Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

Editorial I

Después que bajen las aguas

Opinión

Absorbida la inundación, el trabajo recién comienza: se impone un completo plan de limpieza; de control edilicio, sanitario y de ayuda económica

La bajante de las aguas de la trágica inundación que arrasó con vidas , viviendas y bienes de decenas de barrios de la Capital y de la provincia de Buenos Aires ha comenzado a dejar expuesta una situación no menos peligrosa y para la que deberán trabajar mancomunadamente y por largo tiempo tanto los gobiernos nacional, porteño y bonaerense como el sector privado y, como lo han hecho desde un principio, los propios damnificados y los voluntarios.

Desaparecida ya la destructiva corriente de lodo y desperdicios que se formó con la tormenta, hay varias instancias que deben ser atendidas. En primer lugar, las casas han quedado embarradas; las ropas, mojadas; los alimentos, inservibles. Es necesario acompañar a las familias afectadas ayudándolas con la limpieza profunda de sus viviendas e instruyéndolas para reforzar las más mínimas cuestiones de higiene.

El agua de la canilla ya no es segura, se necesita agua potable o hervida con gotas de lavandina. Se debe proveer un sistema de limpieza de residuos especial y sostenido en el tiempo hasta tener la certeza de que cesó el peligro de contaminación.

Los desagües, cañerías y demás lugares donde suelen vivir los roedores han sido desbordados, por lo que no será extraño observar su presencia en sitios inusuales, que se encuentren secos, donde estarán en contacto directo con las personas. La cuestión sanitaria es aquí indispensable. Las ratas contagian leptospirosis. Si se ingieren aguas servidas, pueden sobrevenir problemas gastrointestinales de diversa magnitud, incluso casos de hepatitis. Los padres deben vigilar que sus hijos cumplan con el calendario de vacunaciones y enseñarles las medidas de higiene que ellos mismos deberán seguir.

Hay personas con enfermedades crónicas, como la diabetes o distintos tipos de cardiopatías, que pueden agudizarse a raíz del trauma emocional provocado por el desastre. Se acerca el invierno y, con él, la posibilidad de que recrudezcan padecimientos respiratorios tras haber estado tanto tiempo en contacto con el agua.

Cada tragedia -lamentablemente cada vez las hay más del tipo climático- ha venido dejando enseñanzas en el mundo que los argentinos no debemos desaprovechar. No alcanza con repartir colchones, alimentos o abrigos como resultado de la enorme solidaridad que suele aparecer en nuestro país cada vez que sucede una tragedia. Esta vez no ha sido la excepción, pero, como se dijo, debe estar acompañada de otro tipo de ayudas que incluyen especialmente de parte de las autoridades la continuidad en la provisión de agua segura y de enseres básicos, la atención física y psicológica del estrés postraumático, el apuntalamiento de estructuras para evitar posibles derrumbes por efecto del agua y atender la concurrencia de otros potenciales peligros como la restitución del servicio de energía eléctrica a los hogares, las posibles pérdidas de gas y hasta incendios, además de los efectos del eventual derramamiento de sustancias tóxicas. Paralelamente, este desastre debe servirnos para prevenir otros fenómenos similares y para destrabar y avanzar en las obras pendientes.

Sin dudas, la etapa quizá más larga será la del tratamiento del impacto emocional y psicológico. Reconocidos médicos recordaron a LA NACION que tras el paso del devastador huracán Katrina en los Estados Unidos las autoridades sanitarias de ese país elaboraron numerosos manuales y trabajos de investigación y apoyo a la población ante eventuales nuevas catástrofes.

Uno de esos informes, por ejemplo, fue emitido por la American Academy of Pediatrics (AAP) y dirigido a médicos, familias y a la comunidad en su conjunto. Entre otras cosas, recomiendan hablar con los chicos sobre los peligros de los desastres naturales, tener un kit de ayuda por cada familia y hasta incluir a las mascotas en los planes de evacuación y salvamento. Y advierte a los padres que deben estar atentos a que los chicos suelen manifestar sus padecimientos mucho después de acontecidas las tragedias. Un trabajo preventivo para ser imitado.

Pero hay otros elementos por considerar. Según explica el presidente de la Sociedad Argentina de Emergencias y jefe de esa área en el hospital de la Fundación Favaloro, Matías Fosco, la gestión en el desastre incluye, además de todo lo dicho anteriormente, asistir a las familias con subsidios, préstamos y otros tipos de ayuda en materia económica. Y estar atentos a lo que pueda sobrevenir. Absorbidas las aguas, es muchísimo el trabajo que queda por hacer.

Nuestro país ha aprendido a gestionar mejor la emergencia con la creación de protocolos de coordinación de servicios a partir de lo sucedido con los dos atentados terroristas, con las tragedias de Cromagnon y de Once, y con otros tantos temporales. Sin embargo, la mayoría de los esfuerzos generalmente quedan circunscriptos a la atención de la inmediatez. Sería bueno que ese aprendizaje también nos llevara a establecer campañas de información tendientes a saber cómo actuar en estos casos.

En esta oportunidad, mucha gente falleció ahogada o electrocutada por no saber cómo proceder, dónde guarecerse, qué hacer si se está dentro de un vehículo que es trasladado por la tormenta y que comienza a inundarse.

La malla de contención debe ser amplia, tan extendida y generosa como las miles de manos que asistieron y siguen ayudando, como se informa en la infografía de la página 18. Ahora se necesita algo más que voluntad: una asistencia profesionalizada y un Estado presente y despojado de todo tipo de mezquindades político-partidarias..

TEMAS DE HOYCristina KirchnerEl brote de ébolaColoquio de IDEAReforma del Código Procesal Penal