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Música

Noche mágica con The Cure

Espectáculos

Por   | LA NACION

THE CURE / Músicos: Robert Smith (voz y guitarra), Simon Gallup (bajo), Roger O'Donnell (teclados), Reeves Gabrels (guitarra) y Jason Cooper (batería) / Función: anteanoche / Estadio: River Plate
Nuestra opinión: muy bueno.

Las lágrimas brotan a la velocidad de los recuerdos. Bajan rápido, se estrellan contra el piso y son elevadas rápidamente por el sonido gordo de Simon Gallup. Ese bajo hará que, durante más de tres horas, 45.000 personas vibren a escala terremoto. Ese bajo llega al corazón, y la voz y la guitarra de Robert Smith conversan sin intermediarios con las emociones.

Durante la adolescencia uno creía que la música de The Cure era la cura de todas nuestras penas. Había un tipo y una banda vestidos de negro, pintarrajeados, oscuros, que nos entendían mejor que nuestros hermanos o primos mayores. Sabían lo que nos pasaba porque hablaban de ello. Por ahí aparecían expresiones como postpunk, new romantic, dark o gótico, que tenían como fin intentar atrapar esas músicas. Con el tiempo, las categorías se truncaron, la estética y el sonido de The Cure se convirtieron en escuela y nuestra adolescencia tuvo que retirarse para siempre. Anteanoche, en River, nos dimos cuenta de que nuestros sueños y temores siguen siendo los mismos. Si ese hombre al que fuimos a ver después de 26 años o por primera vez poco ha cambiado, tampoco lo hemos hecho nosotros. Las modas han ido y venido una y otra vez; aparecieron nuevas generaciones con una estética similar, aparecieron los emos y tantos otros, y las canciones del Dr. Smith siguen ahí, curando corazones frágiles.

Toda esta historia

En el principio fueron "Plainsong", "Pictures of You" y "Lullaby". El campo y la platea lucían asombrados, como si no creyeran que la espera había terminado, que ese hombre manos de tijera que estaba cantándoles no fuera quien ellos creían. Hubo que esperar hasta el sexto lugar de una voluminosa lista de 40 canciones que recorrió toda la historia de la banda para que los nervios y las tensiones se esfumaran definitivamente y dieran paso al primer desahogo grande. Fue "Lovesong" la encargada de provocarlo. Con ella, como dice la letra de la exquisita "Charlotte Sometimes" que también escuchamos anteanoche, todas las voces se desdibujaron y mutaron en una sola voz.

Smith y los suyos se dedicaron a tocar, a crear y recrear climas, a instalar viejas y nuevas sensaciones y a proyectarnos en un viaje en el tiempo que si bien tiene una fecha de elaboración no trae impresa otra de caducidad. ¿Alguien acaso puede tildar de retro a la Novena Sinfonía de Beethoven? No. Tampoco debería hacerlo con las canciones de The Cure, que sobrevivieron a la banda misma y que en la noche del viernes demuestran, en directo, una vigencia digna de una obra clásica.

Sentida y sin sobresaltos, la voz de Smith luce en muy buen estado. Sus dos acompañantes con más horas de vuelo a su lado, Gallup y O'Donnell (bajo y teclados), se expresan como solistas notables. A Gallup lo acompaña en la base un baterista que "sólo" lleva 18 años en la banda, el sobrio Jason Cooper. El restante es el veterano Reeves Gabrels, violero notable y antiguo colaborador de Bowie, que cumple al detalle el rol de secundar a las seis cuerdas de RS.

Las primeras dos horas transcurrieron sin pausas y con performances notables en "In Between Days", "A Forest", "The Walk", "Mint Car" y "Friday I'm In Love". De ahí en más se sucederían dos pausas breves y, tras ellas, la sensación de que en escena había una banda fresca, lista para empezar con el concierto. Así es como las últimas diez canciones fueron el premio a la constancia. Pero no al hecho de haber soportado el frío, el cansancio, el hambre, sino a la espera mayor, esa eterna que transcurrió entre el debut porteño, en Ferro, en el 87, y la noche del viernes. El premio fue "The Lovecats", "Close To Me", "Why Can't I Be You"? "Boys Don't Cry", "10:15 Saturday Night", "Killing An Arab"; el premio fue una banda de rock luciendo sus mejores trajes, sin dejar en evidencia las hilachas del tiempo, sin gestos demagógicos y con canciones tan imperecederas como los sueños de esos adolescentes de ayer..

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