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Funcionario

Parrilli gana protagonismo en el cerrado entorno presidencial

Política

La secretaría que preside perdió peso político, pero él se ganó la confianza de Cristina; maneja detalles de la vida cotidiana de la mandataria y cada vez comparte más tiempo con ella

Por   | LA NACION

Se encarga de que las cortinas sean del gusto presidencial, que el perfume del despacho nunca falte, de la comida de su jefa y de los aviones que la trasladan; de la seguridad de la máxima autoridad del país, y hasta de la ubicación de cada funcionario en los actos. En los últimos años dejó de ser un clásico operador político para ejercer otro tipo de influencia: es un fiel servidor y la puerta de entrada a Cristina Kirchner.

Oscar Isidro Parrilli, a quien en la Casa Rosada llaman el "mayordomo" de Balcarce 50, consolidó en los últimos meses su rol de secretario privadísimo de la Presidenta, cada vez con mayor cercanía a Cristina, en quien la jefa del Estado encontró un nuevo compinche.

Es el primero con el que habla por teléfono cada mañana y el último que la ve cuando se va por las noches a la quinta de Olivos. Su renovado acercamiento, explican quienes conocen el interior del poder, es la confianza que le tiene la jefa del Estado en cuestiones operativas. Además, Parrilli no tiene aspiración política por fuera de su cargo actual y comparte con Cristina el gusto por las remodelaciones en la Casa Rosada.

Desde hace dos años, el funcionario se convirtió en el secretario de las cuestiones domésticas y dejó que la Secretaría General, que ocupa hace diez años, fuera perdiendo espacio de relevancia política. Algunos memoriosos recordaban que a Parrilli le tocó llamar a la madre de la Presidenta, Ofelia Wilhelm, para pedirle fotos de su hija en la juventud que sirvieran para ilustrar el libro biográfico que escribió Sandra Russo.

El lunes pasado, sin custodia, la Presidenta salió por la noche del despacho de Carlos Zannini con su nuevo secretario privado. Se trata de Mariano Cabral, colaborador de Parrilli, que pasó de atender la agenda del funcionario a la de la jefa del Estado.

El despacho de Parrilli está tan cerca del de la Presidenta que es uno de los pocos funcionarios que pasa varias horas con ella, aunque nunca cena en Olivos con la familia Kirchner, lugar reservado para Zannini. Si por alguna razón no va a un acto junto con la Presidenta (pocas veces falta a alguno) Parrilli frena cualquier reunión que tenga, sube el volumen del televisor de su despacho siempre con el aire acondicionado en el nivel más frío, y como en una ceremonia, contempla en silencio el discurso presidencial. Ordena que nadie lo moleste.

"Su fuerte es que no discute y es de máxima confianza. Cristina le delega cuestiones que ella no quiere resolver", contó un funcionario que lo conoce de cerca. Si un ministro necesita hacerle llegar algo a la jefa del Estado, Parrilli actúa como intermediario. Cristina le deriva a él los asuntos de los que no quiere encargarse ella.

El secretario general de la Presidencia pasó de concentrar buena parte de la política social del Gobierno a ser ahora el hombre que se encarga de cuestiones organizativas. Para algunos funcionarios, eso devaluó el rol de la Secretaría como bastión de la política.

En los primeros años de Néstor Kirchner en el poder, Parrilli se encargó de la relación con los movimientos sociales. Fue el creador de la "Armada Brancaleone", un conjunto de funcionarios que se dedicaba a aceitar la relación con los piqueteros hasta desactivar su acción, entre quienes la estrella era Sergio Berni, actual secretario de Seguridad.

Amo y señor de la agenda de Cristina, Parrilli sigue manteniendo contacto con las agrupaciones sociales, además de gobernadores e intendentes, a quienes convoca cuando organiza los actos oficiales. No interviene en el armado de listas electorales, excepto en Neuquén, donde nació y maneja el peronismo. Su hermana, Nancy Parrilli, entró como senadora detrás del Movimiento Popular Neuquino.

Fiel al mandato presidencial, Parrilli es esquivo a los medios y desde hace un año hizo poner traba a la puerta de su antedespacho, al que se ingresa mediante el sistema de huella dactilar, para que los periodistas no lo molesten.

Quienes trabajaron con él lo destacan como un "gran puteador", pero jamás delante de Cristina. "Con Néstor solía pelear, pero a Cristina nunca le dice nada", recuerda un antiguo colaborador. Sus acciones crecieron ante la jefa del Estado con la organización de la fiesta del Bicentenario y Tecnópolis.

Su obsesión por el cuidado de la Presidenta llega a tal punto que, apenas iniciado el segundo mandato, regaló a todos los funcionarios con despacho en Balcarce 50 un portarretratos con la foto de Cristina con banda y bastón de mando.

El hombre de la agenda

    Está en el mismo cargo desde 2003
  • Siempre con ella
    Tiene su despacho al lado del presidencial. Y pasa gran cantidad de horas con la Presidenta. Casi nunca se pierde un acto público de ella
  • El teléfono
    Se encarga de organizar las ceremonias kirchneristas. Llama a gobernadores, intendentes y dirigentes para convocarlos
  • Política social
    Mantiene fuertes nexos con las agrupaciones sociales
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