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Después de la tragedia, La Plata intenta volver a la normalidad

En la zona céntrica cientos de vecinos siguen sin energía eléctrica; intentan desagotar los subsuelos que permanecen anegados; en la periferia apenas el 30% de los alumnos volvió a la escuela
María José Lucesole
Valeria Musse
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10 de abril de 2013  

LA PLATA.- A una semana de la inundación que, hasta anoche, había dejado 54 muertos, la ciudad intenta con dicifultad volver a la normalidad. Cientos de vecinos siguen sin servicio de energía eléctrica, una cantidad no precisada de edificios continúan con sus cocheras anegadas y las tareas de limpieza continúan de manera incansable y dolorosa. Para tener una idea aproximada, tal vez alcance con saber que en los primeros días se levantaron 22.500 toneladas de residuos. Esto es un 34% más que la cantidad que se genera a diario en la ciudad y sus alrededores.

Las escuelas eran, hasta ayer, otro testimonio válido de la magnitud del desastre. En las zonas más castigadas, apenas el 30% de los alumnos asistió a clases.

Luis Ángel y María Silvia aún no pueden volver a su vivienda en el barrio La Loma. Si no hubiera sido por la ayuda de los vecinos, la pareja y uno de sus hijos se podrían haber ahogado. El agua, de color marrón y olor hediondo, superó 1,80 metros dentro del inmueble. Desde hace una semana la familia trabaja para asear lo poco que se salvó. "La casa quedó inhabitable", dicen resignados. Y es apenas una de las 55.716 damnificadas, según la Municipalidad de La Plata.

Para Adela Cappanelli, de 65 años, tampoco es fácil recuperarse. Pese a que intenta salir adelante, y agradece que no tuvo que lamentar la pérdida de ningún ser querido, aún espera la ayuda. Desde su hogar, en el barrio San Carlos, todavía espera que alguien le alcance colchones y ropa de cama. "No nos quedó nada. Desde el martes estamos usando las mismas frazadas y sábanas", contó.

A su hermana Haydée también la castigó duro el temporal. El agua le arruinó todos los muebles (incluso la mesa que le permitió salvar su vida), vestimenta y utensilios. Imposible volver enseguida a vivir en el inmueble del barrio La Loma. "Estuvo en la casa de su hija y recién anteayer retornó a su casa", contó Adela.

Poco a poco los vecinos más perjudicados -unos 135.000- comenzaron a retornar a sus viviendas. Algunos se encontraron con el peor panorama: la precaria casilla ya no estaba en su lugar, como les ocurrió a algunos habitantes de Los Hornos. Para otros , el regreso significó el arduo trabajo de limpiar los rastros del paso del agua.

A una semana del peor desastre natural que haya sufrido la capital provincial, las calles todavía son una dolorosa muestra del temporal. Aún se pueden ver vehículos sobre las veredas con sus puertas abiertas a la espera, casi milagrosa, de que se sequen. Muchos vecinos y comerciantes, además, continuaban baldeando o aireando los locales.

María Torres, vecina de Plaza Paso, limpiaba los restos de barro que aún permanecían en la vereda de la torre en la que vive. "No sé con qué sacar la mugre", se sonrió.

Las 64 familias que habitan un edificio de 13 pisos, entre 43 y 44, también en Plaza Paso, siguen sin energía eléctrica. El encargado del lugar, Marcelo Herrera, contó que ante tal situación el 60% de los damnificados buscó refugio momentáneo en la casa de allegados y amigos. "Yo mismo tuve que autoevacuarme. Junto con mi mujer y una bebe de 20 meses; ya dormimos en tres casas distintas", contó

Las cocheras, dispuestas en dos subsuelos, siguen inundadas y hasta que el líquido no se retire en su totalidad la empresa Edelap no autoriza el suministro de luz. Sin embargo, y aunque ya se habían sacado 2.550.000 litros, un metro de agua permanecía en el garaje.

"Podemos hacer cursos para buzos", bromeaban Herrera y el administrador del consorcio, Martín Pérez. A su lado, una pequeña canilla goteaba y así se sumaba a la filtración que, incesante, venía desde un inmueble lindero. Pérez reclamó: "Necesitamos que se restablezca el servicio porque hay gente, sobre todo abuelos, que no pueden salir, ya que les es imposible bajar las escaleras".

Según informó Edelap a LA NACION, ayer se realizaban los últimos trabajos para restablecer el servicio en seis edificios que tienen sus instalaciones subterráneas anegadas en la zona de Plaza Paso.

"Las tareas de desagote han sido intensas, pero las napa freáticas continúan aportando agua y no permiten alcanzar las condiciones de seguridad requeridas para conectarlos nuevamente a la red", indicó la empresa, que estimaba que en las próximas horas se resolvería el problema.

Las escuelas intentaban volver a la normalidad, aunque desde anteayer las autoridades lo habían encarado de manera gradual.

La poca asistencia de los alumnos a las instituciones -30% en los colegios de Tolosa y Ringuelet y 50% en el resto de la ciudad- daban una clara muestra del impacto de las inundaciones sobre los estudiantes, docentes y sus familias.

A raíz de eso, la organización para la infancia de las Naciones Unidas (Unicef) elaboró algunas recomendaciones para sobrellevar las consecuencias del temporal, con especial énfasis sobre los niños.

Esta última semana, el paisaje de La Plata y alrededores se colmó de bolsas de basura y muebles podridos que permanecieron, durante varias horas, desparramos sobre las veredas. Hasta ayer, todavía se podían visualizar desperdicios en Tolosa, según pudo constatar LA NACION.

El Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) informó que durante la primera etapa de recolección de basura, realizada de manera conjunta entre la Nación, la provincia y el municipio de La Plata, con la participación del Ejército Argentino, el sindicato de camioneros y empresas del sector, permitió retirar en tres días y medio 22.500 toneladas de residuos.

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