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El difícil camino hacia las elecciones en Irán

Opinión
 
 

En el mes de junio, de acuerdo a lo previsto, habrá seguramente elecciones presidenciales en Irán. Para el actual presidente, Mahmoud Ahmadinejad, aspirar a una nueva reelección es imposible. Por dos serias razones: la Constitución lo prohíbe y el liderazgo religioso no la quiere.

Por esto procura que algún hombre de toda su confianza sea quien lo suceda. Concretamente, apunta a ser reemplazado por Esfandiar Rahim Mashaei, el suegro de su hijo. Un hombre entonces de la familia, al que se tiene como mentor intelectual de Ahmadinejad. Un leal, ciertamente, cuya candidatura, no obstante, podría ser "vetada" por el Consejo de los Guardianes. En ese caso, el tema debería ser decidido -en última instancia- por el líder religioso supremo, el hábil Ayatollah Ali Khamenei.

Procura que algún hombre de toda su confianza sea quien lo suceda

Para Ahmadinejad, la candidatura de Mashaei es tremendamente importante cuando -al terminar su mandato y ya desgastado- deberá en algún momento enfrentar a un poder judicial, servicios de seguridad y medios de comunicación controlados todos por los "mullahs" conservadores. Quienes -además- utilizan sus púlpitos para denostarlo, semana a semana, implacablemente, en defensa de lo que creen es su legítimo monopolio del poder, que sienten amenazado.

Lo están acusando de "desviación religiosa", corrupción y mala administración. Y hasta del "imperdonable pecado" de haber abrazado a la madre de Hugo Chávez en el funeral del mandatario, lo que para algunos es inadmisible. Especialmente para los religiosos tradicionalistas que denuncian el abrazo airadamente porque, sostienen, todo contacto físico entre hombres y mujeres que no están unidos en matrimonio está prohibido.

El presidente iraní, sin embargo, no se ha quedado quieto. Contraataca con acusaciones similares, que apuntan al centro mismo del clan Larijani, la poderosa familia del presidente del parlamento que aspira abiertamente a reemplazar a Ahmadinejad y a su grupo en el escenario político iraní.

Se disfraza ahora de campeón de los derechos y libertades de la gente

Además, designa a aliados suyos en los altos puestos de la burocracia. De modo que sobrevivan a su segunda presidencia. Y se disfraza ahora de campeón de los derechos y libertades de la gente.

Ahmdinejad tiene ahora "discurso propio". Ofrece casi una opción política a la dictadura teocrática. Nacionalista y populista, como siempre. Enfrentado al planteo de los religiosos conservadores, a quienes apoyan los principales jefes de la Guardia Revolucionaria y los clérigos de línea dura.

El líder religioso supremo, el Ayatollah Ali Khamenei, arbitra los conflictos domésticos de modo que ninguna facción política o religiosa pueda amenazar su propio control de Irán. Quizás por esto la oposición responde con propuestas que incluyen debilitar -y hasta suprimir- el cargo de presidente del país, argumentando que el mismo es innecesario en una teocracia.

Ocurre que temen que candidatos como Mashaei pretendan de pronto desplazar con un gobierno civil a la dirigencia religiosa que se ha transformado en oligarquía real desde que, en 1979, se apoderara de todos los resortes del poder iraní, incluyendo los económicos.

Mientras tanto, una inflación que crece constantemente y que ya ha llegado (en marzo pasado) al 31,5% anual está generando el natural mal humor de la gente cuyas vidas cotidianas se complican y deterioran. Particularmente cuando, en la espiral propia de esos procesos, lo que sube más rápido son los precios de la alimentación, bebidas y cigarrillos.

Hay muchos que creen que, tras las elecciones de junio, pueden repetirse protestas similares a las de 2009

Por lo demás, todo lo que debe importarse resulta prohibitivo y las sanciones económicas occidentales -que han maniatado al Banco Central de Irán- están acelerando el progresivo deterioro de la economía en general y de las exportaciones de hidrocarburos, en particular. Quizás esto de alguna manera se refleje en algún posible adelanto en las dilatadas conversaciones sobre el peligroso programa nuclear iraní, que se reanudaron en la bonita Almaty, en Kazakhstán.

Lo cierto es que cuando la República Islámica de Irán acaba de cumplir 34 años ya hay muchos que creen que, tras las elecciones de junio, pueden repetirse protestas similares a las de 2009.

Los recientes arrestos de periodistas y líderes de la oposición reformista, así como de algunos aliados cercanos del presidente Ahmadinejad sugieren que ello podría ser así.

El impredecible Ahmadinejad sigue, no obstante, con su lenguaje duro y desafiante de siempre. Pero seguramente observa, con alguna preocupación, lo que sucede con los líderes del Movimiento Verde (reformistas), que disputaran con él la elección de 2009. Ellos acaban de cumplir dos años en arresto domiciliario. Una suerte de inquietante espejo de lo que eventualmente podría pasarle -de pronto- a él mismo, en un futuro ya no demasiado lejano..

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