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Realismo trágico (en dos minutos)

Hacer agua, escenas del naufragio político

Enfoques

Observemos con atención la primera imagen.

¿Lo reconocen? Con los hierros retorcidos humeantes de las torres de fondo, es el alcalde Rudolph Giuliani, que dice: "Mañana Nueva York va a estar aquí. Y la vamos a reconstruir y vamos a ser más fuertes de lo que fuimos. Quiero que la gente de Nueva York sea un ejemplo para el resto del país y del mundo, demostrando que el terrorismo no puede detenernos". Con estas palabras justas -el don de pulsar la cuerda emocional exacta en el momento adecuado-, Giuliani dejó de ser aquel político rígido y poco carismático, para ser nombrado "El alcalde de América" y convertirse en el hombre del año de la revista Time.

Veloz en la toma de decisiones e inteligente para reorganizar la escena catastrófica, el republicano Giuliani, cuestionado hasta entonces por utilizar el apremio ilegal en su lucha contra la delincuencia, se ganó el apelativo de héroe. Toda montaña de escombros puede gestar, en su interior, a un gran líder.

O no.

Por favor, pasemos ahora a la siguiente lámina.

¿Lo reconocen? Con los gomones de fondo, este otro alcalde republicano, Mauricio Macri, frente a otra situación de crisis extraordinaria, dice: "Fue una tragedia climática. La culpa es del Gobierno, que no autoriza los créditos". Y luego, interrogado por su viaje a Brasil, agrega: "Soy un funcionario público, necesito descansar unos días por año". Pues bien. Lula había creado el plan Hambre Cero. Macri crea otro plan: "Empatía cero". Sus palabras pueden ser acaso ciertas. Pero no amparan. No alojan. No motivan. De esta panza de escombros no nacerá nada.

Tercera imagen.

El sujeto que ven es Pablo Bruera, intendente de La Plata. ¿Qué está haciendo? Junto a su equipo de comunicación truca un tuit y una foto para simular que está asistiendo a los inundados. Pero en realidad está en Brasil. Llegaría a La Plata recién a la mañana siguiente. "Recorriendo los centros de evacuados", decía el tuit que luego borró. En otro país sería un epitafio.

Cuarta.

¿Quién es esa pícara ministra de Desarrollo Social que camina por una París inundada de fragancias? Sí, es la cuñada. ¿Tiene algo de malo? ¿No puede acaso pasear por el mundo? Claro que sí. Lo que se critica es el doble estándar: el tero nacional y popular chilla en un lado y pone los huevos de Pascua en el otro.

Y ahora sí, último slide.

Es ella. Con muchos más reflejos que Macri y Bruera, acaba de bajar del helicóptero en un barrio de La Plata. Con Berni (Sergio) cuidándole la espalda, camina por las calles de Tolosa, rodeada de vecinos damnificados. Es inédito y meritorio: va a lanzarse sin red, en vivo, prescindiendo del cuidado en la imagen de los actos oficiales, donde el escenógrafo Javier Grosman usa su grúa épica para hacer un Berni (Antonio) de cada cuadro. Pero algo falla en esta "pintura social". Estos "Juanitos Laguna" se salen de la sumisión del lienzo y hablan. Y piden. Entonces ella, como cada vez que se siente amenazada, se repliega sobre sus rasgos de personalidad y se vuelve autorreferencial: "Cuando era chica mi casa se inundó. Yo sé lo que es perder todo". Cristina repite su error: cada vez que trata de empatizar con las víctimas, termina compitiendo por el dolor.

Como el tema es muy angustiante nos despedimos con un chiste: en el medio del agua, el arquitecto Julio Miguel De Vido acusó a Macri de que la tragedia fue producto de falta de inversión en infraestructura.

En la Argentina todo es posible. Hasta que Yiya Murano te critique el té..

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