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Leer sin que se note

Jueves 28 de marzo de 2013
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PARA LA NACION
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A diferencia del tiempo en que nos presentábamos comentando los libros que acabábamos de leer, para los jóvenes parece ser éste un tiempo de lectura que no se comparte con los adultos y, a veces, tampoco con los pares; un tiempo de leer sin que se note.

Del cine a los libros es el camino más frecuente en una población de lectores que se está haciendo, sin demasiado apasionamiento, al reparo de las sagas, que se deja llevar por las galerías donde cuecen sus mundos el bien y el mal.

Algunos eligen el azar de la poesía, generalmente de libros no muy nuevos, que derivaron de tías o abuelos. Otros, no muchos, siguen la señal de sus profesores de literatura, conquistados principalmente por antologías de cuentos.

Pero en pequeñas ferias del libro realizadas en el interior del país, llega siempre un lector difuminado en su propia discreción, buscando poesía, preguntando por algún autor, diciendo que escribe.

En una de ellas, escondido detrás de una columna, descubrí a un lector. Un adolescente, integrante de una familia de trabajadores golondrina, que asiste a la escuela "robado" del tiempo de trabajo. Leía con fruición, en un resguardo donde cabía el deleite, un libro de microficciones tomado de la mesa de exposición. Hay muchos más, seguramente, escondidos todavía.

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