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Las palabras

Los tuertos no asumidos

Opinión
  • "No les voy a dar pelota ni a recorrer el mundo aclarando nada."
    (Del presidente José Mujica sobre su agravio a los Kirchner.)

Si algo pudo haberse evitado en las trágicas inundaciones pasadas fueron las palabras desubicadas y las mentiras. Fruto de la mezquindad, o de la impunidad con que muchos creen haber sido premiados por desempeñar un cargo público, sus dichos compitieron en velocidad y daño con la crecida de las aguas.

Resonaron los casos de Luis D'Elía -"Los medios hegemónicos agrandan la situación en La Plata para proteger al niño Macri", cuando comenzaban a aparecer los primeros muertos de más de 50 en la provincia de Buenos Aires-; el tuit del intendente platense, Pablo Bruera -"Desde ayer a la noche, recorriendo los centros de evacuación", siendo que se encontraba de vacaciones en Brasil-; el dislate del funcionario bonaerense Gustavo Marangoni -"Sexo callejero en pleno Belgrano", sobre una foto que mostraba autos amontonados por la creciente-, y el ataque de Julio De Vido al gobierno porteño, sin considerar que la misma falta de gestión les cupo al sciolismo y a intendentes K.

Mientras D'Elía y Marangoni pidieron perdón, Bruera se plantó en su mentira. Adjudicó el "error" a su equipo de prensa. De Vido, en tanto, desapareció de escena más rápido que la promesa del tren bala.

A simple vista, pareciera ser más razonable la actitud de los arrepentidos. El punto es si alcanzan los pedidos de disculpas cuando la afrenta se lanza con tanta intencionalidad o si, como se interpreta en el Derecho, el pedido de perdón es el ruego del reo para que le bajen la condena.

Hace un tiempo, la senadora nacional por Tucumán y tercera en la línea sucesoria presidencial, Beatriz Rojkés, tuvo que disculparse en dos ocasiones: cuando descalificó a los padres de una nena asesinada al decir que "el Estado no puede estar a la par de una familia borracha", y cuando minimizó el caso Marita Verón al opinar que "la prostitución va a existir siempre". También debió enmendar sus dichos el dirigente macrista Miguel del Sel, cuando hizo uso burdo de su humor para insultar a la Presidenta.

Contrariamente, en las últimas horas no hubo disculpas de parte del presidente de Uruguay, José Mujica, que calificó a Cristina Kirchner de "vieja" y "terca", y a Néstor como "tuerto". ¿El no arrepentimiento público hace más grave la ofensa? ¿La vergüenza sentida por una acción deshonrosa alcanza a suavizar la estocada? Un psicólogo podrá sentenciar, en todo caso, que lo que se dice es lo que realmente se piensa..

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