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Lázaro, levántate y responde

Opinión

La autoincriminación de Leo Fariña sobre cómo armaba sociedades para que Lázaro Báez sacara dinero negro fuera de la Argentina es el último dato de lo que parece una película sobre la mafia. Sin embargo, no es ficción. Se trata del eslabón más fino de una enorme y compleja cadena de hechos que demuestra el verdadero vínculo entre el ex cajero de Báez, el fallecido ex presidente Néstor Kirchner y su esposa, la presidenta Cristina Fernández, haya Ella estado o no al tanto de los detalles.

En El Dueño expliqué cómo empezó todo. Báez se hizo incondicional de Kirchner en 1990, cuando el primero era cajero del Banco de Santa Cruz y el segundo, intendente de Río Gallegos. El ex cadete tenía 34 años y Néstor, 40. En el primer encuentro, Báez le suministró información confidencial que valía oro: la lista de los principales deudores de la entidad bancaria. Figuraba la crema de la crema de Río Gallegos y el resto de la provincia. Grandes, medianos y pequeños empresarios. Altos funcionarios públicos y adversarios políticos conocidos. Parientes, amigos y enemigos. Fue la primera gran caja que manejó el ex presidente. Me lo explicó Javier Bielle, diputado provincial por la Unión Cívica Radical entre 1995 y 1999, el hombre que los denunció debido a manejos irregulares en el Banco de Santa Cruz: "Así como Kirchner, desde la financiera Finsud, se valió de una lista de morosos para comprarles sus viviendas a precio de remate, desde el Banco de Santa Cruz controló a empresarios, comerciantes y políticos incluidos en la lista de deudores". La movida del gobernador y Báez fue muy redituable para ellos, pero muy perjudicial para la provincia. Cuando Kirchner decidió privatizarlo para "sanearlo", Báez y sus amigos ya habían repartido entre 150 y 200 millones de dólares que jamás pudieron ser recuperados. Los jueces amigos lo declararon libre de culpa y cargo.

El día en que Víctor Hugo Morales intentó desacreditar la investigación de El Dueño le pregunté si lo había leído y si sabía cómo empezaba el capítulo uno. No me respondió. Comienza con una seria denuncia del ex vicegobernador de Santa Cruz Eduardo Arnold. Él compartía un departamento en Buenos Aires con un empresario naviero. Un día entró a la propiedad cuando vio a su amigo en calzoncillos y llorando. Temió que intentara suicidarse. Le preguntó qué le pasaba. "Estoy quebrado y voy a ir preso", le confesó. Le contó que le había ido a pedir un crédito a Kirchner y que éste lo mandó a hablar con Báez. Que Báez le respondió que no, pero cuando terminó la reunión y volvió al hotel Costa Río, en Río Gallegos, se le apersonó un militante del FPV para informarle que el crédito estaba, con una condición: el pago de una comisión del 20%. El empresario naviero reconoció ante Arnold que había aceptado el trato, pero que igual tenía dos graves problemas. Uno: había cometido la "imprudencia" de abonar la gestión con cheques de su cuenta personal y la entonces Dirección General Impositiva le estaba pidiendo explicaciones. El otro: al mismo tiempo, Kirchner y Báez le habían "cortado el chorro" y de un día para el otro las cuotas del crédito habían dejado de fluir. Cuando Arnold se reunió con Kirchner y le preguntó por qué hacía semejante cosa, el gobernador le respondió: "Si es así como vos decís, vamos a la Justicia". Y Chiquito Arnold replicó: "No me jodas... si en esta provincia la Justicia no existe". Entrevisté a Arnold con un grabador y una libreta. Le pregunté si estaba dispuesto a repetir lo que me dijo ante un fiscal y un juez. Me dijo que sí, pero todavía nadie lo llamó.

Igual, hay una verdad sencilla que podría ayudar a los investigadores a confirmar el vínculo entre Báez y la familia Kirchner. Es la coincidencia temporal entre los negocios del empresario y la asunción de Néstor y de Cristina como presidentes de la Nación. Austral Construcciones, la empresa madre de todo el grupo Báez, se fundó el 16 de mayo de 2003, nueve días antes de la asunción de Kirchner. Desde ese momento hasta ahora, se le adjudicaron obras por mucho más de 5000 millones de pesos. A fines de 2005, Báez debutó en un negocio en el que jamás había incursionado: se hizo dueño de la petrolera Misahar. El 23 de octubre de 2007, tres días antes de la primera victoria electoral de la Presidenta, sumó dos nuevas empresas dedicadas a la agricultura y la ganadería. Tampoco en ese rubro tenía experiencia previa. Cinco días después, el 29 de octubre, el ex cajero celebró el triunfo de Cristina con la inscripción de dos nuevas compañías: una se llama Austral Atlántica y la otra, Austral Desarrollos Inmobiliarios. En una de ellas fue socio de Kirchner, según la propia declaración jurada del ex presidente. Una de las últimas informaciones privilegiadas con las que contó Báez fue la certeza de que la Presidenta impulsaría la construcción de dos enormes represas hidroeléctricas en El Calafate, provincia de Santa Cruz. Las represas tenían nombre y fecha original de inicio. Se iban a llamar Condor-Cliff y La Barrancosa. Se deberían haber empezado a construir a principios de 2009. Aunque ya les cambiaron el nombre por el de Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, las obras todavía no se iniciaron. El lugar donde debían ser levantadas estaba predeterminado. Es el mismo que eligió el inefable Báez para comprar 182.000 hectáreas, divididas en diez estancias, a la vera del río Santa Cruz.

Mariana Zuvic, titular del ARI en Santa Cruz, hizo, hace tiempo, algo muy audaz. Recorrió los 315 kilómetros que separan Río Gallegos de El Calafate y se acercó a una de las estancias, La Julia, porque un arquitecto le había dado información inquietante. Le dijo que Báez había construido bóvedas y nichos de cemento para empotrar cajas fuertes donde poder guardar dinero en efectivo. Me lo contó cuando buscaba información para el libro Él y Ella , que fue publicado en julio de 2011. Él y Ella debía tener 16 capítulos. Pero hubo uno, que escribí y no publiqué, cuyo título es "¿Dónde está la plata?". Allí se cuenta, con lujo de detalles, el viaje de Zuvic para comprobar la existencia de esa rareza arquitectónica. Zuvic también tomó fotos. Con ese material, entre otros documentos, la dirigente -me anticipo- irá a la Justicia en las próximas horas para ampliar su denuncia. No publiqué aquel capítulo por sugerencia de mis editores. Me explicaron: "Parece un cuento de García Márquez, aun cuando sea verdad". La gran novela de no ficción se completa con otro dato difícil de creer. Zuvic es hija de Miguel Zuvic, un ex empresario que se agarró a trompadas con Kirchner en marzo de 1995, cuando comenzaba su segundo mandato como gobernador. Zuvic fue el hombre que ideó el proyecto de una zona franca para Santa Cruz. Días después de la brutal pelea con Kirchner quedó completamente sordo, como consecuencia de un derrame producido por el estrés. Fui a ver a Zuvic a Tandil porque toda la historia, la de las bóvedas y la de su sordera, me parecía más una fantasía que un hecho. Lo encontré con su mujer, en su cuchillería. Está sordo y habla con dificultad. Zuvic me contó otra anécdota que parece increíble, pero que también es real. Después de la pelea, se tuvo que ir de la provincia. A pesar de todo, Kirchner quiso compensarlo, porque el remordimiento lo atormentaba. Entonces un día lo recibió y sacó de su bolsillo decenas de billetes arrugados y mezclados con cheques y pagarés y se los puso en la mano. "Sumaban como 15.000 dólares. Con esa plata intenté empezar de nuevo", confesó Zuvic. A Báez, el socio de Kirchner, el hombre que nunca le dijo que no, le fue mucho mejor. Es hora de que se levante y responda ante la Justicia sobre cómo maneja el dinero.

© LA NACION.

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