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Para Macri se trató de una "tragedia climática"

Anticipó su regreso desde Brasil y atacó a la Casa Rosada por la falta de obras pluviales
Jaime Rosemberg
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3 de abril de 2013  

Habían pasado las tres de la mañana en las playas de Brasil cuando Mauricio Macri se sobresaltó con una llamada telefónica. María Eugenia Vidal, vicejefa a cargo del gobierno porteño, le informaba sobre el comienzo de lo que, quince horas después y ante un ejército de cámaras, el propio líder de Pro calificaría de "tragedia climática", con el dramático saldo de al menos seis muertos y miles de damnificados.

Fueron Vidal y el ministro de Ambiente porteño, Diego Santilli, quienes se pusieron al frente del megaoperativo que intentó, con regular eficacia y prolijidad, dar contención y ayuda a las "más de 300.000" personas que sufrieron por el furibundo temporal que se desató en la madrugada de ayer, y a la vez comunicar lo que estaba ocurriendo.

Llegado al país al promediar la tarde, y ya al tanto de las críticas que había recibido del gobierno nacional y de la oposición porteña por su ausencia, un Macri tenso y serio como pocas veces se había visto centró su discurso en culpar al gobierno nacional por la falta de colaboración para efectivizar las postergadas obras pluviales en los arroyos Vega y Medrano, que desbordaron durante la jornada de ayer. "Me enferma, no me parece nada bien que dirigentes del gobierno nacional hagan politiquería con esto", dijo Macri, sonrojado y rodeado de funcionarios con caras largas, en la sede de la Policía Metropolitana en el barrio de Chacarita.

En su discurso ante los medios también hubo una mezcla de resignación e impotencia. "Son 600 personas, uno de los mejores equipos de Latinoamérica, puestas a trabajar, y hacen lo que pueden", afirmó.

Atrás quedaba una jornada en la que, tal vez por obra y gracia de la magnitud del desastre meteorológico, no todo salió como debía. Una prueba de ello fue la queja de distintos medios audiovisuales cercanos al oficialismo, enojados porque Vidal y Santilli los saltearon a la hora de las entrevistas durante las difíciles horas del mediodía porteño.

En el gobierno de Macri intentaron responder a las críticas mientras esperaban el regreso de su jefe. "No había una alerta que previera la magnitud que tuvo la lluvia", respondían en voz baja para justificar la ausencia del líder de Pro. Obviaron que el mismo domingo Santilli y María Eugenia Vidal habían conversado durante la carrera de Súper TC 2000 sobre la inminencia de tormentas fuertes para las horas subsiguientes. Y que Santilli aceleró el sistema de recolección de residuos, atento a la tormenta perfecta que se avecinaba.

Desde Pro también se enojaron con Aníbal Ibarra, uno de los primeros referentes cercanos al Gobierno en fustigar a Macri. "Se olvida de que cuando las inundaciones le tocaron a él, tardó dos días en volver de Brasil", aguijoneaban funcionarios con rostro cansado.

También por lo bajo, un ministro se quejaba ante LA NACION de la "mala suerte" que los persigue, pero reconocía que "esta vez, a muchos nos agarró con la guardia baja". La ausencia del jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, también se sintió en el andamiaje de emergencia organizado al calor de la urgencia. "No es para tanto: estaban 11 de los 13 principales funcionarios, sólo faltaban Macri y Larreta", justificaron.

Macri pareció perder los estribos cuando habló de la "politiquería" del gobierno nacional. Repitió el argumento de la falta de apoyo de la Casa Rosada, aunque reconoció avances en el crédito solicitado al Banco Mundial para culminar el entubamiento del arroyo Vega. "Igual, en los hechos [Sergio] Berni colaboró con nosotros; la del Gobierno fue sólo una crítica desde los medios", reconoció un funcionario porteño que trabajó junto con el secretario de Seguridad en el barrio Mitre, uno de los más afectados por la tormenta.

"Sólo pedimos que nos dejen trabajar", suplicó Macri. Todos a su alrededor ya especulan con el efecto que tendrá en las urnas este episodio. Tal vez por eso Macri mandó a todos los ministros a la calle cuando, a las siete de la tarde, volvía a llover.

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