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¿Por qué sentimos que el dinero no alcanza?

Opinión

El sueldo se cobra, en general, del 1 al 5 de cada mes. Sin embargo, a muchos les pasa que apenas diez días más tarde deben comenzar con los "malabares" para poder llegar hasta el próximo cobro: "tarjetear" a más no poder, pedir prestado, comprar todo en cuotas sin saber cómo se pagará luego o reducir el consumo a lo indispensable optando siempre por las segundas marcas son apenas algunos ejemplos de actitudes que se llevan a cabo bajo un manto de sensación de que el dinero nunca alcanza.

Claramente, este sentimiento tiene su explicación sociológica y económica, y se origina en la falta de capacidad de la mayoría de los argentinos para adoptar el hábito del ahorro, tan esencial en otros países.

Ahorro e inversión: ¿Qué hacemos los argentinos con el dinero?

Si el dinero no alcanza, muchas veces es porque se lo administra mal. Pero cada vez más, el consumo desenfrenado tiene que ver con el bajo incentivo que se percibe con respecto a la inversión, es decir, el destino que se le daría a los pesos ahorrados. Y aquellos afortunados que logran generar excedente de ingresos por sobre sus gastos prefieren, muchas veces, optar por la peor opción de todas: guardar el dinero en su casa, es decir, "debajo del colchón".

La Escuela de Economía de la Universidad Católica (UCA) y la consultora TNS Gallup realizaron un sondeo sobre Expectativas Económicas que ratifica esta observación.

Se tomó un universo de más de 1000 entrevistados, a quienes se les preguntó sobre la mejor alternativa para su dinero, en caso de que tuvieran ahorros disponibles, y los resultados arrojaron que:

Un 25% guardaría los pesos en casa, un 23% considera que la opción más conveniente sería destinar el dinero al consumo, un 13% depositaría los pesos en el banco, el 7% compraría dólares y los guardaría en su casa y el 4% compraría dólares y los depositaría en el banco.

La preferencia por guardar los pesos en casa aumenta a menor educación y poder adquisitivo y en la Capital

Federal (31%), mientras que la opción de disponer el dinero en compras es mayor en el segmento de 25 a 34 años (30%), los universitarios (26%) y en el GBA (27%). Depositar los pesos en un plazo fijo o caja de ahorro es más elegida por los más jóvenes (17% entre los menores de 24 años) y los sectores altos (17%). La compra de dólares crece en los más jóvenes, los niveles altos y en la Capital Federal.

Con estos datos sobre la mesa, se llegó a la conclusión además que la preferencia por guardar los pesos en el hogar aumenta a medida que menos recursos adquisitivos posee el entrevistado en cuestión.

Pero quizá lo más preocupante pasa por otros datos que entregó la encuesta: el 87,3% de los entrevistados aseguró que "no ahorra", en tanto, el 8,5% dijo que lo hace "periódicamente" y el 4,2%, "eventualmente".

Históricamente los argentinos destinaban entre el 20 y 25% de sus ingresos al ahorro. Con los años, el porcentaje se fue reduciendo hasta llegar al promedio actual del 16%.

Sensación de escasez de dinero: ¿Cuáles son las causas?

Muchas veces, no obstante, la sensación de escasez de dinero no tiene solo que ver con la incapacidad (o la falta de deseo) de ahorrar, sino que se relaciona con cuestiones intrínsecas de nuestra idiosincrasia.

En esta línea, la consultora CERX (Centro de Economía Regional y Empresarial) realizó una encuesta sobre este tema y los resultados fueron concluyentes: el 72,7% de los hogares argentinos afirma que gana menos de lo que necesita para subsistir, gracias a un creciente consumismo y a un ingreso que crece, pero no le gana a la inflación.

Cuando se le consultó a los entrevistados las causas de este desorden financiero personal respondieron, a grandes rasgos, lo siguiente:

  • Expansión de la frontera de consumo por inflación: Las expectativas con respecto a la inflación hacen que la gente busque consumir más (principal sostén del modelo económico actual), como parte de la estrategia para ganarle a la suba de precios. Una vez que la canasta se amplió, intentan sostenerla y la toman como referencia para marcar su nueva canasta de subsistencia.
  • Pérdida de poder adquisitivo: También gracias a la inflación, las mejoras nominales de salarios no se transforman en mejoras reales, lo cual genera percepción de empobrecimiento. Se vive una especie de frustración al recibir aumentos y al poco tiempo comprender que ese mayor ingreso no posiciona mejor que antes al hogar, sino que solo ayuda, en el mejor de los casos, a sostener el estado previo.
  • Crédito en la base de la pirámide: El consumo financiado creció sostenidamente en los últimos tiempos, y las familias se meten de lleno en un consumo financiado a mediano y largo plazo, pese a que sus previsiones o expectativas de ingreso son de corto plazo. Cuando los ingresos reales no evolucionan al ritmo que lo hacen las actualizaciones de las cuotas que se deben pagar, comienzan los problemas.
  • Imposibilidad de acceder al techo propio: La vivienda se transformó en un inaccesible para la mayor parte de la sociedad. Se trata de un bien de alta incidencia en las valoraciones subjetivas de bienestar y pobreza de los hogares.

Conclusión

Como se ve, estamos ante una serie de factores (inflación, tasas bajas en los bancos, imposibilidad de comprar dólares) que hacen que la gente no ahorre o, en caso de hacerlo, le de un mal destino a ese dinero.

Pero este estado de desesperanza puede ser combatido poniendo manos a la obra y comenzando un proceso de aumento en nuestra cultura financiera, que nos haga detectar las oportunidades que existen hoy en día.

Ganarle a la inflación hoy ya no es una utopía: en columnas anteriores, he presentado alternativas válidas que muchas personas pueden aprovechar.

Estas ideas de inversión pueden llevarse a cabo en el plano financiero o en el plano de la economía real, y el solo hecho de saber que existen puede despertar en el lector el incentivo necesario para organizar de una vez por todas sus finanzas personales y comenzar a pensar en un mañana en el cual no se deba depender exclusivamente de la jubilación estatal para poder sobrevivir.

Los problemas están y el contexto seguramente no es el mejor, pero hay algo que nunca debemos perder de vista: si no comenzamos a ocuparnos de nuestras finanzas personales ahora mismo, nadie lo hará por nosotros..

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