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Editorial I

Por los paros, cada vez menos días para la escuela

Opinión

La provincia de Buenos Aires ha perdido en la última década 90 jornadas de clase, es decir, el equivalente a la mitad de un ciclo lectivo

La ratificación del nuevo paro docente en la provincia de Buenos Aires -esta vez por 72 horas, a partir del próximo 8 de abril- no sólo se constituye en otro duro traspié para la gestión del gobernador Daniel Scioli, ya que fue él mismo quien se reunió con los gremios, en el mediodía de ayer, sino que marca también un nuevo récord en una materia en la cual, lamentablemente, Buenos Aires se destaca.

Efectivamente, según un informe del Centro de Estudios de Políticas Públicas (CEPP), dado a conocer en estos días, la provincia ha perdido en la última década, por los paros de actividades de maestros, auxiliares y empleados de la Dirección de Escuelas, 90 días de clase, es decir, el equivalente a la mitad de un ciclo lectivo.

En casi todos los casos estudiados se repite un mismo círculo vicioso: en paritarias se discuten condiciones laborales y hasta problemas de infraestructura, pero los sueldos prevalecen sobre cualquier otra discusión. Y esta vez no ha sido diferente: luego de más de dos horas de reunión, no se llegó a un acuerdo sobre los aumentos salariales, ya que los dirigentes del Frente Gremial Bonaerense que representa a los trabajadores volvieron a considerar insuficiente la propuesta oficial de 22,6 por ciento de aumento y ratificaron el mencionado paro de 72 horas.

Otra vez los sueldos fueron el tema excluyente, si se piensa que la Dirección General de Escuelas bonaerense consume un 90% del presupuesto asignado en sueldos para los 320.000 maestros y trabajadores del sector. Este año, la Legislatura votó 41.000 millones de pesos para Educación, de los 139.000 millones del gasto total de la provincia, en lo que representa, sin embargo, un incremento de casi un 25 por ciento con respecto a 2012. Aun así, el gobierno bonaerense no ha logrado ir más allá del 22,6 por ciento ofrecido.

El daño que se está infligiendo a la educación de los alumnos de la escuela pública de la provincia más grande de la Argentina reconoce varios causantes, y no es menor el lugar que le toca al gobierno nacional. Cuando el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, cuestiona esos paros docentes y reclama a los maestros "soluciones más imaginativas, discutir de otra manera y no privar a millones de argentinos de clases" no se equivoca. Pero lo que no se dice, y con lo que se juega, es con que esta vez, como sí había ocurrido otros años, el Gobierno no ha destinado ninguna partida extra para paliar el exiguo presupuesto de la provincia. En 2011, por ejemplo, hubo sólo cinco días de paros porque el gobierno provincial concedió un 26% de aumento, varios puntos por encima de la pauta establecida por la Nación, pero contó 7500 millones de pesos de ayuda del gobierno nacional, y en 2012, fueron 2200 millones, y si hubo 12 días de paro fue porque hubo un atraso en el pago del aguinaldo.

La Argentina está teniendo en los últimos años estadísticas en educación nada alentadoras. Según el Observatorio Latinoamericano de Políticas Públicas, con sede en Brasil, el 40 por ciento de las medidas de fuerza en esta parte del continente han correspondido a nuestro país, y decisiones como la de parar por 72 horas sólo contribuyen a ubicarnos aun mejor en ese lamentable ranking.

El derecho de huelga es, por supuesto, una garantía constitucional, de manera que no está en discusión. Pero lo que sí es evidente es el uso abusivo que se está haciendo hoy en la provincia de Buenos Aires. El paro docente ha sido, incluso, sospechado de político: el jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, llamó "destituyente" a Roberto Baradel, el secretario general del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (Suteba), e hizo constar el esfuerzo del gobierno por dar "un 200% de recomposición salarial en cinco años, sin contar este 22,6%" ofrecido ahora.

El ciclo lectivo 2013 empezó ya con un paro docente en 21 provincias y más de 5 millones de chicos fuera del aula. Ahora, continúa en la provincia de Buenos Aires. Como siempre, los gravemente perjudicados son los alumnos de las escuelas públicas, y sus familias, rehenes que no pueden elegir, como sí han podido hacer otros, refugiarse en el sistema privado para seguir con sus estudios.

El medio ciclo lectivo que se perdió en 10 años, como lo señalábamos al principio de este editorial, no se recuperará jamás, como tampoco se recuperará ese tiempo de escuela que toda la sociedad y sus principales dirigentes les deberán para siempre a los niños argentinos..

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