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Para la ciencia, es la crónica de una catástrofe anunciada

Los registros muestran que crece la frecuencia de eventos extremos y anticipan que este fenómeno iría en aumento en los próximos años
Nora Bär
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3 de abril de 2013  

El análisis de miles de mediciones tomadas desde la tierra y el espacio indica que el cambio climático es un hecho, que los procesos que lo alimentan parecen acelerarse y que una de sus consecuencias más notorias es un aumento en la frecuencia de eventos climáticos extremos, particularmente en ciertas regiones.

Por eso, para los científicos, la tormenta de ayer y otras comparables ocurridas en los últimos tiempos no son una sorpresa, sino más bien la crónica de una catástrofe anunciada.

"Por lo menos desde los años noventa en adelante, tenemos registros que indican una tendencia a precipitaciones más intensas", afirma el doctor Vicente Barros, copresidente del Grupo de Trabajo II del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) e integrante del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera del Conicet y la Universidad de Buenos Aires.

De hecho, un informe especial sobre gestión de eventos climáticos extremos, dado a conocer hace un año por el grupo del IPCC que preside, constató que éstos no sólo aumentaron desde 1950 en adelante, sino que seguirán aumentando.

El documento, realizado por pedido especial del secretariado de las Naciones Unidas, es un trabajo de casi 600 páginas y fue elaborado por 220 expertos de 62 países. Barros es uno de los editores.

Los especialistas anticipan que habrá más frecuencia de lluvias intensas e incremento de las lluvias totales, porque aumenta la temperatura y también la capacidad de la atmósfera para contener la humedad. "Es la energía que se necesita para que las tormentas se aceleren", dice Barros.

Según explica, las lluvias intensas en latitudes medias son un fenómeno generalizado en todo el planeta. Y se dan en dos versiones: eventos muy intensos y muy localizados, pero de corta duración, o períodos prolongados a lo largo de los cuales se suman precipitaciones muy fuertes, como sucedió el año último en la provincia de Buenos Aires. En ambos casos, el resultado son inundaciones de alto impacto económico, y daños a personas y propiedades.

"En la llanura, cuando se suman lluvias intensas a lo largo de un mes, por ejemplo, se producen inundaciones que son más difíciles de paliar", comenta Barros.

Aunque se carece de modelos con la precisión suficiente como para hacer pronósticos a largo plazo, en el nivel global ya existe cierto consenso de que este proceso no tiene vuelta atrás. "En un trabajo que está en evaluación, nosotros postulamos que se mantendrá y que es probable que se agudice en los próximos 50 a 100 años", explica el científico.

Sin embargo, aclara, los desastres que responden a fenómenos del clima están condicionados por causas no climáticas. "Lo que aumentó es la exposición y la vulnerabilidad de las personas a los eventos climáticos -dice-, pero hay estrategias para que las poblaciones puedan adaptarse y anticipar los desastres."

Entre las medidas pendientes, sugiere reforzar el sistema de alerta. "Está faltando un plan integral -destaca-. Hay que tomar conciencia de que el cambio existe y es el factor fundamental. En algunos aspectos es positivo, porque permite una mayor producción, pero en otros ocasiona serios perjuicios."

Por: Nora Bär

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