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Violencia sexual

Políticas públicas contra el machismo

Opinión

Para atenuar las estadísticas sobre violaciones y agresiones a las mujeres, hacen falta campañas dirigidas a culturas machistas ya instaladas que celebran el abuso. Un camino que muchos países ya iniciaron

Por   | Para LA NACION

Perdón por buscar el roce arriba del bondi", decían los afiches de una publicidad de cerveza en la vía pública. La campaña, que iba en sintonía con una serie de equivalentes televisivos, debió ser levantada por la presión que ejercieron en las redes sociales hombres y mujeres que no acuerdan con esa visión "canchera" que cataloga como infantil o ingenuo lo que claramente es abuso sexual. Por estos resabios machistas, desde hace tiempo algunos países buscan promover políticas públicas para terminar con este desatino cultural. En noviembre pasado subí una tarde a uno de los vagones del Metrobús, en el DF mexicano. Luego de consultar en un par de ocasiones a un señor mayor porque no tenía claro mi destino, cuando estaba por bajar lo miré para agradecerle su gentileza. "No es nada", dijo. Y me recomendó: "Pero la próxima vez, viaje en los vagones de adelante, que son solo para mujeres". Ahí recordé que la capital de México cuenta con los llamados "vagones rosas", una iniciativa que muchas mexicanas consideran un avance para terminar con la violencia y los abusos de género en un país en donde aseguran que 7 de cada 10 mujeres sufren alguna clase de abuso en sus vidas. Es una política oficial que puede ser cuestionada por insuficiente, pero que es vista como un salvavidas por la mayoría de las que pierden cada día más de dos horas promedio para viajar a su trabajo.

No hay manera de tener estadísticas fiables sobre violaciones y otras clases de agresiones sexuales. La mayoría de los casos no se denuncia. Sin embargo, aunque no sabemos cuántas son, sabemos que existen. Y sabemos también a estas alturas que violación no es sólo el ataque sexual que una mujer puede sufrir en un callejón oscuro por parte de un desconocido. En 2002, la Organización Mundial de la Salud advirtió que una de cada cuatro mujeres en todo el mundo alguna vez sufriría violencia sexual por parte de su pareja estable o compañero ocasional en una cita. Suena fuerte, pero es así como se debe llamar a cualquier acto sexual no consentido y en cualquier circunstancia.

Durante mucho tiempo, en los países o Estados en los que había alguna clase de campaña para terminar con la violencia sexual contra las mujeres se ponía el foco en políticas preventivas, asesorando a las mujeres para que no se convirtieran en víctimas, sugiriendo de algún modo que los hechos violentos son incentivados por la conducta de ellas. Esas campañas aconsejaban a las chicas -aún lo hacen- cuidarse con el alcohol y con las drogas, a veces también con la vestimenta, para no tener que pasar el mal momento de ser violadas. Buscando resolver una trampa cultural de siglos, en Escocia -y liderada por la Asociación de Jefes de Policía- pusieron en marcha una campaña centrada en los más jóvenes (de 18 a 27 años), target adecuado para conseguir que los hombres no se conviertan en violadores. Se llama We can stop it (Nosotros podemos frenar esto) y consta de una serie de videos y avisos entre los cuales puede verse una especie de test que funciona como excelente pedagogía para todos los que prefieren seguir ignorando que sexo sin consentimiento es violación.

Éstas son las preguntas que se hacen en esos avisos:

-Yo sé que cuando ella está dormida significa "no". ¿Vos también?

-Soy la clase de chico que no presiona a su novia para tener sexo. ¿Vos también?

-Sé escuchar cada vez que una chica me dice que no. ¿Vos también?

-Soy el tipo de hombre que no tiene sexo con una mujer que está pasada de alcohol. ¿Vos también?

En Vancouver, Canadá, desde el Departamento de Policía y con el apoyo de organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres lanzaron "No seas ese tipo", una campaña en calles y bares destinada a terminar con altas tasas de abusos y violaciones que muchos hombres (y también algunas mujeres) prefieren seguir ignorando como tales. Tras esto está la idea común de que una mujer intoxicada y, por ende, con su conciencia en nivel demasiado bajo para tomar decisiones, está ahí "lista para ser tomada". Una de las imágenes más fuertes muestra a una chica desmayada, tirada en un sofá boca abajo. Se ven varias botellas de bebidas alcohólicas a su costado. La leyenda dice: "Sólo porque no te diga ?No', no quiere decir que te está diciendo Sí".

También en Estados Unidos comenzaron a poner el acento en los posibles perpetradores de violencia antes que en "ayudar" a las chicas a no ser abusadas. La ONG Men Can Stop The Rape (Los hombres pueden frenar la violación) tiene una serie de avisos cuyo lema es "Nuestra fuerza está en no lastimar", que muestra una serie de parejas en las que un hombre señala, por ejemplo: "Cuando ella se emborrachó, yo me retiré".

Hay países que muestran avances, pero que siguen creyendo que son las mujeres las que tienen que defenderse de algo que parece inevitable. Es el caso de la India, donde, en diciembre último, la violación y apaleamiento de una estudiante en un ómnibus de Nueva Delhi (la joven murió días después) generó una indignación social que llevó a multitudes a la calle, pero cuyo corolario, al menos por ahora, es que las mujeres andan armadas para sentirse más seguras, como si siguiera siendo un problema privado y el Estado no tuviera que tomar parte activa.

En septiembre de 2012, el grupo de expertos sobre el tema de las Naciones Unidas (conocido por la sigla EGM) dio a conocer un reporte sobre la prevención de la violencia sobre mujeres y niñas. En ese informe explican que sólo con prevención de la violencia se pueden crear sociedades "más pacíficas, igualitarias y productivas en donde mujeres y niñas vivan libres de la discriminación, el acoso, la violencia y el miedo a la violencia que puede impedirles alcanzar todo su potencial humano".

El mismo informe asegura que, cuanto más igualdad social y equidad económica haya entre hombres y mujeres en una sociedad, menor es el índice de violencia sobre las mujeres que hay en esa población. Al mismo tiempo, el comité señala su preocupación por el crecimiento de la violencia sobre las mujeres en tiempos de crisis y advierte el riesgo de que la crisis económica por la que atraviesa Europa termine con recortes que afectan fundamentalmente a los planes sociales, entre los que están las campañas como la prevención de la violencia sobre las mujeres. Los expertos destacan que aunque los episodios de violencia tengan lugar en ámbitos privados (incluso el dormitorio de una pareja), el Estado sigue siendo responsable de la violencia y puede, incluso, ser acusado de fomentarla si no se insiste en campañas de prevención y en leyes rigurosas de castigo a los victimarios.

En la Argentina no estamos ajenos a esta problemática de violencia, la leemos en las noticias de todos los días, en el marco de un escenario colmado de jueces permisivos que no atienden llamados de alerta, policías que someten a la humillación a las denunciantes y una sociedad que -en el colmo de la frivolidad- fue capaz de convertir a un asesino en un ícono, como sucedió con el odontólogo Barreda. Se trata además de un tipo de violencia que, ante la falta de normas, es incentivada por empresarios inescrupulosos que, al margen de todo respeto por la vida del otro, en sus boliches organizan concursos para premiar a la mujer que más beba (gratis), un anzuelo perverso para convocar a los muchachos a tener chicas fáciles de tomar.

Parece haber llegado la hora de políticas estatales vigorosas, dignas de un país que busca su desarrollo. Teniendo en cuenta las experiencias en el mundo, las campañas deberían encarar una tarea pedagógica y disuasiva sobre los hombres, los potenciales agresores.

El gobierno de Cristina Kirchner cuenta para eso con una herramienta formidable que no todos los gobiernos tienen y se llama Fútbol para Todos. ¿Cuántas veces se da la posibilidad de tener audiencias cautivas de hombres de todas las edades en horarios centrales y sólo con publicidad oficial? Tal vez sea tiempo de que los funcionarios apuesten a diseñar una campaña creativa y potente para difundir antes, durante y después de los partidos de fútbol. A lo mejor, hasta Riquelme estaría feliz de participar.

© LA NACION.

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