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Entrevista

El vudú de Gary Clark Jr.

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Aclamado como el nuevo Hendrix e invitado de los Rolling Stones, el guitarrista norteamericano actúa hoy en Vorterix

Por   | Para LA NACION

 
 

Una mañana de 2011, en Austin, Texas, Gary Clark Jr. se levantó y descubrió que en Internet lo comparaban con Jimi Hendrix. Poco más de un año después, sin haberlo imaginado, se encuentra en Buenos Aires hablando del mismo tema.

En una mente más neurótica que la del afable Gary, la comparación habría causado estragos. Megalomanía, crisis de personalidad, terror a que descubran sus grabaciones... ¿quién sabe? Pero el guitarrista de 28 años, que en tiempo récord se transformó en la gran promesa del blues, se encoge de hombros y sonríe, como diciendo «yo no tengo la culpa de todo esto».

"Supongo que eso tiene que ver con el blues, con haberlo llevado a las raíces -reflexiona un día antes de su debut porteño-. Los críticos buscan un punto de referencia, es eso y yo lo entiendo. Al mismo tiempo, no quisiera que la gente se ilusione cuando viene a verme, creyendo que va a escuchar a Hendrix. Yo hago mi música y no me interesa estar en los zapatos de otro."

La comparación con el legendario guitarrista comenzó a circular luego de que Warner reeditara un miniálbum, previamente grabado y publicado por Clark en forma independiente. El EP se reeditó con el título de uno de sus temas, que actualmente es su mayor éxito comercial: Bright Lights. A nivel publicitario, el efecto fue inmediato. "Bright Lights" se licenció para varios comerciales y desde fines de 2011 prácticamente no hubo festival internacional de rock o blues en el que Clark no haya participado.

La exposición tuvo el broche de oro con Black and Blu, su primer disco de distribución internacional editado a fines de 2012. Allí, se comprende que la mención a Hendrix (cuyo "Third Stone from the Sun" fue versionado en el disco) es algo sutil. Si bien Clark tiene un estilo elegante, con un modo personal para repartir licks bluseros, nadie en su sano juicio podría compararlo con el incendiario guitarrista de Seattle.

El elogio más bien pasa porque Clark, como Hendrix en su momento, intenta darle al blues un giro renovador. En Black and Blu hay temas que suenan a hip hop ("The Life"), hard rock ("Numb"), soul suave, estilo Motown, pero con grooves de Stax y el sonido Memphis ("Please Come Home") y funk reminiscente de Prince con el característico ritmo sincopado de Al Green ("Things Are Changin'").

El repertorio es versátil como su voz, que puede pasar de la sensualidad a la vulnerabilidad; como cuando en "Please Come Home" desenfunda el falsete de Smokey Robinson. Lo destacable es que Clark (a diferencia de gente como Lenny Kravitz) recupera cierta honestidad en el blues como vehículo para explorar otros géneros.

"Nací en un barrio normal al sudoeste de Austin, donde se escuchaba hip hop, r&b y rock radial -recuerda-. Mi padre tenía una gran discoteca de funk; discos de Parliament, Motown. Crecí escuchando eso y alrededor de los catorce años empecé a escuchar el blues de Stevie Ray Vaughan, los Thunderbirds; y también country, el tipo de música rural que hoy se conoce como americana. Eso cambió mi dirección musical. A los veinte conocí el blues tradicional: Freddie King, BB King, Albert King. Entonces mi cabeza funcionó como un filtro para agregar y sacar cosas en lo que hacía."

Las influencias tomaron forma cuando Clark contrató a Mike Elizondo para colaborar en la producción del disco. Famoso por sus trabajos para Dr. Dre y Eminem, Elizondo logró darle un giro contemporáneo a Black and Blu, haciéndolo tan apto para bluseros como para cierto público de rap.

"Elizondo vino a ver algunos de mis shows en California -recuerda-. Cuando terminaban nos poníamos a hablar de música, desde Freddie King, Miles Davis y Nina Simone hasta Dre, Eminem y 50 Cent. Él tiene un conocimiento amplio y es como yo, una persona inquieta. Le conté cómo componía, con la acústica o con la armónica; comprendió que me interesa la música y no convertirme en algo. Nos entendimos muy bien, prácticamente sin conocernos."

-¿Sos autodidacta como la mayoría de los bluesmen?

-Más o menos. Empecé a los doce años. Tomé clases con una amiga un par de años mayor que yo; venía a casa para enseñarme lo básico. Pero mi verdadero aprendizaje fue un programa televisivo llamado Austin City Limits (risas). ¡En serio! Se emitía los sábados a las siete de la tarde y yo enchufaba la guitarra antes de que empezara. Por ahí pasaron Eric Clapton, Jimmie Vaughan, Buddy Guy, BB King y Robert Cray, entre otros.

-Con algunos tocaste el año pasado, en el concierto Red, White & Blues que organizó la Casa Blanca.

-¡Sí! Fue genial tocar con ellos y verlos tocar. Fue algo muy loco; pensar que aprendí a tocar mirándolos por televisión y de repente estaba allí, intercambiando solos de guitarra.

-La última: ¿escuchás blues blanco? En "Bright Lights" y "When My Train Pulls In" se nota cierta influencia de Free, el grupo de Paul Rodgers; sobre todo en tu modo de cantar.

-¿En serio? Nadie me lo dijo, pero es genial. Nunca pensé que hubiera una influencia directa, pero sí, es posible que algo se haya filtrado. Me encanta Free, así que lo tomo como un halago.

El quinto stone

 
Con Keith Richards en el show de los Stones, en Nueva York. 
 

Gary Clark Jr. tuvo varias epifanías durante 2012. De ser un desconocido total pasó a colaborar con gente tan variada como Jimmie Vaughan, Alicia Keys y The Roots. Pero realmente tocó el cielo con las manos cuando Los Rolling Stones lo invitaron a participar de su última gira, durante la celebración de sus 50 años.

Cuando se le pregunta por aquella ocasión, Gary abre bien los ojos, mira al cielo y exclama: "Oh men! De todos los que me invitaron a tocar, los Stones fueron los más impensados -dice excitado-. Fue fabuloso. Creo que Eric Clapton me recomendó. La cuestión es que un día llamaron para preguntarme si quería tocar con ellos y respondí, «Ok, cuenten conmigo» (risas). Ellos querían tocar «Going Down», un viejo tema de Don Nix que tenían en el repertorio y que por suerte conocía. Más allá de su fama, los Stones son intérpretes increíbles y unos tipos geniales. Antes de ensayar tenía mucha ansiedad; pensar que iba a estar en una habitación con ellos me ponía nervioso. Es decir, ¡son Los Rolling Stones! Pero los nervios se evaporaron ni bien entramos a improvisar. Mi única queja hacia esos tipos es que tocan demasiado fuerte. Realmente muy fuerte (se ríe).".

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