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En su mensaje pascual, el papa Francisco pidió que "haya paz en todo el mundo"

El Mundo

En la bendición urbi et orbi , el Sumo Pontífice hizo un dramático llamado para que cesen los conflictos en Medio Oriente, en Africa y en la península coreana

Por   | LA NACION

 
 

 
 

ROMA.- Ante cientos de miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro, en su primer mensaje pascual y bendición "urbi et orbi" , a la ciudad y el mundo, Francisco, el primer papa argentino, hizo un dramático llamado a la paz en el mundo, especialmente en Medio Oriente, entre israelíes y palestinos, en Irak y sobre todo en la "amada" Siria, donde ya se ha derramado demasiada sangre, en Africa y en la península coreana. El Pontífice denunció, además, las divisiones provocadas por la codicia de quienes buscan "fáciles ganancias", el egoísmo que amenaza la vida humana y la familia, la trata de personas, la violencia ligada al narcotráfico y la explotación inicua de los recursos naturales.

"Pidamos a Jesús resucitado que transforma la muerte en vida, que cambie el odio en amor, la venganza en perdón, la guerra en paz. Sí, Cristo es nuestra paz, e imploremos por medio de él la paz para el mundo entero", exhortó el Papa al hablar desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, después de haber celebrado la solemne misa de Pascua.

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En la liturgia de la Resurrección del Señor, la celebración más importante del año, marcada por bellísimos coros y un clima de gran recogimiento, el Papa no pronunció homilía justamente porque hablaría más tarde, en el mensaje pascual. Miles de fieles comenzaron a llegar a la Plaza muy temprano por la mañana. Entre ellos, cientos de argentinos con banderas. Si bien había amanecido con sol, contra todos los pronósticos, nubarrones grises acompañaron la ceremonia, en la que, sin embargo, no llegó a llover y hasta de a ratos salían algunos rayos de sol. Al final de la misa, Francisco tuvo un nuevo baño de multitud cuando dio varias vueltas en papamóvil entre los fieles que lo vivaron y aclamaron como nunca. "Viva el Papa!"; "¡Fran-ces-co!", gritaba la gente, en un clima de fiesta impresionante. Como ya hizo en otras oportunidades, detuvo el papamóvil para besar bebes, discapacitados, enfermos. Y saludó a argentinos -que hasta le regalaron una camiseta de San Lorenzo- con sonrisas y haciendo el gesto de "ok", con el pulgar para arriba. Aunque hubiera querido saludar a todo el mundo, el jeep que lo llevaba circulaba rápido para que llegara a las doce del mediodía a dar su mensaje pascual y bendición urbi et orbi , a la ciudad y el mundo.

Con la sencillez que se ha convertido en la principal característica del Papa argentino , éste empezó así: "Queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo: ¡Feliz Pascua!".

El Papa destacó que era una gran alegría para él, al comienzo de su ministerio, poder dar el anuncio de Cristo resucitado. "Quisiera que llegara a todas las casas, a todas las familias, especialmente allí donde hay más sufrimiento, en los hospitales, en las cárceles... Quisiera que llegara sobre todo al corazón de cada uno, porque es allí donde Dios quiere sembrar esta Buena Nueva: Jesús ha resucitado, hay esperanza para ti, ya no estás bajo el dominio del pecado, del mal. Ha vencido el amor, ha triunfado la misericordia", dijo, hablando en italiano con acento porteño.

"¿Qué significa que Jesús ha resucitado?", preguntó el Papa venido del fin del mundo. "Significa que el amor de Dios es más fuerte que el mal y la muerte misma, significa que el amor de Dios puede transformar nuestras vidas y hacer florecer esas zonas de desierto que hay en nuestro corazón", contestó.

"Cristo murió y resucitó una vez para siempre y por todos, pero el poder de la resurrección, este paso de la esclavitud del mal a la libertad del bien, debe ponerse en práctica en todos los tiempos, en los momentos concretos de nuestra vida, en nuestra vida cotidiana", aseguró el Papa venido del fin del mundo. "Cuántos desiertos debe atravesar el ser humano también hoy. Sobre todo el desierto que está dentro de él, cuando falta el amor de Dios y del prójimo, cuando no se es consciente de ser custodio de todo lo que el Creador nos ha dado y nos da. Pero la misericordia de Dios puede hacer florecer hasta la tierra más árida, puede hacer revivir incluso a los huesos secos", agregó.

Al implorar la paz por el mundo entero, Francisco comenzó con Medio Oriente, entre israelíes y palestinos "que tienen dificultades para encontrar el camino de la concordia, para que reanuden las negociaciones con determinación y disponibilidad, con el fin de poner fin a un conflicto que dura ya demasiado tiempo". También pidió paz para Irak y sobre todo "para la amada Siria, para su población afectada por el conflicto y los tantos refugiados que están esperando ayuda y consuelo". "¡Cuánta sangre derramada! Y ¿cuántos sufrimientos deberán infligirse antes de que se logre encontrar una solución política a la crisis?", se preguntó el Papa.

Mencionó luego al continente africano, "escenario aún de conflictos sangrientos", a Malí, a Nigeria, "donde lamentablemente no cesan los atentados, que amenazan gravemente la vida de tantos inocentes, y donde muchas personas, incluso niños, están siendo rehenes de grupos terroristas", al este de la República Democrática del Congo y a la República Centroafricana, "donde muchos se ven obligados a abandonar sus hogares y viven todavía con miedo".

Pidió asimismo paz en Asia, sobre todo en la península coreana "para que se superen las divergencias y madure un renovado espíritu de reconciliación". Y, por otra parte, "paz a todo el mundo, aún tan dividido por la codicia de quienes buscan fáciles ganancias, herido por el egoísmo que amenaza la vida humana y la familia, desgarrado por la violencia ligada al tráfico de drogas y la explotación inicua de los recursos naturales".

"Que Jesús Resucitado traiga consuelo a quienes son víctimas de calamidades naturales y nos haga custodios responsables de la creación", exhortó finalmente Francisco, el santo de los pobres y defensor de la creación, que al final fue aclamado por la multitud.

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