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¿Y si el "Pibe Trosko" vive en Recoleta?

Sábado 06 de abril de 2013
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LA NACION
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Imaginarse que algún día, no muy lejano, los avatares de las redes sociales competirán con las celebridades de la televisión o el cine no suena tan descabellado. La curiosidad que provocan entre sus seguidores las identidades y las opiniones de los personajes de fantasía ya comenzó a disparar preguntas básicas. Primero: ¿quién será? Segundo: ¿será igual a su personaje en la vida real? Tercero: ¿dónde vivirá? Cuarto: ¿su estilo en la red será coherente con su realidad o al contrario? En Twitter, quizás el cuadrilátero más inmediato donde se miden millones de egos verdaderos, falsos y representativos (avatares) hay varios usuarios que en un sentido clásico podrían definirse como "famosos". Estos personajes virtuales con nombres extraños logran hacer reír, meditar y hasta generan discusiones que terminan en declaraciones políticas o sociales en el ámbito de lo concreto. El día en que un editor de un medio de comunicación tradicional decida publicar como noticia la identidad y la historia detrás del "Pibe Trosko", por mencionar a uno de los avatares más hilarantes, la distancia entre lo virtual y el "mundo orgánico" habrá desaparecido. Es que no sería una decisión periodística demasiado osada, porque en verdad, "Pibe Trosko" cuenta con más de 65.500 seguidores sólo en Twitter. Y para ese universo no tan pequeño la historia detrás de esa personalidad sería muy apreciada. A la vez, la publicación, confrontaría con lo más elemental de la información que exige como mínimo que la persona mencionada exista. Y acá, precisamente, no existen: son avatares.

Cuando en una mesa de café comienzan a preguntarse, por ejemplo, quién es "Coronel Gonorrea", otro de los Mike Tyson subido al ring de Twitter a tiempo completo, quiere decir que no estamos lejos de considerar que como consumidores de sus ocurrencias tenemos derecho a conocer su identidad. ¿Qué pasaría si un día alguien revelara que el "Pibe Trosko" se llama Eduardo y que vive en un lujoso departamento del barrio de Recoleta...? ¿O que la "Dra. Alcira Pignata" (una figura racista y homofóbica de Twitter) resultara ser un respetado referente del ámbito social...? En este ecosistema conviven también los avatares falsos, con nombres de personas reales. Más allá de las controversias por el robo de identidad, lo cierto es que muchos de estos falsos ( fakes ) son más interesantes que las personas de carne y hueso. Por eso, aunque la mayoría de los usuarios reconoce al impostor, decide seguirlo (el usurpador de Jorge Lanata tiene 272.000 simpatizantes). Quién sabe, tal vez, en lugar de quejarse, los damnificados deberían empezar a agradecer el talento de sus fakes , pues en algún momento podrían ser más reconocidos que ellos.

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