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El escritor que podía adivinar el futuro

Opinión

Hay algo levemente incordioso en las entrevistas donde los escritores de ficción se desvían del terreno donde uno supone se sienten más seguros (las declaraciones acerca de sus libros, su método de trabajo, la literatura en general o en particular) y se arriesgan a declamar sobre el destino de la humanidad, como si estuvieran más preparados para ello que un estadista, un filósofo o un científico. Salvo algunas excepciones, el resultado suele ser desastroso. Pero cada tanto aparece una de esas inteligencias extrañas, oblicuas, poco frecuentes, que nos hacen olvidar los papelones anteriores. Es lo que sucede con el libro de entrevistas con James Graham Ballard (1930-2009) que acaba de ser publicado con el título Para una autopsia de la vida cotidiana (conversaciones).

A Ballard, como a Stephen King, le sucedió que algunos de sus libros fueron adaptados al cine con gran repercusión. En el caso de King, un escritor talentoso y tan prolífico como desparejo, el éxito de películas como Carrie, El resplandor o Misery le dio masividad aunque no la anuencia de la crítica literaria. Con Ballard, hasta 1984 un escritor de ciencia ficción de culto (es decir, una especie de escritor de culto al cuadrado), las versiones de sus libros El imperio del sol y Crash, dirigidas por Steven Spielberg y David Cronenberg, lo dotaron de una inmensa masa de lectores, y de la unción de estudiosos, académicos y críticos, aunque en la actualidad su obra ( La exhibición de atrocidades, La bondad de las mujeres ) parece haber vuelto a desplazarse al margen de sus orígenes, para ser consumida nuevamente por una porción mínima de interesados.

El escritor despliega su inteligencia e imaginación para hablar de cómo fueron pensados y concebidos sus libros

Eso no impidió que durante años, como explica Pablo Capanna en el prólogo de Para una autopsia de la vida cotidiana , Ballard haya concedido cientos de entrevistas a todo aquel que las solicitara, un poco a la manera de Borges. Este libro recoge cuatro conversaciones: una de 1982 y otra de 1983 (las dos antes de que el apellido Ballard fuera conocido por el gran público) y otras dos de 1990 y 1991, luego de que el cine multiplicara de manera exponencial la tirada de sus libros. En todas, el escritor despliega su inteligencia e imaginación para hablar de cómo fueron pensados y concebidos sus libros, y en el camino, acicateado por las preguntas de sus interlocutores, analiza de una manera sorprendente la sociedad europea y estadounidense de la época, adelantándose en años y hasta en décadas a fenómenos contemporáneos como Internet, la gentrificación y los reality shows, entre muchos otros.

En 1984, su curiosidad le lleva a decir, por ejemplo: "Lo que espero de la revolución informática y de la televisión es que nos conduzcan a un canal de información científica, que solo tengamos que pulsar un botón para... Quisiera un rendimiento mucho más alto de la información que puedo adquirir por mi propia cuenta. ¡Quisiera estar informado acerca de cada cosa! De las nuevas pinturas que está utilizando la General Motors para su gama Pontiac. Necesito conocer cada detalle, tener información precisa sobre todas las cosas. Quiero saber lo que desayuna Charles Manson, absolutamente todo. No es fácil tener acceso a toda esta información, este es el principal problema". En la misma entrevista, al advertir los cambios en las urbanizaciones de Londres, declara: "Recuerdo zonas de Londres como Mayfair, Bloomsbury o el Soho mismo, muy heterogéneas, demográficamente y en términos de renta. Uno podía encontrarse con hipermercados muy caros junto a una hilera de casas adosadas de la época victoriana, donde podías alquilar algo por un módico precio. Todo esto ha cambiado. Ahora, las únicas personas que viven ahí son millonarios o jeques árabes en áticos de lujo. Y cuando esto empieza a pasar, es la muerte...". En el verano de 1983, el formato VHS había llegado a Europa y estaba haciendo furor. Ballard no tiene videocasetera todavía, pero opina: "Creo que la gente terminará aburriéndose de alquilar películas (el mercado ya se está agotando), y entenderá que debe hacer sus propios videos. La transformación de la casa en un pequeño estudio de televisión es algo que ya ha empezado a ocurrir. La gente ha empezado a pensar su hábitat de una manera muy distinta. Comenzará toda una nueva era de exploraciones: incluso las actividades más rutinarias, como afeitarse o hacer unos huevos revueltos, podrán verse por televisión".

A pesar de lo que pueda parecer, este no es un libro de predicciones (ni podría serlo: nada más viejo que los horóscopos de la semana pasada)

A pesar de lo que pueda parecer, este no es un libro de predicciones (ni podría serlo: nada más viejo que los horóscopos de la semana pasada), pero lo cierto es que su lectura puede funcionar perfectamente en dos niveles. Para los lectores de Ballard, las entrevistas acercan las maneras en que se prepara para escribir, en que aborda su proceso creativo, el germen de algunas de sus historias, su pasión por el surrealismo e incluso declaraciones bastante filosas sobre algunos colegas. Para los curiosos, apenas iniciados en su obra, se ajusta perfecto el título del volumen: son páginas que pueden leerse con un placer morboso, disfrutando y sorprendiéndose por la manera en que la imaginación de Ballard se adelanta a lo que sucederá muchos años después, y viendo cómo él utiliza finalmente esas ocurrencias, a diferencia de lo que haría el enemigo (el poder político, las corporaciones mediáticas, las empresas de marketing y publicidad), para imaginar mundos alternativos y dejar, tras de sí, algunos libros únicos..

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