado al gobierno se transforma en Previsión Social.

Según una reciente reinterpretación de la lengua castellana, las cosas cómicas no "hacen gracia" sino que "dan gracia". Se están mezclando dos formas idiomáticas similares: "me da risa" con "me hace gracia". Las dos son naturales, pero "dar gracia" no existe.

A mi modo de ver, todo esto es consecuencia de la falta de diálogo (famoso asunto) entre padres e hijos. Antiguamente, es decir hace 30 años, hablábamos con nuestros mayores empleando palabras correctas. Ahora, los jóvenes sólo dialogan entre ellos, con un vocabulario básico de tres fonemas: bolú, forro y amigo. También es evidente que faltan lecturas de libros (no revistas) como los de Mark Twain, Emilio Salgari o Louise May Alcott, tan habituales en nuestra infancia. Existía toda una biblioteca para niños y adolescentes, que culminaba con Platero y yo y Don Segundo Sombra. Eran textos obligatorios. ¿Ya no?

Sólo que decir bien es pensar bien, puesto que se piensa con palabras

Algo está fallando, y fallando mal, como dirían los pibes de ahora, en la enseñanza primaria y secundaria. Para colmo llega el celular, a raíz de cuyo nuevo idioma los niños creen que la frase "toy mal x q t kiero" está en castellano.

Tras que éramos muchos, parió la abuela. Refrán o proverbio festivo que está -él sí- en perfecto lenguaje, aunque también (tb) denuncia nuestra edad.

Dedicado a Mario Mactas .

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