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Algo para recordar

Gustavo Dudamel apuesta a deslumbrar al público con su talento y un programa trascendental

Miércoles 03 de abril de 2013
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PARA LA NACION
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A fuego lento, fuimos adiestrados, o tal vez atormentados, con aquello de que el orden de los factores no altera el producto. Lo que no nos enseñaron fue que esa bendita fórmula útil e irrebatible para ciertas operaciones matemáticas también puede ser aplicada, ocasionalmente y con muchas libertades, para enumerar a los integrantes que son convocados para conformar lo que, seguramente, será un acontecimiento irrepetible.

Hoy, en el Colón, la Orquesta Simón Bolívar, dirigida por Gustavo Dudamel, presentará un programa excepcional, con dos obras emblemáticas de la música del siglo XX, La consagración de la primavera , de Stravinsky, y La noche de los mayas , de Silvestre Revueltas. Y el orden de enunciación en cuanto a su importancia de los cuatro involucrados, la orquesta, el director y los compositores es absolutamente irrelevante. Juntos estarán, y podrían ser nombrados en cualquier orden, la mejor orquesta latinoamericana (y entre las del mundo también), el director joven más talentoso y espectacular del planeta, el compositor más trascendente y cardinal de su tiempo (y, tal vez, de todo el siglo pasado) y uno de los compositores más talentosos y originales de nuestro continente. Sinceramente, pocas veces se da una conjunción tan extraordinaria. Podemos recordar infinidad de visitas al país de prestigiosísimos y fantásticos organismos sinfónicos con directores sobresalientes. Pero pocas veces, o quizá nunca, una orquesta arriba a estas tierras con un programa tan sustancial, trascendental, contundente y riesgoso como el que hoy traerán Dudamel y sus muchachos.

Y de las matemáticas y sus formulaciones podríamos ir, ahora, al lenguaje y sus términos semánticos. Por ejemplo, el de la polisemia, con esos términos de múltiples significados. Hoy, con Dudamel, Stravinsky, la Orquesta Simón Bolívar y Revueltas, el Teatro Colón, en buena hora, inaugura su ciclo de Conciertos Extraordinarios. Y, concretamente, el adjetivo que califica a este concierto puede referirse tanto a que es un concierto por fuera de lo normal, en el sentido de los abonos, como que, musicalmente, estará por fuera de cualquier rutina, previsión o "normalidad". Doblemente extraordinario, entonces. También es menester hacer notar que los precios para estos dos Conciertos Extraordinarios –el otro, en agosto, tendrá sobre el escenario a la Filarmónica de Israel, con Zubin Mehta– son absolutamente razonables y nada tienen que ver con aquellos excesos que casi invisibilizaron al último y fantástico Abono del Bicentenario, que, el año pasado, por sus desmesuras, se desarrolló lejos del alcance de sus potenciales consumidores.

En términos, ahora sí, estrictamente musicales, es de aventurar que este concierto será único. Hasta donde nuestra memoria contribuye, fue la Orquesta Nacional de Francia, dirigida por Charles Dutoit, la única orquesta extranjera que, alguna vez, tocó La consagración de la primavera en la Argentina. Próxima a cumplir su siglo de existencia, el rito primaveral de Stravinsky, nació como ballet, pero continúa perviviendo más como obra sinfónica de concierto o placa discográfica que como espectáculo coreográfico. Como la Sinfonía heroica, de Beethoven; Tristán e Isolda, de Wagner, o Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy, La consagración forma parte de ese escasísimo puñado de obras maestras que transforman la realidad y acuñan una huella poderosa, indelegable e irrevocable.

Obra sublime, única, revolucionaria e influencia vigorosa casi inevitable para todos los compositores de la primera mitad del siglo XX, además, plantea un nivel de dificultad tremendo que no todas las orquestas pueden enfrentar y sobrellevar. En este sentido, está todo dado como para que no haya nubarrones, sino una luz espléndida. Por un lado, está la Sinfónica Simón Bolívar, una orquesta fenomenal que, en sí misma, resume lo más logrado de ese emprendimiento sociocultural admirable que es el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, fundado y llevado adelante por José Antonio Abreu hace ya casi cuarenta años. Y por el otro, está Gustavo Dudamel, el hijo dilecto de ese proyecto, una figura descollante del panorama de la música de este siglo. A los treinta y dos, despliega sus capacidades frente a las mejores orquestas del mundo con concreciones sobresalientes. La conjunción de la orquesta y el director, hace dos años, también en el Colón, para el Mozarteum, haciendo la Sinfonía N° 7, de Mahler, en lo que fue, para este cronista, el gran evento de 2011, es el más firme antecedente para presagiar una Consagración de interpretación irreprochable.

Por último, Silvestre Revueltas. Fallecido a los cuarenta, en 1940, el compositor mexicano, según van pasando los años, se va consolidando, cada vez más, como uno de los más excepcionales creadores latinoamericanos de todos los tiempos. La presencia de La noche de los mayas, para cerrar el concierto de hoy, exactamente después de La consagración es inmejorable para poder denotar, exactamente, las influencias poderosas de Stravinsky y, al mismo tiempo, la maestría con la cual Revueltas supo traducir esas ascendencias en la construcción de una estética y un lenguaje auténticamente personales, mexicanos y, en algún punto, también caribeños.

Nacida la obra como banda de sonido para una película que, en 1939, relataba la confrontación entre la cultura maya y la modernidad que sobre ella se abatía, el material fue luego dispuesto para elaborar una sinfonía en cuatro movimientos de una pujanza, una coherencia y un lirismo inusuales. Cada movimiento lleva por título una noche diferente, la última de las cuales, "Noche de encantamiento", requiere una batería percusiva descomunal, esa que, seguramente, aportarán estos mágicos muchachos venezolanos. En definitiva, La noche de los mayas es una obra maestra del nacionalismo musical mexicano, una partitura poderosa que puede confrontar sin menguas con la otra obra maestra, la de Stravinsky.

La cita es esta noche, a las 20.30, en el Colón. Es de imaginar que la reunión de Dudamel, la Orquesta, Revueltas y Stravinsky, en el orden que cada uno disponga, sólo promoverá la realización de un concierto extraordinario, como ya fue apuntado, doblemente extraordinario. O por qué no, todavía más aún.

Para revivir el rito

El programa de esta noche, en formato CDQuien quiera reafirmar en la memoria lo que hoy verá en el concierto del Colón o quien no pueda ir, por las razones que fueren, tienen la oportunidad de llevarse al hogar tanto a La consagración de la primavera como La noche de los mayas. Con un sentido de la oportunidad, propio de las presentaciones de un disco de música popular, Universal Music puso en las bateas porteñas el compacto Rite, editado hace un par de años por Deutsche Grammophon en el cual está esa atrapante tetralogía de Revueltas, Stravinsky, la Simón Bolívar y Dudamel. Una especie de recordatorio o de segunda posibilidad ofrecida en el mejor momento.

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